El aumento en la tasa de interés, mala noticia

Luego de muchos meses, por no decir años, en los que las tasas de interés que los bancos y otras entidades financieras pagan a sus depositantes o tenedores de títulos se mantuvieron en alrededor del tres por ciento anual, hace unos días el Banco de México anunció una ligera alza, para colocarla en algo más del cuatro por ciento. Digamos, sin finuras estadísticas que el incremento ha sido de uno por ciento.

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De modo que, por ejemplo, si un depósito de un millón de pesos rendía antes del incremento 30 mil pesos anuales (2,500 pesos mensuales), ahora le dejará al dueño de ese dinero 40 mil pesos por año, es decir 3,333 pesos al mes.

Pero si ese millón de pesos está representado en una vivienda que se da en alquiler, el rendimiento alcanza una cifra que puede ir de 5,000 a 8,000 pesos mensuales, lo que sin duda es una ganancia mucho mayor: a veces de más del doble. 

Dar en alquiler una vivienda, sin embargo, genera ciertos costos, dificultades y problemas que no se presentan si el dueño del dinero lo mantiene en el banco. De modo que muchos tenedores de caudales optan por tenerlos en una institución bancaria y no meterse en honduras.  

Ciertamente, para el depositante o tenedor el alza en la tasa de interés resulta una buena noticia. Pero, como Jano, el asunto tiene dos caras. Y la otra faceta está representada por quienes piden dinero prestado. A partir del alza, éstos tendrán que pagar más por su crédito. Al menos ese uno por ciento del que hemos hablado. Lo que unos ganan otros lo pierden. Recordemos que en las esferas financiera o comercial la riqueza social no aumenta, sólo cambia de manos. Y que únicamente la producción material es capaz de incrementar la riqueza.

La enseñanza es clara: para ganar hay que tener ahorros; y para no perder no debe pedirse prestado. El ahorro, en consecuencia, es la mejor medida económica. Y esto desde tiempos inmemoriales. Y, en cambio, la petición de créditos es una práctica económica inconveniente, nociva, dañina. Durante milenios las deudas han sido la fuente de la ruina económica.

No siempre, desde luego, las deudas conducen a la ruina. Pero, en general, siempre conducen a una merma de la propia riqueza. Y el asunto se agrava, si como acontece en México, la tasa de interés por un crédito, sobre todo al consumo, alcanza cifras de más del cincuenta por ciento. Y a veces hasta el 80 por ciento. Es clara la opción: ahorros contra créditos. Recuérdese que en lenguaje de economistas, a las deudas se les llama ahorros negativos.

Vistos los daños que conllevan las deudas, el alza en las tasas de interés sólo puede ser calificada como una muy mala noticia económica. Pero para cualquier veneno siempre existe el contraveneno. En el caso del precio del dinero, que eso y no otra cosa es la tasa de interés, el antídoto se encuentra en nuestras propias cabezas, en nuestro propio nivel de conciencia. Es una receta sencilla y al alcance de cualquier persona: no acudir al crédito. 

Hay quien piensa, desde luego, que no acudir al crédito puede conducir a una baja en el consumo. Pero este aserto es de una falsedad evidente, pues el crédito no aumenta el consumo, sólo lo anticipa. Y no sólo no lo aumenta, sino que lo disminuye, pues lo que se paga en intereses no se dedica al propio consumo.


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Perfil del Bloguero
Economista y profesor de Economía Política. Fundador y director del Centro de Estudios de Economía y Política. Es columnista del diario El Sol de México, del catorcenario Siminforma, del diario Rumbo de México, entre otros medios. Analista político en distintos programas de radio.
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