Venezuela: la película está clara

En la patria de Bolívar, como a todos nos consta, se están poniendo en práctica, para derrocar al gobierno del presidente Nicolás Maduro, los mismos recursos que se utilizaron en Chile entre 1970 y 1973 para derrocar al presidente Salvador Allende. 

Venezuela: la película está clara

Estos célebres recursos son, entre muchos otros, la guerra económica (desabasto de bienes básicos por acaparamiento y ocultamiento); propaganda negra (calumnias, desinformación, rumores malévolos, descalificación del gobernante); asesinatos selectivos de dirigentes, lo mismo civiles que militares (como fue el caso en Chile del asesinato del general René Schneider, comandante del ejército, en octubre de 1970); paros patronales, especulación con divisas, cacerolismo y protestas callejeras clasemedieras y fascistoides, que en Venezuela reciben el nombre de guarimbas.

La aplicación en Chile de estos recursos de la guerra sucia, programada y financiada por Estados Unidos, pavimentó el camino para el golpe militar del  11 de septiembre de 1973 que dio paso a la feroz dictadura de Augusto Pinochet, sangriento régimen que se prolongó hasta 1990.

Digamos que se repite ahora en Venezuela lo que se practicó en Chile hace casi medio siglo. Una calca perfecta. Incluso en cuanto a la sincronía entre los esfuerzos de desestabilización y el golpe de Estado. Recuérdese que, luego de una etapa de guerra sucia y propaganda negra, el asesinato del general Schneider se produjo por la negativa de éste a encabezar un golpe castrense contra Allende. Es decir: primero desestabilización y luego el golpe. Y ante el fracaso de éste en 1970, se pasó otra vez a la desestabilización con el fin de lograr un clima social que posibilitara el éxito de un nuevo golpe.

Con las naturales diferencias de tiempo y circunstancias, lo mismo pasa en Venezuela. Al fracasar en 2002 el golpe de Estado contra el presidente Hugo Chávez, luego de un periodo de guerra económica y propaganda negra más o menos infructuoso (como el paro petrolero), se procedió a poner en práctica una segunda fase de desestabilización, con la finalidad obvia de crear las condiciones para un futuro nuevo golpe de Estado o, si fuere necesario, para una invasión militar directa por cuenta de EU o de Colombia.

En Chile el proceso desestabilización-golpe de Estado duró tres años. En Venezuela ya lleva más de un decenio y medio, desde la asunción presidencial de Chávez en 1999 hasta la fecha. Pero si hasta ahora el golpe no se ha producido, no cabe duda que ese recurso sigue en la agenda del imperialismo y de la derecha criolla.

Con ese propósito, la oligarquía venezolana, dirigida por Washington y Madrid, está dando los primeros pasos para lograr la realización de un referendo revocatorio del mandato de Maduro. No es que la derecha y el imperialismo tengan la menor vocación democrática; ni que crean que, de lograr el referendo, pudieran ganarlo. Es más bien un recurso adicional en el proceso de desestabilización contra Maduro.

La película está clara: si la derecha gana el referendo, habrá tenido éxito el proceso de desestabilización o golpe suave. Ya veremos qué dice el pueblo venezolano. Pero si lo pierde, cosa posible, pues la moneda está en el aire, la derecha alegará fraude, organizará nuevas guarimbas pretendiendo que el gobierno responda con represión, lo que constituiría el pretexto ideal para la anhelada invasión militar estadounidense.

La película está clara: de la desestabilización al golpe suave o a la invasión extranjera. Lo que no está claro es el futuro de la aguda lucha de clases en curso en la patria de Bolívar.
 


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Perfil del Bloguero
Economista y profesor de Economía Política. Fundador y director del Centro de Estudios de Economía y Política. Es columnista del diario El Sol de México, del catorcenario Siminforma, del diario Rumbo de México, entre otros medios. Analista político en distintos programas de radio.
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