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    Tras el escenario de violencia en Bengasi, centenares de ciudadanos han perdido la vida.

Una Libia estable económica y socialmente durante el Gobierno de Gadafi, versus un país devastado por ataques, bombardeos y enfrentamientos continuos es la comparación que puede hacerse, luego de la invasión de la OTAN en 2011.

Desde febrero de 2011, cuando rebeldes libios, mercenarios extranjeros y fuerzas de la Organización del Tratado Atlántico Norte (OTAN), apoyados por Francia y Estados Unidos (EE.UU.), iniciaron operaciones para derrocar al líder Muamar Gadafi, Libia comenzó a sumergirse en el caos.

Asimismo, los constantes enfrentamientos entre las milicias armadas y fuerzas del Gobierno por obtener el control de los recursos energéticos y la nación han profundizado la crisis.

Una serie de manifestaciones iniciadas en Bengasi (noreste) y alentadas por Occidente, con la finalidad -según sus participantes- de exigir mejores condiciones de vida y protestar en contra de Gadafi, dieron paso a las revueltas que ocasionaron decenas de fallecidos y heridos, en un conflicto que se extendió hasta octubre de 2011 y terminó con el asesinato del líder libio y la victoria de los mercenarios. 

Cronología→ La invasión en Libia

Ésto dio pie a un oleaje de comentarios, muchos a favor, y otros pocos, pero muy certeros, augurando un futuro de ruinas para la nación africana, entre ellos el líder de la Revolución Bolivariana, Hugo Chávez, quien a lo largo de su Gobierno, mantuvo buenas relaciones bilaterales con Libia.

Durante las revueltas y posterior a la muerte de Gadafi, diversos analistas internacionales aseguraron que el verdadero objetivo de la operación en Libia no era “establecer la democracia”, sino tomar posesión de sus reservas de petróleo y privatizar la industria petrolera del país, transfiriendo el control y propiedad de su riqueza principal a manos extranjeras.

Los años han demostrado que lo planteado en un principio no fue más que palabras disfrazadas de “esperanza” para quienes no seguían al Gobierno de Muamar Gadafi, pues desde aquel 20 de octubre en el país se han registrado innumerables acciones de carácter terrorista y, sobre todo, perjudiciales para el pueblo y la economía de Libia.

Desgobierno total, enfrentamientos entre las milicias libias, asesinatos, atentados a misiones diplomáticas, protestas, la continua caída del petróleo (fuente de riqueza del país, que está en manos de fuerzas de la OTAN), y la expansión de los extremistas de Ansar al Sharia y el autodenominado Estado Islámico (EI) son parte de lo que ocurre en Libia cotidianamente; mientras que dos gobiernos se disputan el poder.

En Libia hay dos primeros ministros, dos parlamentos y dos ejércitos formales, que desde dos ciudades distanciadas por más de mil 300 kilómetros, luchan por imponerse en la nación.

Una de las administraciones, encabezada por el primer ministro Abdulá al Thinni, reconocido como el “mandatario” de Libia por la comunidad internacional, se encuentra en la ciudad de Tobruk (este), donde además radica un parlamento que intenta implantar una constitución e instituciones que permitan administrar el país, a pesar de que no controlan ninguna de las tres principales ciudades.

Mientras tanto, el otro gobierno está radicado en Trípoli, capital y la ciudad más habitada del país. Esta otra parte es dirigida por la organización Fayer Libia (Amanecer en Libia), conformada mayormente por habitantes de Misrata (la ciudad con mayor enclave portuario ubicada al noreste), que en 2014 instauraron el llamado “Gobierno de Salvación”.

Fayer Libia es una alianza dirigida por los diputados rebeldes del anterior Congreso General de la Nación, la formación legislativa que se intentó instaurar tras la caída de Gadafi, pero que no logró estabilizarse.

Asimismo, en todo el territorio nacional los civiles han formado centenares de milicias fuertemente armadas que pretenden imponer su ley, por medio de enfrentamientos, robos, saqueos y violaciones.

 

En todo esto influye la proliferación de armas, un fenómeno favorecido por la permeabilidad de las fronteras, abiertas también al tráfico de drogas, personas y grupos armados.

Otra de las amenazas que enfrenta el pueblo libio es el robo de petróleo por parte de la OTAN, que en contubenio con empresas multinacionales de EE.UU., Francia y demás naciones de la Unión Europea (UE), controla militarmente las plataformas del sector.

En relación a esto, teleSUR contactó al analista internacional, Basem Tajeldine, quien detalló que los grandes recursos del país con la mayor reserva de oro negro en la región, se ha explotado incesablemente; pero, la ausencia de un Estado que contabilice la cantidad de crudo extraído y que determine su destino, ha permitido el gran robo que dirige a esa nación a una crisis financiera.

¿Quién fue Muamar Gadafi?

En 1969, Muamar Gadafi derrocó al Rey Idris I, quien había permanecido en el poder desde 1952. Al tomar el mando, el coronel implantó un gobierno conocido como la Yamahiriyya (Estado de las Masas) y se le atribuyó el título honorífico de líder de la Revolución o hermano líder y guía de la Revolución.

 

Entre el 10 de enero y el 16 de julio de 1972 se encargó personalmente de la jefatura del Gobierno, y tomó también la cartera de Defensa.

El 15 de abril de 1973 proclamó la Revolución Cultural Libia y publicó el denominado Libro Verde en el que exponía su original concepción del Islam: La solución del problema de la democracia: el poder del pueblo; La solución del problema económico: el socialismo; y El fundamento social de la Tercera Teoría Universal.

