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Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) más de 10 muertos por cada 100 mil significa una epidemia y los países deben modificar profundamente sus políticas de Seguridad.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) más de 10 muertos por cada 100 mil significa una epidemia y los países deben modificar profundamente sus políticas de Seguridad. | Foto: EFE

En 2012, según datos del Ministerio de Seguridad de Honduras, la tasa de muertes violentas en el país era de 89 por cada 100 mil habitantes, esto quería decir que diariamente eran asesinadas 20 personas.

Las Naciones Unidas difería y decía que el numero era de más de 100 por cada 100 mil, ubicándonos en el infame lugar del país más violento del mundo. Los datos de Naciones Unidas venían de investigaciones realizadas por el Observatorio de la Violencia de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH).

Si recordamos, el 2012 fue el año del descaro nacionalista, ese año sin que nadie denunciará, salían no carretas sino  camiones y ambulancias llenas de billetes robados del Instituto Hondureño de Seguridad Social (IHSS) y del Sistema de Salud Pública. Ese año se robaron los fondos de pensiones de los trabajadores públicos en el INJUPEM.

Por todo se robaron casi 10 mil millones de lempiras (500 millones de dólares) según datos de la Comisión Multipartidaria del Congreso Nacional, de la que los periódicos nacionales sólo destacaron los fondos de la Cuarta Urna que por decisión del Poder Ejecutivo fueron de 2 millones de dólares en 2009. Nada se dijo ni se dio seguimiento al multimillonario latrocinio del Gobierno de Lobo.

En aquel año, la Corte Suprema de Justicia dejó de trabajar y los operadores de justicia dejaron de investigar. Los policías mataban a jóvenes inocentes y eso dio paso a la militarización. El 2012 fue el año de la corrupción desmedida y de la consolidación de la militarización. Ese año 7,172 hondureños murieron violentamente.

2013

En 2013 empezó la campaña por la Presidencia de la República, el oficialismo tenía que ordenarse. El candidato Juan Orlando Hernández, que era el Presidente del Congreso Nacional, tenía dos propuestas.

La primera era que los militares, haciendo funciones de Policías, iban a reducir la violencia, y la segunda que la entrega de la Soberanía Nacional iba a atraer la inversión con las ciudades modelo, polos de desarrollo que iban a reducir la miseria.

En 2013 terminó el período de Julieta Castellanos como Rectora de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH).

Su período como rectora de la Alma Mater fue caracterizado por la optimización de los recursos públicos, el rescate de la imagen de vanguardia de la Universidad Pública frente a la Privadas y el enfrentamiento interno con las fuerzas históricas de la máxima Casa de Estudios desde el Sindicato de Trabajadores de la UNAH (Sitraunah) que sufrió muchos reveses en sus conquistas laborales, hasta la completa desarticulación de la representación estudiantil controlada por el derechista Frente Unido Universitario Democrático (FUUD).

El período de Castellanos también fue caracterizado por su enfrentamiento contra la política de seguridad del Estado.

Desde el asesinato de su hijo en octubre de 2011, por parte de agentes policiales, la rectora se dedicó utilizando el Observatorio de la violencia a desmentir al gobierno, a mostrar las cifras reales de la violencia y los escuadrones de la muerte.

En 2013 bajo una negociación con el Presidente del Legislativo y entonces candidato presidencial Juan Orlando Hernández, Julieta Castellanos modificó la normativa universitaria y fue reelecta como rectora.

Al final de ese año, y ya Juan Orlando Hernández electo Presidente, el Ministerio de Seguridad anunció una reducción de 751 muertes violentas en comparación con el 2012. En esta ocasión la UNAH no contradijo el reporte oficial si no que lo avaló.

Oficialmente el saldo del 2013 fue de 6 mil 431 muertes violentas dejando un promedio de 18 muertes diarias para un índice de 80 muertes violentas por cada 100 mil habitantes.


