Profundizar la Revolución Bolivariana, tarea de todos

Soy hondureño, vivo en Honduras, país sumido en un profundo caos desde el Golpe de Estado Militar de junio de 2009; dirigido por el Comando Sur de los Estados Unidos, y con medios de comunicación absolutamente controlados por la contrarrevolución continental. Hace tres días, en un programa matutino local de “debates”, siguiendo la línea de diario El País de España, el presentador inició hablando de la crisis terminal que vive la izquierda chavista. Para ilustrar su punto, para mi sorpresa, utiliza un artículo del sitio aporrea (el cual visito asiduamente), de un autor que se proclama de entrada “marxista y profundamente chavista”.

Maduro expresó que este año 2015 fue escenario de una guerra no convencional contra Venezuela.

Parece que entramos en el momento de las crisis partidistas burguesas, en las que una derrota electoral desemboca necesariamente en el “corte de cabezas”, con grupos de intelectuales inorgánicos exigiendo a gritos se haga lo que ellos dicen, sin considerar que un proceso para que sea eso, proceso, requiere de gran trabajo en la dirección de la colectividad, incluso cuando se hace necesaria la autocrítica.

Esto lleva a pensar que, por estos días, muchos desean, y de hecho lo hacen, desmarcarse de la derrota, y para ello exacerban los ataques contra el gobierno, olvidando por completo la autocrítica seria, honesta y veraz de las acciones propias. Si hubo una derrota electoral el domingo anterior, se deben ver con objetividad todos los actores, y su importancia en el acontecer político, esto es, no su aspecto meramente individual (si este o aquel son tontos o malos, etcétera), ver qué clase de frenos ha tenido la revolución para llegar hasta el seis de diciembre. Se trata de encontrar respuestas para avanzar, para profundizar la revolución.

Hasta ahora, las críticas más bien parecen venir de gente dispuesta a despotricar contra lo “que venía advirtiendo” desde posiciones muy personales, pero no desde los problemas que se producen por responsabilidad de todos. De poco vale el fuego que sale de la boca de expertos en sendas conferencias de prensa, si estos no asumen que su papel en el pasado, más allá de la participación meramente técnica; no estuvo acompañado de militancia, en la creación de conciencia revolucionaria, en la formación de la nueva hegemonía necesaria para el éxito de la revolución.

La revolución necesita impulso, fuerza para avanzar, pero es un error grave pensar que la solución está en descabezar el gobierno, en buscar culpables y adoptar nuevas recetas económicas. Para que la revolución siga victoriosa, se necesita la participación de un pueblo que se apodera de las victorias y de las derrotas; que esté convencido de que esa revolución es suya y de que cada conquista revolucionaria es consecuencia del gran esfuerzo colectivo y no de la generosidad del gobierno.

Muchos acusan hoy al gobierno por “regalar” cosas (hasta de populismo), como en el caso de la Misión Vivienda u otras acciones, que son acertadas, porque después de décadas, la dichosa renta petrolera se ha convertido en beneficios tangibles para los venezolanos. El bienestar, el acceso a servicios básicos hoy es por mucho de los mejores del mundo. El problema radica en que la mentalidad de la gente no ha cambiado mucho, y los críticos “marxistas chavistas” de hoy poco han hecho en ese campo, que es justamente el escenario en el que debe triunfar este proceso.

La derecha venezolana sigue siendo inepta e incapaz, borrega de los intereses gringos y transnacionales, pero sabe seguir guiones. Por ejemplo, han sembrado por largos años sentimientos xenofóbicos, diciendo que los demás latinoamericanos robamos al pueblo venezolano su futuro, porque nos llevamos los beneficios de su petróleo. Ese discurso no varió nunca, y para nuestra sorpresa (porque nos tocó verlo de cerca), la misma población que abarrota los CDI (no toda por supuesto), expresa a menudo su odio contra los mismos médicos que los curan. Este no es el resultado de la revolución; es la consecuencia de la falta de trabajo en el campo de la lucha hegemónica.

Cuando todas las soluciones se buscan en la resolución del desabastecimiento, el bachaqueo, el tipo de cambio, etcétera, le estamos dando la razón al enemigo. Porque no importa cuánto mejore todo en la economía, cuanto se llenen los anaqueles, mientras la gente conserve sus hábitos, su visión de las cosas, y eso en Venezuela es tarea dura. Yo mismo hice colas en bicentenario, pero también presencié colas para comprar en tiendas Zara; se puede ver, las colas no son el problema, tampoco la falta de dinero, ni lo es la pobreza. Hay un enorme vacío en la lucha cultural, en la educación, en la formación de cuadros, y esta afirmación no tiene el ánimo de soslayar la importancia de todos los problemas, pero aquí hay un punto de desequilibrio.

