El camino de Cuba y el futuro de América Latina

Muchísimos latinoamericanos desconocen por completo lo que significa Cuba en nuestras vidas; otra cantidad no menos importante venera la gesta revolucionaria de los jóvenes barbados de la Sierra Maestra, pero no atina a entender la revolución cubana como un proceso histórico, complejo, humano, lleno de contradicciones y con un cúmulo de experiencias único en el planeta.

El camino de Cuba y el futuro de América Latina

Mientras que el bloqueo y el anticomunismo feroz nos aislaron de lo que sucedía en la isla, nuestras propias limitaciones nos hicieron perder de vista la importancia de aprender de la experiencia cubana.

Las diferencias entre nuestros países y Cuba son mucho mas grandes que lo que podemos percibir; a base de propaganda nos hicieron creer por décadas que allá se vivía ni más ni menos que en el infierno mismo. Hasta hace poco tiempo, y forzados por la fuerza moral de la posición cubana en el mundo, aprendimos a reconocer sus múltiples avances en diversos campos. Sin embargo, dos factores tienden a ignorarse con facilidad: la magistral dirección de la revolución y los efectos que ha tenido el proceso en cada habitante de la mayor de las Antillas; y el carácter dialectico de este ejemplar proceso.

Dicho de otro modo, lo que sucedió por más de medio siglo no fue producto de un milagro: si algo podemos afirmar es que el azar no ha tenido nada que ver con esta historia. Por esa razón, suena vil que Obama salga de la nada pidiendo a este pueblo que olvide su grandioso paso por la historia de la humanidad; paso que lo trajo desde el predestinado papel de nación subyugada (igual que sus hermanas latinoamericanas) a una patria digna, símbolo de todos los valores que dan sentido y razón a la existencia de la humanidad.

Como bien veía Marx, satisfechas las necesidades básicas de subsistencia, los seres humanos se pueden dedicar a la producción de bienes materiales y no materiales. Esto sucedió en Cuba; que alcanzó en la práctica cotidiana lo que por falta de entendimiento nosotros creemos tener: la democracia. Además, lo que también es lógico, profundizar en los cambios permitieron un verdadero cambio ideológico, que hoy se puede percibir en cualquier cubano, aun si está en contra de la revolución.

La capacidad de reflexionar en colectivo, ausente en todas las demás sociedades de nuestro continente, y como efecto deliberado del sistema hegemónico, ha permitido cambios cualitativos cuasi incomprensibles para nosotros. Si hay algo lamentable es que muchas veces encontramos a nuestra gente, de derechas o de izquierdas, pensando en una Cuba que se dirige irremediablemente de regreso al capitalismo. Parecemos converger en una idea, unos por arrogancia, otros aterrados por la fatalidad.

Esa falta de claridad, promovida por el imperio con mucho agrado, llevó a este último a ver a Cuba como un trofeo invaluable; si la caída del bloque socialista no acabo con la revolución cubana; el retorno voluntario de esta al redil inevitable en el que todo es mercancía, enseñara al mundo el carácter inevitable del fin de la historia.

Llegados a ese punto nos puede resultar más fácil tener un atisbo de la importancia que tiene para nuestro futuro entender el camino cubano; lo que hoy nos quiere imponer el imperio es la idea de que no existe alternativa alguna al infortunio que nos ha deparado el oráculo siniestro del capitalismo. Por eso es crucial para los latinoamericanos ver las verdades de Cuba.

No podemos pretender actuar como clarividentes y predecir qué sucederá en un país en el que se anticipa un vendaval de espejismos y fetiches alrededor de las maravillas del consumismo. A lo que Cuba se enfrenta ahora, el intento de asalto ideológico, es precisamente nuestro mayor problema para sostener los procesos de cambio en nuestra región, más aun para profundizarlos y extenderlos. Aquí el imperio apuesta a conseguir en Cuba los “exitosos” resultados que ha tenido en nuestros desafortunados países.

