El Papa de los excluidos | Blog | teleSUR
11 julio 2015
El Papa de los excluidos

En la actual etapa de la historia latinoamericana en pleno desarrollo en los inicios del siglo XXI, se inscriben determinados momentos y situaciones que repercuten de manera trascendental. En América Latina y el Caribe una de las instituciones religiosas más antiguas es precisamente la Iglesia católica. Su importancia es más que significativa en los diferentes ámbitos de la vida política, social y cultural. Del 5 al 13 de julio de 2015 la visita del Papa Francisco a tres países latinoamericanos (Ecuador, Bolivia y Paraguay), ha tenido una relevancia capital, tanto en el plano histórico, social como político.

El Papa de los excluidos

Conviene recordar que el mayor número de católicos, se concentran en el continente americano. De tal forma que la presencia del principal representante del Vaticano y su incidencia en diversos órdenes de la región a lo largo de la historia, son temas medulares para comprender su importancia. Su misma presencia, así como sus reflexiones y palabras le han dado un gran peso moral y político por largo tiempo. Seguramente ello ha generado que los monopolios de la prensa escrita, televisiva y radial le dediquen poco espacio a sus palabras y posturas.

Conviene señalar que para el Vaticano nuestra región es considerada como estratégica por ser reserva “natural” de su influencia y desarrollo. Especialmente cuando del total de la población mundial estimada en 6,453,628,000 de habitantes, la población total de cristianos en el mundo alcanza a 2,135,783,000 (33.1%), y de estos la mayor concentración se ubica en nuestro continente americano con el 36% (http://www.vicariadepastoral.org.mx/domund_7/hojas/2007_09.htm). Hoy gran parte de la relevancia de América Latina y en general del mundo no europeo, adquiere mayor importancia frente a la emergencia de un Papa de origen latinoamericano como es el caso de Jorge Mario Bergoglio.

Si bien en nuestra irredenta América, se desarrollan determinadas prácticas religiosas que en pleno siglo XXI siguen teniendo una gran repercusión. Si se prefiere podemos decir que ellas—en su relación con la sociedad y el Estado— se han convertido en un fenómeno histórico nacional y regional, y que en los países latinoamericanos la cultura religiosa ha “legitimado”, en gran medida, ese credo y sus instituciones. Así, en determinados segmentos de nuestras sociedades se genera un nuevo fenómeno político-cultural que debe ser tomado en cuenta en el momento actual. La historia regional y local muchas veces tiene que explicarse en torno al binomio de las relaciones Iglesia católica-Estado laico.

Desde determinada perspectiva puede afirmarse que los líderes religiosos, católicos o no, han realizado alianzas pragmáticas con distintos personajes y activos pertenecientes a las más diversas estructuras de poder de nuestros países tanto en el siglo XIX como en el XX e incluso en lo que va del siglo XXI (inteligencia y sectores de las fuerzas de seguridad estatales), pero también con los representantes de distintos grupos sociales ubicados en esferas de influencia (jueces, industriales, banqueros, terratenientes, políticos, militares, dictadores, académicos, artistas, deportistas, narcotraficantes, etcétera).

Es decir, la asociación de un conjunto de actores, políticos, económicos y sociales, con los altos o bajos representantes del poder religioso configura una relación activa y dinámicamente engarzada en diversos ámbitos de mutuos intereses y complejas contradicciones. La gran diferencia que hoy se expresa tanto en los hechos como en la visita del Papa Francisco en Suramérica (Ecuador, Bolivia y Paraguay) es su inserción desde la cúpula del Vaticano con los excluidos. Esto es, con los más pobres y su postura de luchar junto a ellos por un mundo más incluyente y sin excluidos. En las palabras del Papa Francisco, él ha manifestado que el culto popular a las imágenes marianas fortaleció la identidad de nuestros pueblos, pero también de sus luchas como lo hizo María (una joven excluida en su tiempo).

