Honduras: se eligió nueva Corte, siguiente acto

La elección de los nuevos magistrados a la Corte Suprema de Justicia terminó después de mucho circo y sin ninguna novedad. Para nuestro infortunio, no sucedió nada diferente a lo que habíamos anticipado con anterioridad. En medio de una repugnante y descarada danza de manipulación, soborno, chantaje y dólares, el bipartidismo finalmente compro los votos necesarios para imponer sus activistas, bajo un disfraz de “crisis que culminó gracias a la democracia y al consenso”.

Honduras: se eligió nueva Corte, siguiente acto

El largo sopor causado por el interminable show, producido y reproducido hasta el hartazgo por los medios de comunicación duró tres semanas. Durante este periodo se revelaron incluso cheques jugosos pagados a diputados, con fondos procedentes del gobierno, a través de cuentas pertenecientes a ONG para que votaran a favor de la imposición. Mientras duraba la “incertidumbre” daba más la impresión de que la oligarquía, enquistada como un enorme cáncer en el Estado hondureño, no se decidía a terminar  con el culebrón, ni la embajada americana, expresaba nada (silencio que sería normal para una embajada en cualquier parte del mundo, pero que no es la  norma en Honduras cuando de la embajada gringa se habla).

Si aprovechó el monstruo mediático para provocar la sensación de una mini crisis, que se proponía “romper el estado de derecho”, en un país donde eso dejo de existir hace varios años, y todo mundo lo sabe pero nadie lo asume, quizá por lo peligroso que son los criminales que se mantienen dirigiendo el Estado desde 2009. Esa conspiración fabricada más para ilusos ponía a la oposición como enemiga de la democracia, al tiempo que el mismo Juan Orlando Hernandez salía a proponer una nueva constitución sin Asamblea Nacional Constituyente, en lo que, quizá, se convertirá en el siguiente acto del circo sin fin en que vivimos los hondureños.

Después del comportamiento de los actores involucrados, específicamente de la clase dominante, no cabe duda que el continuismo del bipartidismo es el proyecto de control de Estados Unidos para Honduras, y que, en el camino, la derecha tratará de destruir las reivindicaciones que dieron lugar a la creación del Frente Nacional de Resistencia Popular, y el nacimiento del Partido LIBRE. Las cartas del proyecto contrainsurgente-neoliberal para América Latina en Honduras están echadas. Además, queda claro que sus estrategas de propaganda han descubierto la vacuna perfecta para el control de masas: la explosión continuada de escándalos de corrupción perpetrada por funcionarios del gobierno.

La inoculación permanente de fuertes dosis de “verdad”, llevan a la población a una sensación de terrible impotencia y frustración, especialmente entre la clase media que no encuentra las ideas para vincularse a las amplias mayorías del pueblo pobre, donde el bipartidismo avanza mediante una inmensa maquinaria clientelar dedicada a hacer caridad que etiqueta como gasto social. Sin lugar a dudas, la mayoría de la clase media opuesta al régimen actual, proclive a alimentarse de las noticias producidas por el mainstream, pasa los días esperando la “mano invisible y milagrosa” que llegará para acabar con su infortunio. Desafortunadamente, esa mano que esperan es la de los Estados Unidos, el más acérrimo enemigo de cualquier opción democrática para el país.

Bajo las circunstancias, esa clase media se ha convertido en su propio gran obstáculo. Su falta de entendimiento de la realidad; su sumisión a las ideas dominantes que le hacen pensar mucho en los posibles consensos con los enemigos, su terror a la idea de organizarse de verdad, y su desconexión con las mayorías más pobres, neutralizan su posibilidad de crear corrientes de opinión que pudieran empujar un proyecto nacional de cambio.

Aunque parezca contradictorio, este escenario no es de ninguna forma un entorno negativo para los partidos de oposición. Poco a poco se ha ido configurando un ambiente que resulta favorable a su trabajo político, especialmente porque ellos están cargados de clase media en sus filas dirigentes, y del mismo modo que son manipuladas hasta ahora, pueden construir las condiciones necesarias para llevar adelante un proceso de transición revolucionaria.

Los partidos de oposición fueron socavados en el Congreso Nacional, gracias a la acción corruptora del régimen, pero también debido a su limitada visión política y su inexistente consciencia de clase. Aun así, todo indica que en la aparente caída, debido al dinero del bipartidismo, se forjo un bloque parlamentario más pequeño, mucho más fuerte, consistente, y capaz de mantener abierto el frente legislativo, donde su resistencia ha sido ejemplar y eficaz y será crucial para las batallas que siguen.

El Partido LIBRE, sigue siendo el objeto a destruir de la derecha, pues es el que representa un cambio drástico, un liderazgo fuerte en Manuel Zelaya, y la estructura más capaz de remontar el marasmo hacia una organización política eficiente y demoledora. El papel de sus ahora 29 diputados durante la elección de la Corte Suprema de Justicia ha sido formidable, de extraordinaria coherencia, que ha servido para reavivar la animosidad de sus militantes y simpatizantes. Además, LIBRE es el destino lógico de grandes sectores de las bases liberales que a punta de golpes van entendiendo que el Partido Liberal de Honduras ha dejado de existir y hoy su cúpula lo ha convertido en una marioneta bien pagada de su gemelo Partido Nacional.