Libia antes del ataque de la OTAN

En 1951, antes del Gobierno de Gadafi, Libia era el país más pobre del mundo, sin embargo, durante las cuatro décadas de su mandato, la situación mejoró paulatinamente. Previo a su asesinato por los mercenarios de la OTAN, la nación tenía el nivel de vida más alto del continente africano, y superaba el de Rusia, Brasil y Arabia Saudita.

A lo largo del Gobierno de Gadafi, y aun más luego de su muerte, los medios hegemónicos occidentales lo señalaban de violador de derechos humanos, sin embargo, el activista irlandés-palestino contra la guerra, Kenneth Nichols O'Keefe, puso a circular un video en el que explica los beneficios de ser un ciudadano libio antes de la intervención de Francia, EE.UU, la OTAN y potencias de Occidente.

O'Keefe detalla en su material audiovisual que en los 42 años de mandato del líder libio, la electricidad empezó a llegar de manera gratuita a la población, así como los servicios médicos. La educación pasó a ser pública y la alfabetización incrementó de 5 a 83 por ciento.

Si los libios no encontraban educación o atención médica del nivel que necesitaban, el gobierno les otorgaba los fondos necesarios para conseguirlos fuera del país.

Además, subsidiaba el 50 por ciento en la compra de vehículos, la gasolina tenía un costo bajo (14 centavos de dólar el galón), y si alguien pensaba emprender como agricultor, recibía gratis, tierra, casa, animales, equipo de agricultura y semillas.

La vivienda era considerada un derecho de la humanidad, por lo que los recién casados, recibían un bono equivalente a 50 mil dólares, para comprar una casa. De hecho, Gadafi prometió una casa a todos antes de darle una a su padre y mantuvo su palabra: su progenitor murió sin casa.

Asimismo, los préstamos de cualquier clase tenían cero por ciento de tasa de interés, el Banco Central de Libia era una institución soberana al servicio e intereses de los ciudadanos libios. Sin embargo, después de la muerte del líder libio, la primera acción de los mercenarios fue crear un nuevo banco central de propiedad de esta dinastía europea Rothschild, de descendencia judeoalemana. 

La familia Rothschild es propietaria de la mitad de la riqueza del mundo. Sus grandes riquezas provienen de la especulación financiera y de préstamos con altos intereses. 

Libia era un país que invertía en los países africanos vecinos en proyectos de desarrollo local (infraestructura, comunicaciones, agricultura) que beneficiaban a la población. A diferencia del Fondo Monetario internacional (FMI) concedía préstamos a otras naciones sin interés o con tasas muy bajas.

Desarrollo humano en declive

Según el portal web DatosMacro, el índice de desarrollo humano de Libia en el 2010 fue de 0.799 y se ubicó en el puesto 50 del ranking mundial, sin embargo, luego del derrocamiento de Muamar Gadafi, dicho indicador ha descendido considerablemente.

En el último sondeo realizado en 2013, se puede ver que la nación africana obtuvo el puesto 55 del mundo, con un desarrollo de 0,784 puntos. Teniendo en cuenta que esta medición se hace a través de tres variables (vida larga y saludable, conocimientos y nivel de vida digno), se hace evidente la mala administración que ha regido en el país luego de anunciada la muerte del líder de la Revolución libia.

El mundo habla sobre Libia

El presidente de Rusia, Vladimir Putin, dijo hace poco que “resulta evidente que lo que ocurre actualmente en Libia es una consecuencia directa de la catástrofe económica y social de los incesantes ataques de grupos radicales” y consideró que el mundo es testigo de una verdadera desintegración de Libia como Estado.

Putin se ha mostrado en favor de poner fin al conflicto mediante medidas pacíficas, y asegura que Moscú secunda una solución que abarque la participación de actores regionales y organizaciones internacionales.

Por su parte, el analista internacional, Basem Tajeldine, indicó en una entrevista concedida a teleSUR, que para acabar con la crisis, es necesario primordialmente que la OTAN deje de intervenir en Libia, que se reconozca internacionalmente al Gobierno de Tobruk, se inicie una reconciliación y se luche frontalmente contra los grupos terroristas que se han impuesto en el territorio.

Bajo el anonimato, un alto oficial de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), tildó de un “error grave” la intervención militar en Libia para matar a Muahamar Gadafi en 2011. “Luego del procedimiento militar, no se hizo seguimiento al contexto político de la nación, hasta que se estableciera la seguridad y estabilidad”.

Asimismo, el ministro delegado para Asuntos Magrebíes y Africanos del ministerio de Asuntos Exteriores de Argelia, Abdolqader Mesahel, señaló que su país advirtió a las naciones de Occidente que la arremetida militar repercutiría negativamente en Libia, pero hicieron caso omiso.

Desde septiembre de 2014, milicias extremas de Libia han intentado retomar el control del aeropuerto de la ciudad de Trípoli, que agrupa un aeródromo civil y una base aérea militar.
Tras el escenario de violencia en Bengasi, centenares de ciudadanos han perdido la vida. En este sentido, la ONG Libia Body Count, detalla que al menos cuatro mil personas han muerto a raíz del conflicto desde principios de 2014.
Le invitamos a ver el documental de teleSUR: Libia en tres tiempos, donde se muestran las experiencias de los tres corresponsales del canal que viajaron al país africano para hacer cobertura de los hechos y mostrar la verdad de lo que ocurría:


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