Existen varios escenarios posibles para la derecha entronizada en la asamblea nacional a partir de enero. Si mentes muy inteligentes y maquiavélicas están detrás de ellos (sarcasmo) deberíamos concluir que ellos no deben hacer mucho, simplemente seguir adelante con la guerra contra la revolución. Esto es, más guerra económica (controlan ampliamente la parte hegemónica), e incluso manejar con pinzas su accionar legislativo. No necesitan cambiar ninguna ley revolucionaria por ahora, es más importante construirles una imagen de fracaso indudable que obligue a la sociedad a pensar que toda esa patraña de la “revolución inservible” es cierta.

Claro está, seguirán apuntando a la “salida”, esto porque el gobierno de Maduro realmente es un obstáculo para la derecha. De no ser así, no se hubieran tomado la molestia de atacarlo sin cesar durante cada minuto desde el 14 de abril de 2013. De hecho la matriz contra el gobierno luce bien definida: atacar a Diosdado Cabello, convirtiéndolo en signo de todo lo que es “malo”, y poner a Maduro como el símbolo de la ineptitud, de la incapacidad. Para hacer esto dan por descontado que la izquierda seguirá siendo incapaz de construir sentido común en la sociedad, y que esta seguirá respondiendo a los estímulos de la propaganda.

Si los gobiernos de Peña Nieto, en México, o Juan Orlando Hernández, en Honduras, para citar dos casos, se vieran sometidos al fuego intenso que ha recibido en dos años el gobierno bolivariano, no durarían una semana. Y aquí, quiero decir, que el gobierno de Maduro ha estado en resistencia, con mucha eficacia por cierto, pero eso no ajusta. Sin embargo, el problema para la revolución no es lo que el gobierno ha hecho o ha dejado de hacer; radica en que la sociedad se mantiene como espectadora, esperando que las soluciones salgan del Palacio de Miraflores, y no se ve a sí misma como el centro de la actividad revolucionaria.

La escasez, los problemas económicos, y otros males nos han acompañado históricamente a todos los países latinoamericanos; la mayoría de nuestros pueblos ha vivido y sobrevivido en medio de estos flagelos, en muchos casos hasta el punto del heroísmo. Preguntémonos entonces, la razón por la que en Venezuela el papel higiénico (o papel toilette) se convirtió en una pesadilla para el pueblo. O es que las grandes mayorías venezolanas siempre gozaron bonanza, o alguien ha manipulado y distorsionado tanto la realidad que el desabastecimiento se ha convertido en símbolo del fracaso revolucionario.

Este modelo ideológico, no lo están aplicando solo a los venezolanos. A todos los latinoamericanos nos cuentan a diario las indecibles penurias que vive el pueblo de Venezuela por culpa del Castro Chavismo. Y aquí mucha gente que no necesita papel higiénico (porque no tiene que comer), acepta como su tragedia la falta de este “producto del bien universal” en la República Bolivariana. Es en este campo donde no atinamos a dar una batalla real, y es en el que debe triunfar la revolución, en todas partes.

La batalla hegemónica, debe darse en todos los ámbitos y no es responsabilidad únicamente del gobierno. Muchos intelectuales se molestaran, pero para que ellos sean útiles deberán ser más militantes, estar más dispuestos a “mancharse” políticamente, y, por supuesto, a afrontar las consecuencias de sus actos como revolucionarios. Aunque a muchos les parezca un sacrilegio, hablar de construccion de “abajo hacia arriba” no significa repartirle órdenes al gobierno, es preparar un “ejercito” de hombres y mujeres conscientes, capaces de discernir y apoyar la revolución porque es suya.

La práctica revolucionaria es muy dinámica, no da chance para recetas. Por esa razón se debe entender que la “horizontalidad” es un problema, hasta que quienes participaran en ella son verdaderamente capaces de cuestionar lo que les llega por la vía unidireccional de la propaganda. Los movimientos sociales, los partidos políticos de izquierda (con muchísimas excepciones), no captaron esto nunca; prefirieron la comodidad de sus nichos, y muchas veces se encasillaron en luchas sectoriales que confrontaban abiertamente el cambio revolucionario. Hoy es imperativo que todo esto cambie.

Los resultados de la elección hace una semana deben ser vistos en su cabal dimensión. La revolución no está muerta, ni en estado agónico. De hecho sigue siendo muy fuerte, aunque la derecha seguirá en su guion de presentar la imagen de un enfermo terminal en sus últimos días. Pero todos deberán reflexionar sobre lo que significa la autocrítica, y cuál es el frente de batalla más importante.

Una sola reflexión basta para ilustrar lo dicho: la Revolución Cubana no ha prevalecido sobre los embates imperiales gracias a la resolución de los incontables problemas; lo hizo gracias a la militancia abrumadoramente mayoritaria en la revolución del pueblo cubano.

Autocritica para derrotar al enemigo, que seguirá estando ahí, conspirando, tratando de liquidarnos. Cualquier otra cosa solo servirá para abonar nuestra propia destrucción.


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Perfil del Bloguero
Licenciado en Matemática e Investigador Social. Escritor y Analista autodidacta. Colaborador de teleSUR y otros medios digitales. Censurado en su país, Honduras (por medios y por lectores). Actual Secretario de Relaciones Internacionales del Partido Libertad y Refundación, LIBRE.
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