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El crujido llegó hasta la UBA
Publicado 19 marzo 2015

Había pedido licencia por tres meses, pero la desarticulación de sus apoyos en Inteligencia y los reclamos más intensos en favor de su desplazamiento hicieron que el ex número dos de De la Rúa en la SIDE renunciara a su cargo como vice en la universidad.

No aguantó mucho y al final renunció. El vicerrector de la Universidad de Buenos Aires en uso de licencia, Darío Richarte, envió ayer una carta al rector Alberto Barbieri anunciando que dejaría el cargo. La decisión es un coletazo de la discusión pública sobre su papel en el espionaje y la Justicia desde que en 1999 fue designado número dos de la Secretaría de Inteligencia del Estado y se convirtió en un devoto de los aparatitos de escucha.

“En el actual estado de cosas y en los tiempos que corren, creo que no es bueno para la Universidad que su repercusión pública esté relacionada con una discusión acerca de las características personales de una o varias personas”, dijo Richarte en la renuncia. También agradeció a los consejeros que lo defienden y les pidió que no lo hagan más. “A partir de ahora mi defensa la voy a asumir personalmente en los tiempos y ámbitos que considere apropiados dentro de los derechos que me asisten como cualquier ciudadano”, afirmó.

Richarte es cabeza de un estudio jurídico en el que revistan abogados como Diego Pirota, hasta hace un mes letrado del vicepresidente Amado Boudou en distintas causas. Otro de los defendidos célebres era Claudio Uberti, a cargo de la supervisión de los peajes hasta que Néstor y Cristina Kirchner le pidieron que renunciara a sus cargos en el Estado tras el escándalo de los dólares introducidos por el venezolano luego alojado en Miami Guido Antonini Wilson.

Designado por Fernando de la Rúa y su hijo Antonio como subsecretario de la SIDE con los dos secretarios de aquel gobierno, primero Fernando de Santibañes y luego Carlos Becerra, Richarte mantuvo lazos con una parte de la estructura encabezada por Antonio Stiuso. La fue completando con los años con una trama de influencia y llegada en la Justicia federal sobre todo a través de Javier Fernández, un antiguo asesor del ministro Rodolfo Barra, que pasó de Justicia a miembro de la Corte Suprema. Fernández, igual que Richarte, consiguió ser considerado una pieza útil no sólo como miembro del Colegio de la Auditoría General de la Nación, sino como otro de los operadores con capacidad de circular y persuadir a miembros del sistema judicial. Fernández pasó incólume por sobre sus antecedentes con Barra del mismo modo en que Richarte sobrevoló airoso el escándalo de las coimas en el Senado y la pesquisa posterior.

Cercano al presidente de Boca Juniors, Daniel Angelici, que fue presidente de la Cámara Argentina de Salas de Bingos y Anexos y fue uno de los primeros radicales en pasar al PRO, Richarte es miembro del Tribunal de Disciplina de la Asociación del Fútbol Argentino. Otra de sus bases es la docencia en la Facultad de Derecho. En la carta al rector afirma que da clases desde 1992.

Después de habituarse al perfil bajo de un Germán Moldes, por poner una figura relevante en el sistema de Justicia, Richarte comenzó a verse expuesto cada vez más a partir del momento en que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner descabezó a la Secretaría de Inteligencia y reemplazó tanto al número uno y al número dos, Héctor Icazuriaga y Francisco Larcher, como al director de Operaciones, Antonio Stiuso, y al director de Análisis, Alberto Mazzino.

Richarte duró nada más que un año al frente del vicerrectorado, o menos si se tiene en cuenta que a principios de marzo ya había pedido licencia por 90 días y ni siquiera llegó a cumplir el plazo. El vaivén público de su nombre y sus actividades no resistió ni siquiera su sólida estructura de origen. Había sido electo vice por el Consejo Superior de la UBA con 18 votos derrotando a Federico Schuster, el filósofo e investigador que fue dos veces decano de la Facultad de Ciencias Sociales.

Consultado en marzo de 2014 por Página/12 acerca de Richarte, Barbieri dijo: “No puedo hacerme cargo de las cosas que se dicen. Los cuestionamientos políticos son políticos y los legales se hacen en la Justicia”.

La candidatura y la designación de Richarte fueron cuestionadas desde un primer momento por parte de los consejeros kirchneristas y por los consejeros estudiantiles, en especial los que responden al Partido de los Trabajadores Socialistas, PTS, que siempre mantuvieron el reclamo en pie y redoblaron la apuesta cuando surgió el affaire Stiuso y más tarde el affaire Nisman. Primero el consejo directivo de la Facultad de Ciencias Sociales votó por mayoría pidiendo la salida de Richarte y también lo hizo, ayer por la mañana, el consejo directivo de Filosofía y Letras.

Como diría Barbieri, “los cuestionamientos políticos son políticos”. Nada más, pero nada menos.

Artículo tomado de Página 12 http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-268478-2015-03-19.html


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