La ex candidata presidencial colombiana Ingrid Betancourt, quien pasó más de seis años retenida por las FARC en las selvas de su país, fue recibida entre lágrimas por su madre, Yolanda Pulecio, y su esposo, Juan Carlos Lecompte, a su llegada a la base aérea militar de Catam en Bogotá.
Escenas de profunda emoción fueron transmitidas en vivo por la pantalla de TeleSUR, cuando la política, quien también tiene la nacionalidad francesa, descendía del avión militar que la condujo hasta la capital colombiana desde algún punto de las selvas de su país.
En la pista del aérodromo militar se encontraban los familiares de la ex candidata por el partido Oxígeno Verde, cuya liberación fue una bandera para lograr un acuerdo humanitario que diese paso a un acuerdo formal de paz, reclamado no sólo en Colombia, sino en toda la región y en Francia, país que acompañó el caso de cerca durante varios años.
Betancourt fue liberada este miércoles sorpresivamente, en un operativo militar que, según el jefe de las Fuerzas Militares, general Freddy Padilla, se inició "hace varios meses" y que incluyó el seguimiento satelital y la inflitración de la línea de mando de la guerrilla.
El titular de Defensa colombiano, Juan Manuel Santos, quien hizo el anuncio en horas de la tarde, señaló que junto a Betancourt fueron liberados otros 14 retenidos, incluidos los tres estadounidenses Thomas Howes, Marc Gonsalves y Keith Stansell.
En la ceremonia de bienvenida en la base de Catam se encontraban también los integrantes del alto mando militar colombiano y representantes de las Fuerzas Militares, quienes rindieron honores a sus compañeros liberados.
Tras escuchar los acordes del Himno Nacional de Colombia, se realizó un breve acto encabezado por el comandante del Ejército, general Mario Montoya, quien consideró que el rescate exitoso significaba un "jaque mate" contra la guerrilla.
Diversos presidentes de la región y de Europa, incluido el mandatario francés, Nicolás Sarkozy, celebraron la libertad de Betancourt.
No obstante, algunos gobiernos latinoamericanos, como el de Ecuador, cuestionaron que la liberación no se debiera a una negociación, sino al uso de la fuerza.