Después de Cataluña, ¿qué? | Blog | teleSUR
8 octubre 2015
Después de Cataluña, ¿qué?

Las elecciones en Cataluña y el futuro cercano de comicios generales en España, despertaron y mantienen en el mundo expectativas inusuales. Al convulsionado subcontinente europeo que no sabe cómo acomodar una respuesta y qué hacer con las decenas de miles de migrantes que le llegan -que le permita quitarse el estigma de ser el mayor represor en la historia de estos movimientos-, y al momento de crisis económico-político-social que asuela Grecia, se agregaron las miradas y las opiniones sobre el resurgimiento del catalanismo y especulaciones políticas sobre qué consecuencias pueden haber tras estas votaciones.

Después de Cataluña, ¿qué?

Ante estos hechos se dividieron opiniones y, por ejemplo, dos personajes conocidos internacionalmente, muy populares en sus tierras, Joan Manuel Serrat y Pep Guardiola, expresaron cosas contrarias: el cantante señaló lo "inconveniente" de presentar en estos momentos una opción independiente de España, mientras el entrenador abrazó la tesitura contraria.

Es que más allá del soberanismo -que eventualmente hubiese conquistado más votos planteando que fuese el pueblo de esta nación quien decidiera el grado de relación deseable y aceptable con el Reino de España- se impuso el independentismo, que hizo hincapié en un sufragio regionalista identitario, promovido desde cadenas de televisión en Cataluña, incluida la emisora pública. Todas las compulsas entre los ciudadanos indican que un 80% quiere más soberanía; es decir, está en el ánimo de la gente el derecho a decidir. Ese sentimiento se vio reforzado en diversas instancias, siendo la más próxima la ocurrida en 2006, cuando desde Madrid se objetó la constitucionalidad del término "nación" por los conservadores liderados por Mariano Rajoy, vocablo incluido en el Estatuto de Autonomía de Cataluña. Una y otra vez, desde el centro político español le fueron impuestos a los catalanes recortes a sus aspiraciones democráticas: lo hicieron las dictaduras de Primo de Rivera y de Fracisco Franco, que prohibieron la lengua catalana -algo que impusieron a otros territorios e idiomas-. La posibilidad de hablar en su lengua las tuvieron en el gobierno de la II República -que al ser asaltado dio paso al último gobierno de facto- y más tarde, se lo devolvieron en tres etapas: 1977, 1979 y 1983.

También división de opiniones ha causado el tema catalán en el campo internacional: la televisión pública France 5, en uno de sus programas, bajo el título "Riesgo catalán y contagio independentista" produjo de expertos y periodistas -aludiendo a la posibilidad que las intenciones secesionistas pudieran pudieran pasar a su Estado- la declaración de que "Existen elementos racistas en los catalanes".

En otra nación europea, con ingredientes propios de un adivino, Carl Schlyter- presidente del comité de Europa del parlamento sueco-, sostuvo que la discusión sobre este posible estado independiente y su adhesión a la Unión Europea, "cumpliría todos los requisitos" para ser un integrante más, y agregó que espera, en ese caso, que España "vea los beneficios de tener una buena relación con Cataluña". El señor Schlyter debe imaginar soluciones parecidas a las aplicadas en Checoslovaquia o las de los estados del Báltico desagregados de la URSS.

Sin embargo, dejando de lado el voto por un momento, hay un ejemplo cercano con el periodista que cuestiona, al finalizar un encuentro, en catalán y el uruguayo Luis Suárez -comprendiendo claramente qué le pregunta- contesta en castellano. Sobre este ejemplo se puede tener otra óptica, como la que desde Madrid nos da -escribiendo para El País- Jorge M. Reverte: "Yo creo que gane quien gane las votaciones que faltan, Cataluña ya está rota en dos comunidades casi igual de numerosas, y España ya está rota, dividida también en dos comunidades que van a tardar mucho tiempo en quererse como hermanos".