“Y tengamos siempre presente en el corazón a la Virgen María, una humilde muchacha de un pequeño pueblo perdido en la periferia de un gran imperio, una madre sin techo que supo transformar una cueva de animales en la casa de Jesús con unos pañales y una montaña de ternura. María es signo de esperanza para los pueblos que sufren dolores de parto hasta que brote la justicia”.

En nuestros tiempos en que el capitalismo salvaje ha generado enormes exclusiones sociales, la voz del Papa del siglo XXI abre nuevas rutas que nutren a las religiosidades en formas distintas a las de centurias pasadas. En el momento actual la vista de Francisco presenta nuevos paradigmas del principal dirigente de la Iglesia católica en el imaginario político, económico, social y cultural de los pueblos latinoamericanos. Así, con su palabra propuso enfrentar la emergencia de nuevos y muy complejos fenómenos originados por la vulnerabilidad social y económica de nuestras naciones latinoamericanas, sus planteamientos han sido de plena búsqueda de la justicia frente a la globalización del modelo neoliberal: “La abundancia de unos no se puede construir sobre la escasez de otros”. Así, en su mensaje en el Encuentro Mundial de Movimientos Populares donde se reunió con cerca de mil 500 delegados (600 de Bolivia y 900 de diferentes países), entre otros aspectos dentro de su visión del papel social de la Iglesia católica, mencionó que para enfrentar la economía de exclusión que genera pobreza y mata a los seres humanos y a la Madre Tierra, es necesario unir a los pueblos.

Esa que él mismo llamó “la patria grande”. Asimismo propuso con la claridad que: “La primera tarea es poner la economía al servicio de los Pueblos: Los seres humanos y la naturaleza no deben estar al servicio del dinero. Digamos NO a una economía de exclusión e inequidad donde el dinero reina en lugar de servir. Esa economía mata. Esa economía excluye. Esa economía destruye la Madre Tierra”. Como también dejó claramente sentado las aspiraciones de los pueblos irredentos de nuestra América y del mundo al recordar que: “La Biblia nos recuerda que Dios escucha el clamor de su pueblo y quisiera yo también volver a unir mi voz a la de Ustedes: ‘Las famosas tres T’: tierra, techo y trabajo para todos nuestros hermanos y hermanas. Lo dije y lo repito: son derechos sagrados. Vale la pena, vale la pena luchar por ellos. Que el clamor de los excluidos se escuche en América Latina y en toda la tierra”.

Finalmente en ese discurso y pensamiento social del Papa de los excluidos, les dio la mejor esperanza en su lucha al decirnos (hablando de lo que en nuestro criterio es el mejor anhelo del socialismo del siglo XXI) :

“Para finalizar, quisiera decirles nuevamente: el futuro de la humanidad no está únicamente en manos de los grandes dirigentes, las grandes potencias y las élites. Está fundamentalmente en manos de los Pueblos; en su capacidad de organizar y también en sus manos que riegan con humildad y convicción este proceso de cambio. Los acompaño. Y cada uno digamos juntos desde el corazón: ninguna familia sin vivienda, ningún campesino sin tierra, ningún trabajador sin derechos, ningún pueblo sin soberanía, ninguna persona sin dignidad, ningún niño sin infancia, ningún joven sin posibilidades, ningún anciano sin una venerable vejez”.


teleSUR no se hace responsable de las opiniones emitidas en esta sección


Perfil del Bloguero
Nació en la ciudad de México, es Doctor en Estudios Latinoamericanos e investigador titular del Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe (CIALC) de la UNAM. Entre sus libros figuran: El pensamiento de Francisco Morazán (1992, 2000, 2003, 2007 y 2019); El narcotráfico en América Latina (2004 y 2008), Minorías sociales en América Latina (2014) . Recibió Mención Premio Casa de las América (2003).

Comentarios
0
Comentarios
Nota sin comentarios.