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El ministro venezolano, Rafael Ramirez, dijo que duplicarán las ventas en la frontera. (Foto: AVN)

El ministro venezolano, Rafael Ramirez, dijo que duplicarán las ventas en la frontera. (Foto: AVN)

Publicado 11 junio 2014

El día 22 de junio en el Mundial de Fútbol USA 94, el defensor colombiano Andrés Escobar, un barón de la caballerosidad,  hizo un autogol que significó la pérdida de su equipo. Dos semanas más tarde, 2 de julio de 1994, un sicario lo asesinó en Medellín, no sin antes decir que su error les había costado caro.

La investigación determinó que su homicidio procedió de la orden dada por narcomafias dedicadas a las apuestas en el campo del deporte profesional; el homicida, acogiéndose a los beneficios del nuevo Código Penal, finalizó pronto fuera de la cárcel. Nunca se pudo probar su relación con casas de apuestas ni con palabras empeñadas. El fútbol-clase hacía nueva aparición en la escena con un hecho luctuoso y trascendente, pese a su nebuloso trasegar.   

Mafias, Fifas y mercados

Lo cierto es que a raíz de este compromiso próximo a iniciarse, el incremento de la información en los medios sobre las manifestaciones de protesta en Brasil y su interpretación negativa, posee un sentido oculto para los pensadores de la geopolítica ya que, basado en reivindicaciones válidas y necesarias, encubre otra significación: atribuye al Mundial mismo como causa detonante. Preguntarse si habrá una relación entre Brasil como miembro de los BRICS y sus posturas soberanas con la interminable letanía de información dirigida, usualmente sin análisis y simplemente constatando datos, puede ser importante de precisar, especialmente por la situación de Suráfrica en el pasado mundial y que no tuvo tan especial repercusión.

Evidentemente uno de los primeros aspectos que no se resalta es que las mafias están presentes, de ningún modo por obra del fútbol maravilloso sino por un sistema de apuestas extra oficial donde personas que son fanáticas del deporte ponen en riesgo cantidades de dinero en tono fuerte: si un hincha extremo deja su camisa y zapatos en prenda para ir a un partido, aquí los niveles son mayores pues el capital y la vida están en riesgo para quien no cumpla pues las leyes de un sistema paralelo se respetan, incluso sólo con dar la palabra, superando la necesidad de jueces formales: el que pierde, paga, es la única fórmula.

La historia demuestra con creces como en Italia y España se ha realizado persecución judicial a individuos vinculados a juegos de azar ilegales, intentando esclarecer la vinculación de las mafias que arreglan partidos, coaccionan a jugadores, entrenadores, técnicos, con tal de obtener las sumas puestas en la mesa controlada. Las recientes amenazas realizadas por correo electrónico al jugador que lesionó a Falcao han hecho que éste se manifieste públicamente afirmando que sabe que ello no tuvo ninguna intención oculta sino que fue producto de un choque normal en dicho partido, exceptuándolo de responsabilidad por lo que implica esta advertencia, denotando que dicha realidad existe y es de preocupación internacional. Las investigaciones llevadas a cabo por la reciente Agencia Nacional Contra el Crimen en Gran Bretaña confirman la existencia del arreglo de partidos con cifras y métodos destacados: recibir 30 mil libras esterlinas por una tarjeta amarilla son valores difíciles de rechazar sin tomar en cuenta los beneficios de un “trabajo fácil”.

Indudablemente que los “corredores de la bolsa deportiva” hagan presencia es difícil de identificar; lo importante es determinar cómo la codicia y el riesgo se apodera de cualquier ámbito donde el resultado esté en duda y sean capaces de influir en la medida que los protagonistas, en cualquier nivel, puedan ser manipulados, coaccionados o amenazados. Lo cierto es que ahora, con gran seguridad gracias a los controles y mirada sagaz a este proceder, los instintos más puros de la nacionalidad entendida en su mejor esencia junto a  la preparación y búsqueda del símbolo, se desea que no se pueda determinar por fuera de los cauces legales los finales ansiados. Es la confianza puesta aunque sin comprobación plena.

Y su existencia, sin ser la causa efectiva, tiene que ver con la estructura que planifica dicho evento pues desde que el fútbol posee componentes que están vinculados a factores extra deportivos, como son la búsqueda del capital y su rentabilidad donde la FIFA administra el potencial mundial, existen nuevas miradas a dicha actividad.

Respecto a la FIFA, la repetición permanente de su definición formal ha impedido comprender su dimensión socio política. Desde una conceptualización adecuada, la Federación Internacional de Fútbol Asociado es básicamente una empresa de espectáculos del más alto nivel cuyos fundamentos filosóficos son de carácter político en la medida que es un exponente del sistema neoliberal en su máxima expresión, así como controla, administra y define el mercado del fútbol. En tanto entidad privada, asume una normatividad rígida la cual impone a los trabajadores de este deporte serios reparos a su sindicalización o participación pública en opciones democráticas que puedan “afectar la imagen institucional”. Así, se manifiesta como aparato neutral aun cuando sus directivos tengan relaciones de poder en los más diferentes espacios internacionales o nacionales.

En términos administrativos es el órgano máximo del balompié, conformado por 209 asociaciones, registrando un superávit de $ 72 millones, según su informe económico anual en el 2013, que mueve anualmente unos 500 mil millones de dólares, recauda más de 600 millones de dólares sólo en utilidades en un año, con un patrimonio estimado superior a más de mil millones. Como empresa privada dedicada a explotar una pasión enorme en el mundo, cual es el fútbol, su fin es obtener rendimientos económicos que permitan una rentabilidad duradera. Para ello, se establece todo un sistema de control, inversiones, campeonatos, secuencias, leyes laborales propias, etc., es decir, el fútbol-negocio, llegando hasta las “misiones bancarias” que establecen “ofertas” en todos los países a través de las “tarjetas del mundial”, prometiendo “descuentos”, ”premios”, rifas, para los “verdaderos fanáticos del fútbol”: “Juan, vive la fiesta del fútbol y gana cada 15 minutos con tu Tarjeta de Crédito”, parece ser la consigna.

En últimas, lo trascendente es que existe un mercado que se apodera de casi todo el espectro lúdico sin dejar espacio amplio a la individualidad y la belleza creativa pues se convierte en un drenador de personas que las consume en tiempo, edad, exigencia, sacrificio, en pos de obtener ganancia. Las recientes cifras según las cuales si un equipo gana el certamen recibe 720 mil euros por jugador, deja muy claro una parte importante de los elementos motivadores, además de los adyacentes.

Por este mecanismo de creación artificial, personas humildes de rasgos normales se convierten en bellos (siendo los mismos), como resultado de aparecer continuamente en los Medios, farandulizando la vida de cada ser hasta engullirlo plenamente. Afortunadamente, varios jugadores han superado el nivel de trabajador obligado para adquirir una conciencia de la sobreexplotación y alienación, organizándose para exigir sus derechos laborales aunque sometidos a la flexibilización y las oportunidades de empleo, aprovechando las oportunidades que el sistema otorga. Se entiende, entonces, que, las recientes críticas a la FIFA realizadas por Diego Maradona en el canal Telesur, documentando además la forma inadecuada de distribuir utilidades, han tenido efecto obteniendo respuesta inmediata de Joseph Blatter, quien ha manifestado que nadie destruirá a su organismo, pese a las solicitudes de abandono hechas por el  presidente de la Federación Holandesa de Fútbol (KNVB), Michael van Praag, tras acusaciones de corrupción contra la Federación.

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