¿Existen las "izquierdas" latinoamericanas?

En esta segunda década del siglo XXI nos hemos encontrado con grandes retos, problemas conceptuales, de entendimiento, de autodefinición, y de capacidad de planteamiento, y, en muchos casos, de identidad. Nuestra praxis contestataria se ha rezagado frente a las exigencias planteadas por las múltiples coyunturas que nos toca enfrentar. Todos estos asuntos se han convertido en debilidades que nos mantienen constantemente a la defensiva y en riesgo de perder lo avanzado, donde hemos logrado caminar, y dando tumbos en otras partes.

¿Existen las "izquierdas" latinoamericanas?

La agenda de reivindicaciones, nos ha cambiado drásticamente la agenda; nuestra visión de la realidad se ha atomizado, y, sobre todo, hemos ido cayendo en la tentación de aferrarnos a nuestros pequeños nichos teóricos (cada vez más pequeños), y la particularización de intereses nos ha alejado de nuestra misión concreta que no debería buscar confraternizar con nuestro enemigo sino desplazarlo y reemplazarlo como fuerza hegemónica.

El desprecio que sienten los políticos hacia los académicos y la actitud pasiva, cuasi celestial de estos últimos, termina siempre sumiéndonos en la desvinculación de teoría y praxis, justo cuando estamos frente a un enemigo formidable que privilegia el pensamiento para la construcción de su práctica colonial, imperial, económica, comercial, cultural, etcétera. Tenemos una vocación recurrente de jugar dentro del esquema y la agenda que nos imponen aquellos que son más coherentes porque no improvisan.

Para terminar de hacer grandes nuestros problemas, hemos asimilado con gran eficiencia los patrones conducta que emanan de la derecha. Esto es tan cierto que, además de ser miles de pedacitos, también diferenciamos entre grandes y pequeños, importantes e irrelevantes, buenos y malos, más a la izquierda y menos a la izquierda. Esas clasificaciones son válidas también para marcar a los países, incluso en los foros regionales. Últimamente, también reducimos el mundo de los partidos que son gobierno y los que no lo son.

Seguramente el enemigo no puede pedir más ventajas de parte nuestra; somos una inmensa fuerza fraccionada en inocuas piezas, que a su vez son capaces de más particiones internas en cada parte. Además, herederos de la tradición más rancia del partidismo electoral burgués, con poca vocación de estudio, y menos aún voluntad para la unidad.

Seguramente muchos habremos de recurrir una y otra vez a invocar nuestra formación marxista, pero en el debate de ideas con cualquier tipo de ideas mostramos que la inmensa mayoría de nosotros no leyó nunca a Marx (menos su versión más compleja de El Capital o los Gruendrisse). Pero es posible que para ser revolucionario no sea necesario estudiar o entender a Marx, pero todo grupo revolucionario debe contar con geste estudiosa que cuente con la venia de la atención de los que dirigen.

Además, es importante aceptar y entender realidades, como el asunto del Estado, o el poder. Una de nuestras grandes debilidades esta en nuestra posición frente al poder y a menudo lo confundimos con el aparato gubernamental. El Estado, pieza fundamental a cambiar si se quieren lograr cambios estructurales, debe salir de la mecánica (por llamarla de alguna forma) que nos ha impuesto el modelo neoliberal, esto implica alejarnos de la minimización del Estado, y redefinir los parámetros bajo los que funciona; esto es alejarlo de la supremacía de esa señora encopetada que tiene todos los privilegios y que conocemos como libertad de mercado y pasar a la supremacía de la sociedad.

Los mismos parámetros de medición son cuestionables; hoy tenemos sociedades que miden el crecimiento de su riqueza bajo los indicadores aceptados internacionalmente, pero eso no garantiza de ninguna forma que las sociedades viven mejor. Al contrario, el modelo de acumulación aumenta dramáticamente los males de la mayoría. Pero ¿cómo trascendemos el criminal saqueo neoliberal?

Y que decir de la ideología. Si tenemos problemas puntuales con el asunto del Estado y del poder, la tarea que queda en el terreno ideológico es monumental. El consumismo es el primer efecto de la hegemonía ideológica neoliberal, y esa parece no la podemos combatir, al menos por ahora. La tendencia sistémica a establecer el individualismo feroz como núcleo de la actividad humana, ha ido quitando sentido a conceptos y valores de tal manera que lo de la patria y la soberanía para muchos son nada más tonterías.

Está muy claro que nuestros argumentos colectivos no son ni buenos, ni suficientes para enfrentar la vorágine neoliberal que debemos arrancar de raíz para permitir que nuestros pueblos sobrevivan. Peor aún, nuestros planteamientos resultan obsoletos y muchas encuentran respuesta en el anticomunismo visceral que viene desde McCarthy. A veces incluso llegamos a agredir a nuestros propios compañeros, convencidos de que tenemos sólidas razones teórico-revolucionarias.

Faltaría agregar el oportunismo, el entreguismo y la traición que también están presentes en nuestros países, haciendo juego a los intereses de la derecha que logran, mediante mil argucias provocar una y otra vez frentes de batalla contra nosotros que no deben existir: todas estas cosas ralentizan el desarrollo de nuestras ideas.

Son muchos los factores que condicionan las luchas locales y regionales; la integración latinoamericana sigue siendo un reto enorme. Y, la verdad, seguirá siéndolo, mientras no tengamos una estrategia macro, que nos haga ver que, si bien son esplendidas iniciativas, no basta con la integración formal de algunos Estados, especialmente cuando existen gobiernos terroristas los que no les importa manchar de nuestra sangre este continente, como el caso de Colombia, Honduras, Perú, México, y otros, verdaderos bastiones de la agresión contra nuestro presente y futuro.

Después de estas breves reflexiones, que seguramente deben ser nutridas por una discusión amplia y seria, es posible que no existan tantas izquierdas o versiones de la propuesta de un mundo mejor; lo que sí es seguro es que estamos plagados de muchísimos intereses, algunos por omisión, otros deliberados, que frenan una visión consistente, a ello contribuyen el divorcio de la teoría y la práctica, y la comodidad que resulta de proclamarse revolucionario sin estar dispuesto a ningún sacrificio y no guardar el menor amor por nuestros pueblos.


teleSUR no se hace responsable de las opiniones emitadas en esta sección


Perfil del Bloguero
Licenciado en Matemática e Investigador Social. Escritor y Analista autodidacta. Colaborador de teleSUR y otros medios digitales. Censurado en su país, Honduras (por medios y por lectores). Actual Secretario de Relaciones Internacionales del Partido Libertad y Refundación, LIBRE.
Más artículos de este bloguero

Comentarios
1
Comentarios
Me gustó el artículo. Me parece una crítica honesta de nuestra realidad. ¡Ojalá sirva para que nuestros líderes hagan lo que sea necesario para maximizar las posibilidades de que no nos quedemos a medio camino en la construcción de una nueva sociedad!
Nota sin comentarios populares.