El neoliberalismo, idealidad del mercado | Blog | teleSUR
24 agosto 2015
El neoliberalismo, idealidad del mercado

Es frecuente que políticos, economistas y sociólogos se quejen por falta de definición en calificativos aplicados a sus actuaciones, por lo que parece adecuado que en el caso de una de ellas -la más recurrente- lo hagamos. Si insertamos sus acciones en el contexto del neoliberalismo, debe decirse que éste es un capítulo perverso que defiende lo económico por encima de cualquier otra dimensión, que se lleva por delante lo político y dota a las transnacionales de tanto poder e influencia que les permite ejercer presiones para alcanzar sus fines por encima de lo colectivo, de las leyes y los estados.

El neoliberalismo, idealidad del mercado

El ideólogo de la variante neoliberal a partir de los años 60 del siglo pasado, Milton Friedman -fundador de la Escuela de Chicago de Economía- la denominó “monetarismo”. Es justo decir que si bien se puede empezar a hablar de sus ideas a partir de 1962, con “Capitalismo y Libertad”, éstas no comienzan a aplicarse sino hasta finales de los 70, coincidiendo con las derivaciones de la primera crisis del petróleo.

Esa transformación en las escuelas y sus aplicaciones en sustitución de los estados de bienestar (welfare state) -sumadas al desarrollo de la ciencia y sus utilidades en servicios tecnológicos- impusieron un sistema económico basado en la desregulación por parte del estado en el campo de bienes y servicios.

En síntesis del pensamiento de Friedman -y su aplicación en nuestros días-, diremos que la filosofía político-económica que lo animó retoma el pensamiento neoclásico, lo adapta y lo reintroduce con el fin de lograr un capitalismo competitivo.

A principios de la década de los 70, con el Nixon shock que desvinculó al dólar del patrón oro -cancelación unilateral de los acuerdos de Bretton Woods-, seguido en 1973 por los países productores de la OPEP aumentando el precio del crudo, se provocó una cadena de recesión económica generalizada. Los grandes ingresos de los exportadores de petróleo en sus cajas se tranzaron -principalmente- en la bolsa y la banca londinenses y de allí se derivaron préstamos a las economías periféricas. En la década siguiente, la elevación de los gravámenes generó la conocida como crisis de la deuda -a partir de 1982- estableciéndose, desde entonces, que la tasa de interés regulara la economía internacional al reglar flujos financieros e inversiones.

Margareth Thatcher y Ronald Reagan, posteriormente, intentando abatir los déficits públicos en sus países y procurando salir de la etapa crítica de estanflación, implementaron la desregulación económica y laboral, las privatizaciones, disminuyeron el gasto público y redujeron impuestos a empresas, al tiempo que trasladaron estas prácticas a América Latina, donde dictaduras cívico-militares y gobiernos conservadores las pusieron en ejecución y -en algunos países- aún perviven bajo diversas formas, con distintos encubrimientos, sin olvidarnos de que hay quienes las practican negándolo y otros que amenazan con reimplantarlas.

Asimismo, desde la perspectiva neoliberal, las organizaciones sociales son mal vistas y por tanto combatidas, en particular los sindicatos, tenidos como una interferencia ante la cual hay que establecer reglas que hagan prevalecer la flexibilidad laboral adecuando las normas que protejan a los trabajadores. La idea que se sustenta es que si se generan nuevas incertidumbres en dicho ámbito, la mejor forma para empezar a asegurar la acumulación de capital es neutralizar -por lo menos- los agrupamientos gremiales, conculcando sus posibilidades reivindicativas.

Un ejemplo en servicios se da con la seguridad social: los estados se abren total o parcialmente a la desregulación y por ese camino los organismos públicos de jubilaciones y pensiones abandonan sus obligaciones y esos quehaceres los asumen empresas privadas que calculan los pagos a los trabajadores de acuerdo con las capacidades contributivas que tuvo cada uno en su vida activa.

