Zelaya llama a la unidad de Partido Libre

Honduras sufre el infortunio de ser considerado como un país “pequeño”; si existen desequilibrios en la forma en que se ve una nación desde fuera, este caso es bastante ejemplar. Sus hermanos lo han visto como el lamentable portaaviones del imperio, mientras este se ocupa de sojuzgarlo, dedicando muchos recursos a mantener las cosas donde necesita que estén. Muy parecido a Puerto Rico, el caso hondureño se agrava por su carácter no oficial de colonia, aunque muchos aquí pidieron a gritos esa vergüenza.

El Gobierno del expresidente de Honduras, Manuela Zelaya sufrió un golpe de Estado en 2009.

La historia no es una cuestión discontinua; eso lo saben los pensadores del imperio que se han pasado seis años tratando de proyectar una imagen de “normalidad democrática” en Honduras, tarea hasta ahora imposible, a pesar de que la mentira se ha convertido en norma para el gobierno y para los medios de comunicación. Este país es consumido por una violencia estructural de incalculables proporciones, que sigue un papel orgánico consustancial al modelo neoliberal, y busca crear un marco de “pobreza natural” que no se cuenta en las estadísticas.

Irónicamente, Juan Orlando Hernandez ha construido una maquinaria clientelar con fondos robados de las arcas estatales que sirven, en parte, para dar limosna a aquellas mayorías a las que les han arrebatado la dignidad del trabajo. Es difícil precisar si Hernandez o sus colaboradores entienden la naturaleza sistémica de lo que hacen, pero hoy estigmatizan a los pobres que ellos han creado, al tiempo que los masacran en una auténtica limpieza de clase.

Se ha quitado el carácter social al trabajo, para convertirlo en una “carnicería” individual, en nombre de la libertad y el tristemente celebre mercado. El problema no es la generación de riqueza, sino la desposesión continua que adquiere todas las formas posibles, legales o ilegales, donde el crimen organizado ha permeado la maquinaria estatal, la empresa privada, y todos los sectores que controlan un país que prácticamente ha dejado de existir como tal.

En este marco, Manuel Zelaya Rosales, presidente derrocado por la fuerza de las armas en junio de 2009, ha liderado una lucha política compleja, y muchas veces manipulada por la misma derecha, que trata de socavar el planteamiento alternativo de Libertad Colectiva y Refundación de la Patria, planteados por el Partido LIBRE. Cuatro años después de su fundación, este partido, ganador de las elecciones de 2013, y sometido a un colosal fraude, debe enfrentar el reto mayor de librar una batalla en la que deberá derrotar a la feroz y cavernaria derecha local y a los estereotipos que por años se han construido sobre Honduras.

El proyecto continuista planteado por Juan Orlando Hernandez, no solo cuenta con la plena aprobación y respaldo de los famosos gringos del comando sur, que gobiernan el país, sino que se sustenta en una enorme red de rumores, mentiras, manipulación y fraudes que tienen como objetivo fundamental debilitar al máximo a la única organización que puede quitarlos del poder estatal (o del gobierno para quienes gustan de la precisión en el lenguaje).

A esta altura, la maquinaria de un fraude electoral ya está montada, y se basa en un impacto desmoralizante en las elecciones primarias de marzo de 2017. La idea es crear en el imaginario de los hondureños la sensación de fortaleza del Partido Nacional, y la presunta incapacidad del Partido LIBRE de superarse a sí mismo. Para ello cuentan con un proceso interno desgarrador dentro de esta organización política que genere división tal, que el desencanto haga que los votantes se alejen de las urnas en esas primarias.

Hasta las actas están listas para mostrar un abultado resultado que en sumatoria mostraría al Partido de Juan Orlando Hernandez doblando o quizá triplicando la cantidad de votos de LIBRE. Los otros partidos (exceptuando al partido Liberal, hoy apéndice del Partido Nacional) no participaran en elecciones primarias, y la ley no los obliga a cometer semejante suicidio. La ecuación es sencilla, el Partido Nacional desalentara a una oposición aterrada y con complejo de enanismo.

Debe notarse que en la disputa interna del Partido LIBRE, se han infiltrado muchos elementos de la derecha que cumplen, velada o descaradamente, un papel concreto de división, que evita con todas sus fuerzas el trabajo orgánico de la institución como tal. Para nadie es un secreto el camino que tomaron muchos individuos, incluso en el Congreso Nacional, donde se vendieron sin ambages y cumplieron con un destino que todos podíamos anticipar.

En una reunión en San Pedro Sula, el día de ayer, Manuel Zelaya llamo a la Unidad del Partido y a evitar el proceso primario. Esta propuesta nos entrega la opción de construcción orgánica, a la vez que nos permite tener opciones reales de derrotar al partido de gobierno (con todo y fraude), evitando el golpe psicológico que tienen planeado con mucha antelación.

Además debe entenderse que las corrientes existentes en LIBRE no representan tendencias, y normalmente reflejan aspiraciones personales y oportunistas que muchas veces se desvían de los conceptos plasmados en el ideario fundacional que ha dado vida a este partido, que es alternativa por su carácter anti sistémico e integracionista. Por otro lado, la vida orgánica de LIBRE ha de dar chance también a una reorganización y fortalecimiento de los movimientos sociales, golpeados brutalmente por el régimen posgolpista.

El llamamiento de Zelaya nos desvía del camino hacia la trampa bipartdista, y cuenta con un amplio respaldo de las bases, que es el  punto donde se encuentra la mayor fortaleza de un partido cuya dirigencia se inmovilizo desde el principio, y se ha convertido en un gran obstáculo para la marcha refundacional. 

Es claro que la nueva dinámica nos permitirá pasar al ámbito del compañerismo, la lealtad, la lucha compartida, que reemplazaran a la desconfianza, la envidia y otras motivaciones sembradas por enemigos de la transformación de este país hacia una libertad verdadera; hacia una sociedad que piense sus problemas en colectivo, que participe en la toma de decisiones y que dirija el país hacia el proyecto integracionista de Morazán y de Bolívar.

Ahora es cuando nos enfilamos a derrotar la infamia de un golpe de estado que nunca fue resuelto; y cuyos vestigios permanecen en control del país, condenándolo a la incertidumbre, la miseria, el shock permanente y el terror. Terminar con el continuismo de Juan Orlando Hernandez constituye el reto más grande de nuestro pueblo en más de un siglo, y consiste en completar tareas pendientes desde la época de Morazán, de Froilán Turcios, de Visitación Padilla, y ahora Berta Cáceres, salvajemente sacrificada por el sistema este que debe terminar.

Los países latinoamericanos y del caribe, deben estar atentos a esta parte del mundo; una lucha decisiva esta por librarse.


teleSUR no se hace responsable de las opiniones emitadas en esta sección


Perfil del Bloguero
Licenciado en Matemática e Investigador Social. Escritor y Analista autodidacta. Colaborador de teleSUR y otros medios digitales. Censurado en su país, Honduras (por medios y por lectores). Actual Secretario de Relaciones Internacionales del Partido Libertad y Refundación, LIBRE.
Más artículos de este bloguero

Comentarios
0
Comentarios
Nota sin comentarios.