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Argentinos protestan contra las medidas neoliberales de Mauricio Macri

Argentinos protestan contra las medidas neoliberales de Mauricio Macri

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Porque, según tu imaginario que ya conocemos, el pobre no sólo es pobre y nada más, sino que como tal, molesta. Porque no se es pobre así nomás, sino como fruto de una construcción. Porque en el ejercicio de su pobreza, que no es más que una decisión, ha fallado el tiro.

Nada estimado Javier González:

Leí esta mañana con el mismo desdén con que la vomitaste, tu frase “Ofrecían 500 pesos, vino y choripanes para ir a la marcha del viernes” (Día de la Memoria, Verdad y Justicia). Recurro al querido espacio de Telesur porque los medios que podrían hacerte llegar esta misiva están cooptados por el gobierno. O al revés: el gobierno está cooptado por ciertos medios y periodistas que hacen el cerco que te permite esa impunidad retórica que de otra manera te valdría un par de piñas.

No tenés una prueba, no tenés un testimonio que puedas brindar. Nada. Todo es “dicen que”, “me cuentan que”, y todo referido a un par entre miles, desde tu rol de patrón de estancia. Si un comunicador quisiera redactar una noticia con esa información en un medio serio, el jefe le diría que no hay suficientes datos. Tal vez, en tu creencia del disvalor del pobre, hasta le pagaste a alguien para que te averigüe.

Imagino que tu madre, si vive la señora ¿Fraga?, estará muy orgullosa de vos. La frase no es más que la típica demonización hacia el pobre de las señoras de edad avanzada y capacidades menguadas que escuchábamos de niños, sólo que ahora permeó hacia otros sectores. No es más que la representación de tus miedos, del típico reemplazo de la verdad por el mero ejercicio de la palabra y esa imposición de moral berreta que lleva a cabo tu prosapia.

O tal vez, ya estás grande y avanza el deterioro.

¿Cómo vivís, cómo respirás entre nosotros, sabiendo que ahí nomás, saliendo de tu lujosa oficina, tal vez en el mismo ascensor, está lleno de miedos? Miedos con rostro, con manos, con sueños, con hijos, con ropas raídas, con esperanzas ¿Cómo no te asfixia una casita de chapas, un neumático puesto como hamaca, la ropa colgada de una soga, el ladrillo sin revocar, los chicos jugando con una pelota desinflada, la garrafa? ¿Cómo se sienten las palpitaciones creyendo que en cualquier esquina un pobre va a atacarte, a sacarte las tripas, a quedarse con tu reloj, a robarte el hígado para venderlo a quién precisa un trasplante? ¿Cómo vivís sabiendo que millones no sueñan con ser como vos,  ni quieren serlo?

¿Cómo debería hacer el pobre para ir a un acto si no es en micros rentados? ¿Debería tomar su valijita, su sombrero, su corbata y, en horario extra-laboral, hacer combinaciones de colectivos hasta llegar a una marcha? ¿Porqué creés que todo lo que hace un pobre, salvo deslomarse en empleos cada vez más injustos, más exiguos, más salvajes, es ilícito?

Porque, según tu imaginario que ya conocemos, el pobre no sólo es pobre y nada más, sino que como tal, molesta. Porque no se es pobre así nomás, sino como fruto de una construcción. Porque en el ejercicio de su pobreza, que no es más que una decisión, ha fallado el tiro. Y como prefirió que en su vida haya lugar para disfrutar de su familia, de algunos amigos, de un asado y todas esas cosas que te aterran, en vez de trabajar duramente toda su vida, aceptar la condena bíblica aunque no tenga la menor idea de qué es la Biblia o haya decidido no seguir sus preceptos, ha fallado y precisa todas esas cosas por las que no lucha. Porque es pobre, y como tal, no tiene muchas luces.

Entonces, además de pobre, es ventajero. Su placer se basa en vivir, ya no de la moneda que se le cae al poderoso, sino de hacer que al poderoso se le caiga una moneda. Es una especie de liquen que vive a costa del resto de la sociedad que sí, aceptó la maldición bíblica y trabaja duramente para nunca ser sujeto de nada más que de la errática voluntad divina. Si es que ésta se suscita.

Por cierto, te graduaste en la Universidad Católica ¿hasta dónde, allí, un conocimiento no está supervisado por los evangelios? Y además, citás al medieval de Abel Albino, un impresentable que cree que el preservativo no previene el HIV, y encima es médico.

Como sea, revisá, que tus frases no son muy católicas. Ni tu miedo al demonio-pobre. Tu Cristo, que era pobre, vivía entre pobres, no les temía.

A ver si entendés que el trabajo duro, el esfuerzo cotidiano, el sacrificio, la búsqueda del progreso, todos esos mandatos burgueses son como La Danza de la Lluvia, aquel ritual de pueblos originarios que es infalible, a menos que se cometa el más mínimo error.

En parte porque los tuyos inducen a ese error.

Entonces para vos, el pobre, que falló en esto de no hacer nada y pretender comer de todas maneras, como además es inmoral, debe apelar a estas cosas, a vender sus ideas –si las tiene- para ir a un acto político. No se verifica que las venda para hinchar por cierto equipo de fútbol o para recomendar el uso de cierto detergente.

Pero no hubiera ido al acto de otra manera, no tiene ideales. Vos si. Todos los tuyos, también. Es más: hasta piensa como vos, pero tiene que vender sus ideas porque apostó al no esfuerzo, y entonces tiene que comer de alguna manera hasta que tu coalición de gobierno logre dar en la tecla y se generen empleos para que el pobre reciba la limosna, ya no institucional, sino en forma de sueldo desde una empresa privada que se pregunta por qué debe correr con los costos de una crisis generada por un Estado que no se hace cargo.

Porque es hora de que el pobre se haga cargo de su fracaso, de su apego a los barrios pobres, de sus aficiones sin sentido, de ese berretín por caer en la escuela pública, de no estudiar en Harvard, de no adorar a tu mismo Cristo, de su pretensión de que, cuando todo les ha fallado, que sea el Estado quien esté allí para auxiliarlos. Justo cuando iban a comprender catárticamente, que han fracasado y deben arrastrar su pobreza hasta la muerte.

Millones de personas movilizadas en las últimas semanas en todo el país lo han hecho, no porque se sientan mal, no porque vean acorralados y cada vez con menos derecho, patoteados por tu runfla, desempleados, hambreados, desposeídos de medicamentos y tratamientos, sino por 500 pesos, vino y choripanes. Sos despreciable.

Creo recordar que eras radical. La Unión Cívica Radical, con su tradición democrática –indemostrada, por cierto- un partido sin pueblo y que pisotea a sus dos únicos líderes democráticos, acaso porque amenazaban con transformarlos en pueblo. El partido que, como ahora en la alianza Cambiemos, aportó sus cuadros para poner bombas en los subtes al gobierno constitucional en la década del cincuenta y participó de la abolición ilegal de la Constitución vigente y aprobada por todas las instituciones. Porque, digámoslo de una vez, el radicalismo es ese embeleco burgués, esa farsa ideológica que permite a los tilingos como vos disfrazarse con banderas que encubren su conservadurismo fascista tras una fachada republicana y socialmente respetable de preocupación por el otro.

Porque tanto es tu desprecio al diferente, que ni siquiera advertís que si fuera cierto, que millones de billetes de 500 pesos, millones de vasos de vino y millones de choripanes se hubieran repartido en las marchas (yo estuve y, o no vi nada o me estafaron) no proviene, en este caso, de Estado alguno.

De haber sido cierto, todo fue iniciativa privada. Eso que tanto te gusta.


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