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1 diciembre 2014
Rusia y América Latina: protagonistas multipolares

En los últimos lustros se ha fortalecido la relación entre Rusia, el coloso euroasiático, y América Latina, el pujante subcontinente. Histórica y geográficamente alejados, ambos polos coinciden hoy en sus objetivos estratégicos al refirmar que sus recursos naturales deben ser motor de desarrollo y no, capital trasnacional. Hoy que Nuestra América avanza hacia su integración y que Rusia retorna a la arena mundial como actor de primer orden, parece mas viable mundo multipolar.

Rusia y América Latina: protagonistas multipolares

Hace unos meses que el canciller ruso Serguei Lavrov afirmó que América Latina es una región en desarrollo, con excelentes perspectivas para ser un pilar del nuevo orden mundial. El artífice de la diplomacia del siglo XXI del presidente Vladimir Putin también considera que la Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe (Celac) es una expresión palpable de la multipolaridad, contraria a la unipolaridad que Washington pretende imponer.

Para reiterar esa consideración, el embajador de la Federación de Rusia en México, Eduard Rubénovich Malayán nos expresa que ya acabó el tiempo en que los Estados Unidos decían que eran los únicos líderes y el único polo de poder. Y subraya, que sin la participación de Rusia no se resolverá ningún asunto mundial relevante.

Es por ello, asegura Malayán, que Rusia intercambia opiniones con sus socios estadunidenses sobre qué hacer con Siria, con el Estado Islámico, con Irán, Afganistán, el terrorismo y otros asuntos importantes. Sin Rusia, ningún problema mundial global se resolverá “soy optimista, pues Rusia ha sido, es y será” insiste el diplomático ruso.

La creciente relación de respeto y cooperación entre Rusia y América Latina, enriquece los intereses geopolíticos latinoamericanos y rusos, al tiempo que desmantela la hegemonía estadunidense en su zona de influencia histórica. Así lo confirma el editor jefe de la revista y sitio digital Geopolítika.ru, Leónid Savin, cuando recuerda que la relación de Washington con esta región se centró en la seguridad, de ahí que su prioridad fuera la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico a partir del Plan Colombia y el Plan Mérida (en México y Centroamérica).

Tras el fracaso de esa estrategia, que ha dejado un balance de incontables muertes y más inseguridad, con el propósito de mantener su hegemonía regional, hoy Estados Unidos apuesta a la Alianza del Pacífico, que como Caballo de Troya, intenta socavar el intercambio comercial independiente que promueven la UNASUR, el Mercosur y la propia Celac.

No obstante, con gran visión de futuro Brasil, Argentina, Cuba, Ecuador, Bolivia, Chile, Venezuela, Uruguay y Nicaragua responden con una política externa de plena independencia y visión estratégica. Así, condenan las ofensivas militares estadunidenses como el bombardeo de la OTAN a la exYugoslavia, las repetidas agresiones a Irak y su injerencia desestabilizadora en Medio Oriente y el este europeo.

Esa diplomacia coincide cada vez más con la creciente posición internacional de Rusia, que desde que Vladimir Vladimírovhich Putin asumió la presidencia de su país, incluyó a esta región como prioridad en su agenda global. Hoy, prácticamente no existe rubro económico, financiero, académico o científico-tecnológico en Nuestra América, donde que no existan acuerdos de cooperación y proyectos con la Federación Rusa en: energía, defensa, aeroespacial, agroindustria, infraestructura, transporte, comunicaciones o maquinaria pesada.

Particularmente, el país eslavo ha establecido alianzas de primer nivel y de largo plazo con Brasil, el gigante sudamericano con el que comparte logros en el grupo BRICS (acrónimo de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). En ese contexto, la creciente participación de empresas rusas en la región son vistas con recelo y rechazo por las corporaciones trasnacionales con sede en Estados Unidos y Europa.

Ese acercamiento apunta directamente hacia un mundo multipolar que disgusta a Washington y Bruselas, empeñados en conservar su dominio global. Los gobiernos y corporaciones trasnacionales objetan esas alianzas, las ven como instrumentos del Kremlin para presionar a Estados Unidos cuya presencia en su “patrio trasero” se ha debilitado.

Por ello juegan en dos frentes: el político - que obstaculiza la diplomacia de Moscú en América Latina - y el mediático - que difunde información sesgada para exhibir a Rusia como un país con oscuras intenciones-. A pesar de esas campañas, los gobiernos de Nuestra América insisten en rescatar los principios de soberanía e independencia a través de su proyecto integrador y multipolar.

Y como nos expresó el embajador ruso en México, Eduard Rubénovich Malayán, es tiempo de decir: ¡Ya Basta. Nos respetan y los respetamos, tenemos nuestros intereses y Occidente tiene los suyos! Del mismo modo decimos que sin los pueblos de Nuestra América no prosperará el nuevo orden mundial que reclama justicia, equidad y bienestar para todos.


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Perfil del Bloguero
Internacionalista con investigaciones en: Política Exterior, Seguridad Nacional, Inteligencia, Energía y Militarización. Articulista en diarios y revistas. Colaboradora en programas de radio y televisión.

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