Nuño y su creciente debilidad política

En su irracional enfrentamiento con el magisterio, el secretario de Educación Pública, Aurelio Nuño Mayer, empieza a mostrar signos de creciente debilidad política. Forzado por el titular de Gobernación, tuvo que aceptar un intercambio de prisioneros. El gobierno liberó a tres maestros, dos normalistas y un padre de familia, y obtuvo a cambio la liberación de un policía federal, dos mujeres policías y dos informantes (infiltrados oficiales).

Nuño y su creciente debilidad política

El intercambio de prisioneros, ampliamente difundido por la prensa nacional e internacional, constituye una severa derrota del sátrapa insensible y torpe que mal maneja el sistema educativo nacional. “Por órdenes superiores” tuvo que doblar las manitas y tragarse sus sórdidas amenazas de “estricto cumplimiento de la ley”. Sus jefes, Enrique Peña Nieto y Miguel Ángel Osorio Chong, lo obligaron a aceptar, de facto, que el conflicto con la organización gremial del magisterio es esencialmente político y no esencialmente judicial o policiaco.

Y luego del golpe político y mediático del intercambio de prisioneros, Nuño vio venírsele encima las declaraciones del rector de la Universidad Nacional, Enrique Graue: “Las modificaciones constitucionales en materia de instrucción académica impulsadas por el gobierno de Enrique Peña Nieto, en los hechos `no son una reforma educativa`, sino cambios en algunos procesos administrativos del sector”.

No hace falta mucha ciencia para comprender que Aurelio Nuño empieza a convertirse, como se dice en lenguaje popular, en una papa caliente. Al evidente retiro del apoyo político y mediático de sus jefes, Nuño Mayer suma  la agria y certera censura del rector de rectores universitarios. 

¿Será Nuño tan insensato como para acusar al rector Graue de aliado político de la CNTE? ¿Pensará que los empobrecidos maestros mexicanos “le llagaron al precio” al rector para comprar su apoyo y para declarar como inexistente la traída y llevada reforma educativa?

¿Será capaz Nuño de un poquitín de autocrítica? ¿O pensará que Osorio Chong y Enrique Graue participan en un complot para descarrilar sus aspiraciones presidenciales? La megalomanía no es buena consejera. Y menos en asuntos de Estado cuyo mal manejo puede derivar en verdaderos desastres políticos para el gobierno de Peña. ¿Quiere Nuño provocar otro Ayotzinapa?

Se puede entender que la embriaguez del poder, como la embriaguez etílica, conduzca al individuo a cometer tonterías. Pero a todo estado de ebriedad sigue uno de sobriedad. Salvo, claro está, que el bebedor no pare de beber. Y entonces los riesgos de hacer barbaridades se incrementan. Recuérdense la matanza de Acteal y los muchos anises en la cabeza con que, según propia confesión, el entonces secretario de Gobernación, Emilio Chuayffet, atendía por esos días los asuntos de su despacho.

También se puede entender que los gobernadores de Chiapas, Oaxaca, Michoacán, Veracruz y Guerrero no se opongan frontalmente a los delirios reformistas de Nuño. Es mejor no enemistarse con un individuo que en tres años puede ser el nuevo Presidente de la República. Pero tampoco pueden esos cinco gobernadores y muchos otros darse el lujo de permitir que, con su autoritarismo, Nuño les incendie sus entidades. 

Es mejor, como ya lo hizo el gobernador de Chiapas, Manuel Velasco Coello, pedir ayuda a la Secretaría de Gobernación para que Osorio Chong impida que Nuño siga adelante con sus locuras represivas.

El intercambio de prisioneros y la sobria censura del rector Graue pueden ser indicativas de que ha llegado el momento de negociar con los maestros de la CNTE una verdadera reforma educativa sensata. Y consensada, por supuesto, con los directamente involucrados en el proceso enseñanza-aprendizaje.


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Perfil del Bloguero
Economista y profesor de Economía Política. Fundador y director del Centro de Estudios de Economía y Política. Es columnista del diario El Sol de México, del catorcenario Siminforma, del diario Rumbo de México, entre otros medios. Analista político en distintos programas de radio.
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