Sabemos que la sociedad cubana es de lejos la que tiene más acceso a participar en las discusiones que la afectan; al mismo tiempo el individualismo no es confundido con ninguna libertad, y el bienestar no es medido con los mismos instrumentos de la ideología neoliberal. Por otro lado, el interés colectivo es el motor de una sociedad con menos sobresaltos, con menos aspectos dejados a la incertidumbre; y esto se aprendió en una experiencia extraordinaria de solidaridad que alcanzó su paroxismo durante el periodo especial.

Para la sociedad cubana, el mañana no está marcado por la ansiedad resultante de la posibilidad de eventos cataclísmico, tan comunes para nuestros pueblos, que nunca tienen certeza de nada, porque esta se compra. Si voy a comer o voy a sobrevivir el día que sigue, debo tener algún valor que intercambiar por esas certidumbres.

El proceso cubano se ha ido convirtiendo poco a poco en una vía que debemos ver detenidamente. El sistema en el que nosotros vivimos es, además de inmensamente injusto y desigual, profundamente destructivo. Avanzar en el equivale a un suicidio consciente de toda la humanidad. Lo que Obama cree son las maravillas del mundo que ofrece a los cubanos, es realmente nuestra perdición, y el modelo alternativo que se construye en la isla representa una esperanza global de supervivencia.

No podemos inventar absurdos tampoco, a lo largo de este periodo revolucionario, además de múltiples aciertos, como es natural, también se cometieron muchos errores; sin dejar de lado el hecho de que el fin supremo de la revolución es el bienestar de la sociedad y, por lo tanto, la tarea pues es avanzar en la dirección de terminar con la falacia de que la justa distribución es equivalente a repartir miseria.

Podríamos preguntarnos ¿Cuántos de nuestros pueblos estarán listos para soportar un periodo especial?, la respuesta sería muy diversa, pero nos serviría para entender la envergadura del ataque imperial contra esta y el material del que dispone para derrotar el embate enemigo. Fidel, comandante en jefe, anticipaba con mucha antelación que era en la batalla de las ideas donde finalmente se definiría el futuro de la humanidad, en esto Cuba dispone de un arsenal formidable.

Por ahora, nosotros no estamos a la altura de entrar en ese combate de ideas, pero Cuba, una vez más, lleva a cuestas la tarea de mantener el frente mientras nosotros nos somos capaces de superarnos a nosotros mismos, mientras asumimos la responsabilidad de pensar en colectivo; mientras llegamos a la única conclusión que nos permitiría cambiar nuestra historia: la unión de todos nuestros países en una gran nación latinoamericana.

No será recitando a Marx, Lenin o Mao que lograremos ese mundo mejor que anhelamos; la clave está en nuestra capacidad de ser valientes y asumir el reto de superarnos a nosotros mismos; en construir sin moldes, entendiendo que los errores son parte de la historia.

Lejos de creer en la “normalización” de Estados Unidos, debemos entender que la agresión contra Cuba continua, con nuevos métodos, sin abandonar los antiguos, y que, defender la revolución cubana es defender nuestro futuro.

Por último, dejemos claro que defender la revolución cubana, o a cualquier otro pueblo nuestra américa, no debe ser simplemente un acto declarativo. Debemos ser revolucionarios, tomar en serio lo que nos pasa a todos. Hay que aprender de nuevo lo que significa la solidaridad; no dar lo que nos sobra, sino lo mejor de nosotros.


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Perfil del Bloguero
Licenciado en Matemática e Investigador Social. Escritor y Analista autodidacta. Colaborador de teleSUR y otros medios digitales. Censurado en su país, Honduras (por medios y por lectores). Actual Secretario de Relaciones Internacionales del Partido Libertad y Refundación, LIBRE.
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Al fin encuentro un comentario objetivo en la web sobre la realidad cubana
Nota sin comentarios populares.