El centralismo madrileño -definido como la cúpula borbónico-neoliberal conservadora heredera del franquismo- impuesto sobre la hispanidad, ataca a quien pese no conseguir el exacto 50% de los votos por la independencia, resulta ganador de la contienda, Artur Mas. En la presidencia de la Generalitat, ha recurrido a impulsar el sentimiento independentista de amplios sectores catalanes para encubrir sus caídas en la consideración popular que lo ligan con el denominado establishment catalán, conocido como pujolismo (Jordi Pujol, presidente de la entidad autonómica de 1980 a 2003) del cual es continuador. El binomio ha controlado la Generalitat de Catalunya, ejerciéndola cual si se tratara de su propiedad, "gestionando el país con un clientelismo que dio pie a una enorme corrupción, ocultada por los mayores medios de información, los cuales lo presentaban como el oasis catalán, cuando en realidad era un pozo de enorme podredumbre que aún no se ha descubierto en su totalidad, debido precisamente al todavía poderoso entramado del pujolismo, del cual el actual partido gobernante CDC  (Convergència Democràtica de Catalunya) es heredero" afirma Vicenç Navarro en el diario digital Publico.es.

La lectura que hace Artur Mas de los resultados electorales no le permiten proclamar que la independencia -prometida para dentro de 18 meses- quedó legitimada, porque no alcanzó ni siquiera la mayoría simple. Pero tampoco la oposición conservadora de Ciutadans puede enarbolar un triunfo -sobre la base del supuesto fracaso de Mas-, lo que deriva en un escenario de amplia complejidad.

Entonces, es en este momento en que se deben entrar a ponderar otras cuestiones acerca de los juicios electorales de la ciudadanía sobre las que se habla poco cuando se hace referencia a la actualidad catalana. En el principio, Pujol presidía el territorio con la aquiescencia, el favor y la complicidad del Estado central que inició la transición de la dictadura a la democracia en materia social y, más concretamente, laboral, siguiendo los pasos de quienes lo habían ejercido de facto, y por socialistas que sólo sumaron un puñado de medidas progresistas para finalmente acabar "domesticados".

La crisis económica iniciada en 2008, empeoró la situación del mundo del trabajo con las recetas germano-francesas y de la troika sobre austeridad, con mayor cantidad de empleos precarios, desocupación creciente y caída del salario, siendo los de esta región los más reducidos de España.
Como se comprenderá, los consejos de la troika no sólo se dirigieron al mercado laboral, sino que implicaron que el Estado se deshiciera -total o parcialmente- de la gestión de vivienda popular, instrucción educativa, salud, estancias infantiles, lo que -en definitiva- afectó negativamente la calidad de vida de las grandes mayorías.

Como primeras consecuencias que deja la elección, deben considerarse el desgaste de los populares del presidente del gobierno, Rajoy; que el proceso apunta a la secesión regional; el crecimiento innegable del independentismo -generado por el descontento del centralismo de la cúpula madrileña, común a diversos sectores de España-; la existencia de un proceso separatista catalán en ciernes, que el plebiscito dividió entre una mayoría que no quiere la separación y una numéricamente gran minoría que sí.

Queda pendiente seguir la evolución de los partidos, lo que permitirá ahondar en los motivos de sus comportamientos y explicar los por qué en áreas populares de Barcelona -Cornellà, Sant Adrià, Hospitalet o Santa Coloma de Gramenet- tuvieron los cómputos más bajos los independentistas -23 y 24% del voto- y muy reducidos en esas áreas, de familias de trabajadores, quienes representan a la izquierda.


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Perfil del Bloguero
Periodista uruguayo que en Montevideo trabajó en CX 8 - Radio Sarandí (1972-76). En el exilio (1976-19859 escribió en El Día, México; El Nuevo Diario de Nicaragua y Agencia Nueva Nicaragua (1983-90). Asimismo, en México lo ha hecho en Novedades, La Jornada y Aldea Global de México (1998-2014). En la actualidad, escribe regularmente en Uruguay para el Semanario Voces.

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