Dilma se deja ayudar

Entre impresiones e imprecisiones, parece que Brasil es un país incomprensible. Pero no lo es. Basta consignar el dato político más importante de este año: por primera vez, la presidenta Dilma Rousseff se dejó ayudar. Y quien la ayudó fue el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva a través del aporte de dos de sus hombres más cercanos.

Trade union leader Vagner Freitas (L), President Dilma Rousseff (C), and former President Luiz Inacio Lula da Silva greet the 12th congress of the Brazilian Trade Union Confederation in Sao Paulo, Oct. 13. 2015.

Uno, el nuevo jefe de la Casa Civil, la poderosa jefatura de gabinete que controla el día a día del gobierno, Jacques Wagner. Político experimentado, negociador flexible, carismático y popular, Wagner fue dos veces gobernador del Estado de Bahía, uno de los sitios donde mayor cantidad de brasileños entraron a la ciudadanía y al mercado de trabajo en los últimos doce años.

El otro aporte es el de Ricardo Berzoini, que quedó a cargo de las tratativas políticas. Berzoini fue uno de los cofundadores del Partido de los Trabajadores en 1980, tiene experiencia como dirigente sindical bancario y fue ministro de Lula.

¿La ayuda será suficiente? ¿Pasó el peligro de juicio político tramado por la oposición salvaje a un gobierno que asumió el 1° de enero y no cumplió ni el primero de sus cuatro años? Responder a esas dos preguntas es hacer futurología. Entretanto, la clave de la nueva situación es que el gobierno encabezado por el PT, el Partido de los Trabajadores, cuenta con un poder de fuego del que carecía.

La presencia de un equipo flexible y político en el Planalto, el palacio presidencial de Brasilia, no resuelve automáticamente ningún problema pero aporta herramientas que antes Dilma no tenía y, quizás, no creía necesitar.

El viraje hacia un escenario que estará marcado al mismo tiempo por la confrontación y las negociaciones apunta, por lo pronto, al aislamiento de Eduardo Cunha, el presidente de la Cámara de Diputados.

Cunha integra el Partido del Movimiento Democrático Brasileño. La paradoja consiste en que el PMDB es un aliado del gobierno, a tal punto que a esa fuerza pertenece el vicepresidente Michel Temer, y al mismo tiempo varios de sus dirigentes hostigan a la presidenta. Cunha es una verdadera cuña. Amenaza con el juicio político en articulación con Aécio Neves, el candidato conservador derrotado por Dilma en las elecciones de un año atrás, y con O Globo, uno de los monopolios televisivos más grandes del mundo.

Un resultado que ya consiguió la movida de Lula es que dos miembros del Superior Tribunal de Justicia tomaron distancia del embate para conseguir el juicio político utilizando la presión del Poder Judicial.

Si el PT consiguiera recuperar la estabilidad política y terminar con el jaque opositor hasta podría cambiar la política económica ortodoxa del ministro de Hacienda Joaquim Levy.

Dilma planteó el ajuste fiscal como una necesidad temporaria. Pero la delicada situación económica internacional en combinación con la crisis política se convirtieron en una maniobra de pinzas. El riesgo es que el ajuste adquiera una dinámica propia y sea irreversible. Un riesgo que por cierto no debería correr un país que, como Brasil, tiene nada menos que 330 mil millones de dólares de reservas y lleva diez años desendeudado y desconectado del Fondo Monetario Internacional.

Toda la región mira con expectativa. La suerte del vecino importa por solidaridad y porque cualquier movimiento de un gigante nunca pasa inadvertido para los demás.


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Perfil del Bloguero
Periodista y licenciado en Historia. Columnista del diario Página/12 de la Argentina, conductor de Sostiene Granovsky por CN23 y coordinador de la TV del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, www.clacso.tv. También dirige el Núcleo de Estudios del Brasil de la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo y es profesor en el Instituto del Servicio Exterior de la Nación de la Cancillería. En Twitter, @granovskymartin.
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