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Soy Reportero
  • Por una cultura feminista en América Latina
Fecha de publicación 11 noviembre 2015 - 08:54 PM
Los altos índices de femicidio y los fuertes resabios de la cultura machista representan una de las principales problemáticas vigentes.

“Hay criminales que proclaman tan campantes ‘la maté porque era mía’, así no más, como si fuera cosa de sentido común y justo de toda justicia y derecho de propiedad privada, que hace al hombre dueño de la mujer. Pero ninguno, ninguno, ni el más macho de los supermachos tiene la valentía de confesar ‘la maté por miedo’, porque al fin y al cabo el miedo de la mujer a la violencia del hombre es el espejo del miedo del hombre a la mujer sin miedo.”

                                                                                                                                                                                Eduardo Galeano

Mucho se ha avanzado en materia de inclusión durante la última década y media en América Latina. Respetando sus particularidades locales, distintos gobiernos progresistas generaron una transformación profunda que logró reducir ampliamente los índices de desigualdad, desnutrición, pobreza extrema y desempleo.

Las mejoras en el ámbito económico vinieron complementadas también con activas políticas sociales, un aumento considerable del presupuesto destinado a la educación, el fortalecimiento de la salud pública, importantes conquistas en materia de derechos civiles y el surgimiento de nuevos canales de integración regional (nacimiento tanto de la Unasur -2008- como de la Celac -2011-, y ampliación del Mercosur –incorporándose Venezuela y Bolivia-).

Sin embargo, son muchos los desafíos que quedan por delante en la agenda de la equidad. Los altos índices de femicidio y los fuertes resabios de la cultura machista representan una de las principales problemáticas vigentes.

El caso puntual de la Argentina constituye uno de los ejemplos más claros respecto a la gravedad que plantea dicha circunstancia: en los últimos siete años se registraron 1808 casos de niñas y mujeres asesinadas, de los cuales 277 transcurrieron durante el pasado 2014.  

La escalofriante cifra surge de un estudio denominado “Informe de investigación de femicidios en Argentina”, realizado por el Observatorio Adriana Marisel Zambrano.  Los números presentados por la mencionada entidad, que está dirigida por la Asociación Civil La Casa del Encuentro, coinciden con las denuncias y cuestionamientos planteados por múltiples organizaciones de Derechos Humanos.  Si bien es frívolo presentar la referida tragedia en base a la divulgación de estadísticas, es necesario para entender la profundidad de su seriedad.

Ante esta realidad tan cruda, el 3 de junio del presente año se llevó a cabo una histórica jornada denominada “marcha del ni una menos”; en la cual más de 500.000 personas se movilizaron en las principales localidades del país para reclamar por los derechos de la mujer. Gesto que destaca un significativo proceso de concientización colectiva.

Pero resultaría un grave error limitar el repudio únicamente al extremo que implica una muerte, o  conmocionarse recién cuando aparece un hecho de agresión física; puesto que ello encarna la expresión máxima de una larga cadena de violencia que sufre la población femenina.

¿No es hipócrita una sociedad que aplaude y se solidariza con manifestaciones de repudio al machismo, si naturaliza episodios de vulnerabilidad permanente hacia las mujeres y convive diariamente con ellos?

Cuando ciertos medios de comunicación ubican a la mujer como un objeto, se repiten sucesos de acoso en la calle, con pretextos “moralistas” se les niega la potestad de decidir sobre su propio cuerpo, una empresa determina el salario según el género del empleado o instituciones profesionales discriminan de acuerdo al sexo del personal –limitando el rol femenino  a un lugar secundario-; todo ello forma parte de la larga cadena de situaciones que constituye la violencia de género, y sin su habitualidad difícilmente existirían los altos índices de femicidios reflejados más atrás.

Como bien afirma Eduardo Galeano, es necesario romper con el estereotipo del “sexo débil”, secundario respecto al “fuerte” y “dominante”  

Argentina es pionera en impulsar reformas que endurezcan penas (tipificación del femicidio en el 2012), como en establecer mecanismos gubernamentales de contención y prevención (existe la línea telefónica 144 para hacer denuncias anónimas y que opera las 24 horas del día). Decisiones políticas fundamentales, que demuestra la existencia de un gobierno decidido a no mirar para otro lado; como también la incansable lucha de las asociaciones y movimientos de mujeres.

Complementariamente, la tarea de fondo pasa por desarticular la cultura del patriarcado. Es indispensable educar a las próximas generaciones en valores de respeto e inclusión, que el colegio sea un pilar que fomente la solidaridad y la comunión social.

Por su parte, la prensa tiene mucho para aportar dada su capacidad de marcar agenda y visibilizar luchas; desarrollar un periodismo que adopte cada vez con mayor fuerza la causa de la igualdad de género  es uno de los grandes desafíos de los nuevos comunicadores.

No alcanza con bajar los índices de violencia directa, es necesario asegurar una sociedad donde nadie tenga la impunidad de sentirse por encima de otro.



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