Espiritualidades indígenas cualificadas

En el XII Congreso de Estudios Mayas,  organizado por la Universidad Rafael Landívar, en la primera semana del mes de julio, del presente año, sobre Pueblos, defensa de territorios y descolonización, un aplaudido guía espiritual maya epilogó su disertación afirmando: “Las autoridades ancestrales no salimos a protestar a las plazas porque eso no cambia en nada la situación de Guatemala”.

Espiritualidades indígenas cualificadas

Durante el café, abordé al referido guía espiritual para preguntarle sobre el compromiso sociopolítico de la espiritualidad maya, y me explicó: “Nosotros no nos involucramos en las cuestiones sociales, ni políticas… Los cambios sociales no ocurren por la acción de las organizaciones sociales, sino por las energías del Ajaw…”. Quedé aún más sorprendido, porque al parecer que el Ajaw maya es indiferente a la miseria de los pueblos mayas.

Algunos años atrás, en la ciudad del Cusco, pregunté a un Yatiri (guía espiritual) quechua sobre la opción política de la espiritualidad andina. Me respondió: “Lo nuestro no es social, ni político. Lo nuestro es algo sagrado. Y lo debemos conservar en secreto”.

¿Fueron y son apolíticos las espiritualidades indígenas?

La espiritualidad es el conjunto de valores/principios que tienen las personas y los pueblos producto de sus experiencias significativas con los seres trascendentales para ellos. En otras palabras, la espiritualidad es la ética y la utopía de los pueblos.

La espiritualidad es la energía/mística que mantuvo y mantiene viva las brasas de los procesos de resistencias emancipatorias, por más que la realidad sólo fuese una secuencia de derrotas.

En este sentido, las espiritualidades auténticas son esencialmente políticas, en la medida que desafían al sistema vigente, y plantean nuevas formas de convivencia para “restaurar” los equilibrios desde lo cotidiano.

Las espiritualidades indígenas, en muchos casos, como consecuencia de la cooptación por parte del sistema dominante, y del libre mercado del turismo “espiritual”, padecen el vaciamiento ético (de su contenido transformador/restaurador), y se convierten en una especie de neopentecostalismo indígena folclórico, a la medida de los intereses y objetivos de los agentes del sistema hegemónico. A esto denominamos espiritualidad indígena cualificada.

Así, en el caso de Guatemala, la espiritualidad maya, lejos de ser la energía que cuestione al sistema dominante opresor, convive, le sirve, al sistema opresor racista.

En Guatemala, es el destartalado Estado etnofágico, quien cualifica y certifica al guía espiritual maya. Y, los guías certificados excluyen a los guías no certificados que intentan existir. 

Para las y los guías mayas cualificados, el Ajaw actúa únicamente en la intimidad de las personas. Únicamente en el ámbito de la moral privada. Lo material, lo histórico, lo público, lo político, es “mundanidad” que no le “gusta” al guía espiritual, ni a su Ajaw. Pero, curiosamente de esa “mundanidad” (Estado) el guía necesita para existir.

Es recurrente observar exóticas ceremonias mayas intentando legitimar actos oficiales del Estado corrupto. Pero, casi siempre las ceremonias mayas están ausentes en las acciones colectivas de protesta o de resistencia de los mismos indígenas y campesinos en proceso.

La espiritualidad maya, cualificado por el Estado, al manejar un discurso espiritualista, y una ética de “fuga mundi”, se constituye en una de las potentes herramientas de dominación/anulación para los mismos pueblos indígenas. De esta manera, el colonizador, en países como Guatemala o Perú, no necesita más doctrineros o gendarmería foránea para seguir dominando y saqueando los territorios.


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Perfil del Bloguero
Nómada quechua. Hijo de la Pachamama. Activista y defensor reflexivo de los derechos humanos y de la Madre Tierra. Abogado, teólogo y antropólogo de formación en la ciencia occidental.
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