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Israel pierde la batalla de la opinión pública
Publicado 11 agosto 2014

Poco a poco va siendo evidente que Israel está perdiendo la batalla de la opinión pública en su artera y criminal agresión contra la población de Gaza y, en general, contra la nación palestina. Y no podía ser de otra manera. Vivimos en la época de mayor y más extenso desarrollo de los medios de comunicación, lo que hace imposible ocultar o minimizar el genocidio que Tel Aviv está cometiendo en Gaza.

Es cierto que la inmensa mayoría de los medios de comunicación occidentales, como gigantescos conglomerados capitalistas y por tanto simpatizantes del sionismo, pretenden ese ocultamiento y esa minimización, pero es claro que no lo están logrando. 

Contra toda la palabrería en favor de la agresión, basta una fotografía de niños palestinos asesinados por la metralla israelí en la primera plana de cualquier periódico del planeta para concitar el repudio y la condena más severa para el gobierno israelita.

¿Cómo ocultar o minimizar la declaración pública de condena a Israel de varias centenas de los más prestigiados científicos, artistas, periodistas, cineastas y, en general, de los mejores intelectuales del orbe? Hace apenas unos días un grupo de cineastas y artistas españoles pidió el cese de la criminal agresión contra Gaza, y la maquinaria mediática occidental no pudo evitar su difusión, la que resultó enorme. Y, acto seguido, tampoco pudo ocultar o minimizar la respuesta amenazante, abiertamente chantajista, de los grandes estudios hollywoodenses contra cineastas y artistas: “Si protestáis por la agresión y censuráis a Israel no podréis filmar en Hollywood. No habrá contratos, dinero a raudales y una mayor celebridad internacional”. 

Por otra parte, internet permite y consigue que millones y millones de personas, sobre todo jóvenes, conozcan los hechos de Gaza y los crudos testimonios y evidencias sobre la matanza que el ejército israelita lleva adelante en los territorios ocupados ilegal y militarmente por Tel Aviv.

El fracaso del ocultamiento de la masacre ha obligado al sionismo a echar mano de sórdidas justificaciones a cargo de ciertos intelectuales de la más cavernaria derecha. A la sucia, interesada y económicamente rentable campaña justificatoria se han sumado personajes ligados al imperialismo como Enrique Krauze y Mario Vargas Llosa. Pero estos tristes personajes sólo han conseguido un mayor desprestigio político y humano.


Pero si la tarea de ocultamiento y minimización de la matanza ha sido imposible, también lo está siendo el éxito de la campaña militar israelita. Tel Aviv es capaz de producir enormes sufrimientos, ríos de sangre y montañas de muertos, pero no está en posibilidades de vencer la resistencia palestina a la ocupación y al despojo. Resistencia política, social, ética y cultural a los  esfuerzos de dominación sionista.

Pare vencer, Israel tendría que poner en práctica un genocidio absoluto. Y no hay en la historia, al menos en los últimos 500 años una experiencia semejante. La conquista de América es prueba fehaciente de la imposibilidad del genocidio absoluto. Cinco siglos más tarde, la población originaria de América sigue viva y luchando por recuperar sus tierras, sus aguas, sus derechos. Al menos el diez por ciento de la población actual de México es indígena o se reconoce indígena.

A ese genocidio español en América se le ha llamado la mayor hecatombe demográfica de la historia. De 25 millones de habitantes a finales del siglo XV, la Conquista exterminó a más de 24 millones. Estuvo España cerca de lograr el genocidio absoluto, pero no lo consiguió.

Mientras haya guerras de conquista, ocupación militar y rapiña, habrá resistencia. Pacífica o armada. La causa palestina no puede ser derrotada. Ni militar, ni cultural ni mediáticamente. Ya lo sabíamos y, por enésima vez, lo estamos comprobando.


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