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China: De lo económico y tecnológico, a lo cultural
Publicado 14 septiembre 2015

Por la fuerza de los hechos, se ha impuesto la verdad y ésta se refiere a que a nivel mundial o global, el mundo unipolar ha fracasado con su modelo parasitario, el capitalista, lo que ha devenido en un reacomodo de la política de la antipolítica, la estandarización de la cultura de consumo impuesta desde el gran capital, la desaparición de lo autóctono, con grandes  paradojas, a pesar de la supuesta globalización y desaparición de las fronteras geográficas: el aislamiento entre los países semicoloniales o dependientes y la atomización frente al imperialismo decadente.

Es así como en el horizonte de lo posible, no al azar, sino producto de la lucha dialéctica, que es materialista e histórica, es de donde podemos percatarnos del surgimiento del nuevo mundo multicéntrico y pluripolar, que está en las antípodas del capitalismo y de la concepción parasitaria del imperio que se ha arrogado su “unipolaridad” desde su acostumbrada arrogancia imperial, que está depredando al planeta y nos puede poner a las puertas de su destrucción.

Es en este nuevo mundo que traspasa las fronteras geográficas, en donde la República Popular China juega un papel histórico y de importancia capital, ya no como imperio según la tradición parasitaria capitalista, sino como una potencia en el que su fuerte está  en la solidaridad, en las relaciones económicas para ganar todos con el crecimiento económico a la par de la liquidación de la pobreza  (contraria a la visión capitalista de economía que es especulativa sobre la base financiero – especulativa). He allí, también, una de las razones por las cuales el imperialismo estadounidense y sus socios parasitarios de la Organización para el  Tratado del Atlántico Norte (OTAN)  y la Unión Europea  (UE) ven en China un peligro a sus intereses de rapiña sobre los países semicoloniales o, si queremos ser benévolos en la palabra, pudiéramos llamarlos “subdesarrollados”, que al salir del atraso técnico, tecnológico y al alcanzar su soberanía, dejarían de ser presa fácil del imperio decadente y sus aliados.

Es también, una razón más para que nuestros pueblos emancipados, superando la boba concepción “occidentalista” del centro y la periferia, aprendamos que el ver a los hermanos asiáticos como el otro y el allá, es un encapsulamiento al que nos quisieron condenar mediática y culturalmente, que afortunadamente, en países latinoamericanos y caribeños, como la República Bolivariana de Venezuela, nos hemos liberado y hemos vuelto la mirada y las relaciones de hermandad que puedan superar los atavíos, las falsas concepciones, los prejuicios y la dependencia imperial, razón por la cual consideramos que para consolidar y hacer posible este nuevo mundo multicéntrico y pluripolar, debemos ir a otra etapa de relaciones más profundas, más allá de las  comerciales y la transferencia tecnológica, para dar con una interculturalidad entre China y nuestros pueblos.

Desde Venezuela, también  entendemos que la firma de más acuerdos, implica profundizar lazos de hermandad, no sólo por conveniencia circunstancial o torpe oportunismo mutuo, sino por la integración que ha de ser nuestro norte.

Más allá de lo gubernamental, Venezuela ha mantenido  las mejores relaciones con China, desde el Comandante Chávez hasta el presidente Nicolás Maduro, lo que nos ha liberado de los estereotipos que en relación con el pueblo chino, nos han vendido y pretendido introyectar desde el imperio estadounidense y sus socios del viejo mundo parasitario. Pero, debemos profundizar esos lazos, por nosotros y por el bien del planeta, como habitantes que somos de la “única y contaminada nave espacial”, según lo  gráfica el analista y profesor Walter Martínez.

Nos corresponde entonces, ser celosos guardianes de nuestra hermandad sino– venezolana, de la que saldrá un profundo y hermoso  mestizaje cultural, como garantía de ese nuevo mundo que ha de preservar la vida del planeta, como nos lo proponemos en este nuevo mundo, al que no lo separan los continentes, ni los mares.


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