Ahora bien, LIBRE requiere de un amplio trabajo que lo lleve a acumular fuerzas en todos los frentes, incluidos el social, fuertemente golpeado y debilitado por el régimen durante los últimos seis años. Este trabajo no es fácil, pero debe hacerse. Aun cuando estamos conscientes y claros de que la derecha ha infiltrado el partido desde sus orígenes con agentes que promueven descontento y tienden a dividir, siguiendo rutas individuales, dejando de lado el obvio desarrollo del momento histórico, la construcción política de un proyecto revolucionario es impostergable.

El Partido Anticorrupción, que surge como una forma del régimen para restar legitimidad a las banderas del Partido LIBRE (aun cuando sus mismos dirigentes no los sepan ni lo intuyan), recibió una puñalada cuando varios miembros (no está claro cuántos ni quienes) decidieron colaborar con el circo bipartidista. Sin embargo, esta herida podría ser un menudo favor involuntario de la embelesada derecha, para un partido desideologizado y despolitizado por definición. Su falta absoluta de organización, se ha visto compensada con un liderazgo más o menos coherente, que no ha escapado a las absurdas disputas propias de la mezquindad, que ha ido encontrando sus grandes coincidencias con la propuesta del Partido LIBRE. 

Aunque ha jugado ingenuamente a “negociar” con el gobierno, parece que las coyunturas le han ido enseñando que no existe negociación donde no se cuenta con fuerza. Si su dirigencia va más a allá de su cándida creencia en la funcionalidad de las estructuras del sistema, entenderá que para jugar un papel decisivo en el futuro del país, en un cambio real y profundo, tendrá que apostar a la unidad de propósitos y a la organización.

El Partido Liberal de Honduras solo tiene una carta a su favor, puede ser oxigenado artificialmente desde el poder. Durante el fraude electoral de 2013 se le otorgó una cuota  de cargos que no había ganado en las urnas; posiblemente la intención ahora sea la misma. Además, está claro que este partido es un buen y obediente servidor de los mandatos de Washington. Pero las bases que conservo después del Golpe de Estado de 2009, seguramente encontraran su camino hacia el Partido LIBRE y cualquier coalición de oposición que este logre integrar.

Seguramente un proyecto de rescate para Honduras, implica el reconocimiento de los Partidos políticos de oposición de al menos estos puntos:

* El modelo económico aplicado en el país, ha fracasado. No sirve para aliviar la pesada carga de la miseria que azota a millones de hondureños. Además, se encuentra absolutamente penetrado por las actividades del crimen organizado que controlan todo, incluyendo el Estado.

* La inseguridad es un problema sistémico asociado a la eficiencia del modelo neoliberal de crear despojo, desempleo, desposesión y pobreza. Por lo  tanto, comenzar a solucionar el problema de inseguridad implica un cambio radical en las políticas de distribución, un cambio de modelo.

* La impunidad está indisolublemente ligada a las necesidades de protección del régimen que impone el modelo. En consecuencia, la impunidad es un problema de carácter político, que no se resuelve cambiando funcionarios, sino re conceptualizando la legalidad del país.  Mientras tanto, lo único que veremos es la estigmatización continua de los más pobres, y el incremento brutal de las políticas punitivas de un Estado que está hecho para castigar a los que menos tienen.

* La idea de democracia impuesta no sirve a las mayorías, por lo que objetivamente no sirve a la sociedad y debe transformarse en un esquema de amplia participación que permita a las mayorías expresar opiniones, y que estas sean tomadas en cuenta. Además, la democratización del país no es posible si se deja desamparada a la población a las manos del mercado, al menos en sectores como la educación, la salud, vivienda y servicios.

* La situación de Honduras es gravísima y requiere de acciones trascendentales y firmes. No se puede postergar la lucha por el poder político, y no se puede dar la espalda a la polarización que causa el régimen (polarización a la que pareciera tenemos aversión, cuando es el plano en el que podemos avanzar).

En resumen, estamos convencidos de que en Honduras se ha impuesto un régimen de terror con características peculiares. Que ese régimen es fuerte, y que sería un error caer en la ilusión estadística de que no cuenta con apoyo. Su estructura clientelar existe y opera en todo el país. Además, cuenta con dos maquinarias que operan con impunidad todos los días del año: la mediática y la represiva.

Ese régimen no es invencible. Contrario a lo que seguramente piensan sus estrategas, sus acciones arbitrarias minan severamente su capacidad de reproducirse. De ahí que el escenario del continuismo pueda construirse al margen de cualquier proceso electoral (después de todo, un proceso electoral lo pueden perder). Las contradicciones de intereses al interior de la clase dominante hondureña han sido controladas exitosamente por los Estados Unidos, pero las fisuras provocadas siguen abiertas y su extensión abarca grupos facticos decisivos, como las Fuerzas Armadas, donde existen muchas discrepancias sobre el manejo de la política actual.

Recordemos que el régimen actúa de acuerdo a su naturaleza; es decir cada momento que pasa se ve más obligado a actuar con autoritarismo, y eso solamente lo debilita y le abre nuevos frentes.

Las tareas para derrotarlo son muchas, pero ninguna es imposible. Es aquí donde el camino luce largo y corto. Solo hace falta determinación para recuperar esta patria que nos han robado.


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Perfil del Bloguero
Licenciado en Matemática e Investigador Social. Escritor y Analista autodidacta. Colaborador de teleSUR y otros medios digitales. Censurado en su país, Honduras (por medios y por lectores). Actual Secretario de Relaciones Internacionales del Partido Libertad y Refundación, LIBRE.
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