La inflexión en el sistema dio paso a la globalización cuya peculiaridad la constituyen las múltiples uniones entre lo público y lo privado que convergen en un sistema internacional, que junto con las nuevas reglas para el empleo y la división social del trabajo, ya no son los elementos centrales componentes de la sociedad postmoderna. Visto desde la óptica económica, la globalización entraña la indiscriminada apertura de los mercados financieros, la inversión y el desarrollo, la expansión tecnológica y el conocimiento: en consecuencia, producen variaciones en los consumos que derivan en la cultura del dispendio-demanda hedonista.

Visto desde lo político, la globalización representa la internacionalización de las atribuciones regulatorias en el contexto de un sistema político-económico universal en el que se minimizan los gobiernos en sus potestades para disponer normatividades y, con ello, se modifican los conceptos del Estado-Nación.

Con el advenimiento del neoliberalismo globalizado, los países del capitalismo periférico pierden peso en el comercio mundial, lo que deteriora su consideración en la economía internacional. En tanto, la globalización de las finanzas y las nuevas reglas en favor de la mundialización producen la transferencia preeminente a bloques dominantes, dando como resultado la exclusión de las naciones catalogadas -eufemísticamente- de "países en vías de desarrollo", estableciéndose así una fragmentación creciente y dispar.

Se dice que el éxito de la globalización neoliberal radica en que logró despolitizar a grandes sectores sociales. El neoliberalismo -debe subrayarse- es el modelo que sostiene que el estado obstaculiza, con trabas, la "libertad humana fundamental al mercado libre", el cual es considerado como pilar de todo el relacionamiento social.

Para la consecución de la consolidación de esta corriente, sus impulsores cuentan con la palanca de organismos que aconsejan, promueven o imponen recomendaciones, asesoramientos opiniones, pareceres, condicionamientos, exhortos -según corresponda-; algunos de ellos son el FMI, el Banco Mundial, el G7, el Banco Central Europeo, etcétera.

El neoliberalismo afecta hasta la práctica de los agentes políticos debido al dominio de las nuevas reglas sobre propiedad, contratos, desregulación, libre mercado, en donde serán los tecnócratas quienes ocuparán los espacios, limitando el de aquellos a nuevas regulaciones.

En el neoliberalismo -tal como lo concebía Friedman- debe haber un “estado mínimo” garante de su concepción de libertad, el cumplimiento de los contratos, la ley, el orden, la propiedad, el capitalismo competitivo; que fije el valor del trabajo, acote, desaliente o acabe la conflictividad laboral y, sobre todo, que desregule.

¿Cómo se podrá alcanzar el crecimiento que redunde en mayor acumulación, reducir el paro laboral, distribuir de forma ecuánime la riqueza y establecer equidad social?: ese desafío tienen las fuerzas que las proclaman y luchan por ellas en un mundo de bloques desiguales -globalizado/mundializado- dirigido por el capitalismo que propende y quiere profundizar su modalidad neoliberal.

De acuerdo con diversas experiencias nacionales y la opinión de dirigentes políticos, economistas y académicos, el darwinismo social de mercado neoliberal, la imposición económico-política conservadora y excluyente, trae aparejado -entre otras muchas cosas- que la responsabilidad del bienestar de la sociedad pase del Estado al mercado, reducido éste a simple mercancía. En apretada sinopsis, se estima que la etapa y el modelo se inscriben dentro de una deconstrucción de la ciudadanía.


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Perfil del Bloguero
Periodista uruguayo que en Montevideo trabajó en CX 8 - Radio Sarandí (1972-76). En el exilio (1976-19859 escribió en El Día, México; El Nuevo Diario de Nicaragua y Agencia Nueva Nicaragua (1983-90). Asimismo, en México lo ha hecho en Novedades, La Jornada y Aldea Global de México (1998-2014). En la actualidad, escribe regularmente en Uruguay para el Semanario Voces.

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