TeleSUR _ Fecha: 22/11/2009
Errores "atroces" en la preparación de la invasión para derrocar a Sadam Husein en 2003 y gestionar la posterior ocupación reveló un informe del Gobierno británico sobre las lecciones aprendidas tras la guerra de Irak, difundido este domingo por el diario The Sunday Telegraph.
El documento se da a conocer dos días antes del inicio de la investigación pública sobre la participación del Reino Unido en la guerra, que fue apoyada por el entonces primer ministro británico, Tony Blair.
El rotativo revela que este informe contiene entrevistas con altos mandos del Ejército, que explican los "riesgos significativos" a los que se expusieron las tropas británicas a causa de una operación "precipitada", que "careció de coherencia y recursos".
El informe contiene cientos de páginas con datos clasificados como "secretos", en los que los responsables de la invasión sobre el terreno expresan su frustración y enfado con el Gobierno británico, como consecuencia de la decisión de Blair de mantener en un pequeño círculo sus planes para apoyar a Estados Unidos en la invasión de Irak, que, según estos documentos, comenzaron en febrero de 2002, trece meses antes del inicio del la operación militar, y que tenían como objetivo principal derrocar a Sadam Husein.
Durante todo 2002, Blair reiteró públicamente que el objetivo del Reino Unido era "desarmar a Irak, no cambiar su régimen" y que no había preparativos en marcha para invadir el país mientras continuaran los esfuerzos diplomáticos para que el depuesto régimen de Bagdad renunciara a su inexistente arsenal de destrucción masiva.
Los documentos revelan que la invasión contó con unos recursos "casi ridículos", hasta el punto de que algunas unidades entraron en combate con cinco balas para cada uno de sus soldados. También se pone de relieve que muchos militares tuvieron que ser desplazados hasta la zona de combate en aviones de aerolíneas comerciales, con su armamento como equipaje de mano, que en algunos casos fue incluso confiscado en los aeropuertos.
Uno de los militares que fue llevado para esta guerra informó que el sistema de radio durante el combate dejaba de funcionar cada día al mediodía a causa del calor y la cadena de suministros mostró errores tan extraños como el de hacer llegar hasta el desierto "un contenedor lleno de esquís".
El Ministerio de Asuntos Exteriores del gobierno británico no creó un departamento para gestionar la posguerra hasta tres semanas antes del inicio de la contienda, que elaboró planes que "no contenían detalles sobre qué hacer una vez que Bagdad hubiera caído", lo que causó numerosos problemas.
Como "atroz" y "horrorosa" calificaron los jefes militares la falta de apoyo del Gobierno a la reconstrucción, lo que, en palabras de unos de los comandantes, hizo que "se perdiera una oportunidad de oro" para ganarse el apoyo de la población iraquí. También se denuncia la casi absoluta ausencia de planes para salvaguardar la seguridad de los civiles iraquíes y para cumplir las obligaciones de guerra de la Convención de Ginebra.
Finalmente, el análisis del combate indicó que éste fue un "éxito militar significativo", pero admite que fue contra "un ejército de tercera" y que careció de la preparación necesaria para hacer frente a los problemas de los cruciales primeros 100 días de la ocupación.
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