El gobierno mexicano, con los golpistas

En las recientes elecciones parlamentarias en Venezuela, seis de cada diez ciudadanos sufragaron por la oposición, y cuatro de cada diez lo hicieron por el chavismo. Estos son hechos incontrovertibles, datos duros. Pero también es un hecho indiscutible que diez de cada diez ciudadanos venezolanos, hayan votado como hayan votado, sufragaron con la intención de mejorar su nivel y calidad de vida. “Votar para mejorar” podría ser la divisa que resumiera el comportamiento electoral y político de la sociedad venezolana en los últimos veinte años.

El gobierno mexicano, con los golpistas

Esa esperanza y búsqueda de mayor bienestar fueron satisfechas con gran amplitud por el chavismo. Con altas y con bajas, enfrentando la hostilidad imperialista y con una ingente renta petrolera disponible y aplicada al desarrollo social, el chavismo cumplió. Y sólo se ha visto menguada esa tendencia histórica con la severa caída del precio del petróleo.

Pero con todo y su triunfo parlamentario, el neoliberalismo de los Capriles y de los Leopoldo López no pueden satisfacer aquellas expectativas populares. Y no podrían hacerlo aunque lograran en futuras elecciones el Poder Ejecutivo. 

Y no podrán ni podrían, porque, por definición, el neoliberalismo significa la concentración del ingreso y el empobrecimiento popular, como lo prueban palmariamente los casos de España, Colombia y México (y cual ya se está viendo en el caso del triunfo del neoliberal Mauricio Macri en Argentina). Si la derecha gana no es para que el pueblo mejore, sino exclusivamente para que las élites económicas y políticas se enriquezcan más. Y aquí aparece de nuevo México como triste ejemplo de esta verdad histórica y universal. 

Por eso a la derecha venezolana y al imperialismo yanqui no les satisfizo plenamente el triunfo electoral conseguido. Las promesas de bienestar incumplidas pueden provocar un nuevo vuelco eleccionario en favor del chavismo. Y eso quiere evitar la derecha. Porque el chavismo, como todos los movimientos populares, tiene futuro. Y la oligarquía venezolana (y universal) buscan cancelar ese futuro.

También por eso la derecha venezolana busca una salida violenta. Por eso quiere el derrocamiento del presidente Maduro. Por eso, igualmente, promueve, con Leopoldo López a la cabeza, un golpe de Estado o una intervención militar extranjera. Cualquiera de esas dos opciones significaría barrer por largo tiempo al chavismo. Implicaría esterilizar la semilla sembrada por Hugo Chávez. Representaría la cancelación por algún tiempo de las opciones progresistas, populares, antiimperialistas y redistributivas de la renta nacional.

Eso precisamente es lo que pretenden Leopoldo López y su camarilla.  Y eso bien lo sabe el gobierno mexicano. De modo que en la disputa en Venezuela por el poder, el gobierno de Enrique Peña Nieto se ha alineado con los golpistas.

Ese fue el mensaje enviado al mundo con la audiencia concedida a la esposa y a la madre de López por la canciller mexicana, Claudia Ruiz Massieu, y por el presidente del PRI, Manlio Fabio Beltrones.

Ni Claudia Ruiz Massieu ni Manlio Fabio Beltrones pueden después llamarse a engaño. Sabían (y saben) que están haciendo causa común con los preparativos para ejecutar un golpe de Estado en Venezuela.

¿Pero qué otra cosa cabía esperar de un gobierno desaforadamente neoliberal, antipopular y derechista como el que impera en México? Y que, además, mantiene una conducta de sumisión absoluta, y parece que gozosa y entusiasta, a las órdenes de la Casa Blanca.

Si el golpe de Estado para derrocar al presidente Maduro se produce, el gobierno de México no podrá negar o eludir su activa, consciente, vergonzosa y criminal colaboración con los golpistas.


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Perfil del Bloguero
Economista y profesor de Economía Política. Fundador y director del Centro de Estudios de Economía y Política. Es columnista del diario El Sol de México, del catorcenario Siminforma, del diario Rumbo de México, entre otros medios. Analista político en distintos programas de radio.
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