Los 800

En 2014, ya con el nombramiento del ex Vicepresidente del Congreso Nacional Arturo Corrales a la cabeza del Ministerio de Seguridad el Observatorio de la Violencia de la UNAH, aceptó que la información con la que iba a hacer sus análisis vendría filtrada desde el Gobierno.

Antes los investigadores universitarios tenían acceso directo a lo que reportaban las morgues locales, las postas policiales y los medios de comunicación. Esa información, en bruto, era procesada independientemente y permitía desnudar las maniobras y los maquillajes oficiales.

Corrales al tener control de la información cambió la forma de registrar la misma. La segmentó, dividió el registro de muertes violentas entre los levantamientos hechos por los agentes en la escena del crimen, las fosas comunes, partes de cuerpos encontradas y otras distintas categorías que trastocan los números reales. El siguiente paso fue el control de la prensa.

Los periodistas de nota roja en Honduras no reportan nada que no lo haya autorizado la Policía o el Ejército, hacerlo sería ponerse en peligro. A diario son varios los reportes de asesinatos que llegan como denuncias pero que no salen impresos en las ediciones de los días siguientes.

El Observatorio de la Violencia avala con su informe lo que dice el Gobierno. Los números son casi los mismos porque la información primaria es la misma.

En 2014 las autoridades Policiales y Militares anunciaron una reducción de 824 asesinatos en comparación al 2013. Según las autoridades hondureñas en 2014 murieron 5 mil 607 personas de manera violenta lo que significa un promedio diario de 15 personas para un índice de 70 muertes violentas por cada 100 mil habitantes.

En 2015 la historia es la misma. El Gobierno cabalga sólo en esta fábula de Seguridad. No hay crítica ni análisis independientes.

El pasado lunes 28 de Diciembre, día de los Santos Inocentes, según las tradiciones navideñas, las autoridades de Seguridad y Defensa anunciaron una reducción de 800 muertes en comparación con el 2014.

La coincidencia es grande, el mismo número en promedio que los últimos dos años.

Debido a que la población hondureña es de 8 millones de habitantes, el promedio de muertes violentas por cada 100 mil habitantes se calcula dividiendo el total de muertes entre 80.

En este sentido y para los fanáticos o expertos de estadística el número 800 podría significar algo. 

Pero podría ser incluso algo mucho menos elaborado, la simple repetición de un mismo manual, de una simple estrategia de prensa para gradualmente bajar los índices de violencia.

Según los datos oficiales, en 2015 en Honduras 4 mil 807 personas fueron violentamente asesinadas significando 13 asesinatos diarios para un promedio de 60 muertes violentas por cada 100 mil habitantes.

El Observatorio de la Violencia salió a corregir que a ellos con la misma información el índice les dio 61 por cada 100 mil. Siempre para la academia la exactitud es importante.


Violencia Regional

A pesar de los 800 anuales y los más de 5 mil millones de dólares recaudados en impuestos que pasan a los órganos de Seguridad y Defensa desde el 2012 sin ninguna auditoría ni rendición de cuentas, Honduras sigue siendo el país más violento de la región a pesar que es el que más dinero destina a la Policía Nacional y al Ejercito.

Honduras encabeza con 60 muertes violentas por cada 100 mil habitantes, seguido por El Salvador con 41 por cada 100 mil y Guatemala con 39 por cada 100 mil.

El triángulo norte de Centroamérica es una de las regiones más violentas del mundo con más de 13 mil 400 asesinatos en 2015.

En el resto de Centroamérica la situación cambia drásticamente. Este cierre de año significó un año de alerta para Costa Rica que llegó a los 10 muertes violentas por cada 100 mil habitantes.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) más de 10 muertos por cada 100 mil significa una epidemia y los países deben modificar profundamente sus políticas de Seguridad.  Nicaragua tiene un promedio 8 y Panamá de 6 asesinatos por cada 100 mil habitantes.

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