El nuevo gobierno del liberal polaco, Donald Tusk, vencedor de los comicios de octubre pasado, puso un freno a las esperanzas de Estados Unidos de instalar 10 misiles interceptores en Polonia, como parte del escudo antimisiles que pretende instalar al este de Europa.
El ministro de Exteriores polaco, Radoslaw Sikorski, anunció que el Gobierno de Varsovia no ve justificación a que el sistema balístico se instale en suelo polaco, por lo que no está listo para decidir si acepta albergar elementos del escudo antimisiles que, según Washington, pretende hacer frente a posibles ataques procedentes de Irán o Corea del Norte.
"No nos sentimos amenazados por Irán que justifique los planes norteamericanos en Polonia,", declaró el fin de semana Sikorski, en una entrevista a la Gazeta Wyborcza en la que explicó que en su país "todavía no hemos tomado una decisión", sobre el polémico proyecto estadounidense.
"Este (escudo antimisiles) es un proyecto estadounidense, no polaco", aclaró el canciller quien dejó claro que Varsovia no ve con buenos ojos el proyecto estadounidense y que se tomará su tiempo para decidir si acepta o no la instalación de misiles en el país europeo.
Las declaraciones del canciller polaco, representan un balde de agua fría para las aspiraciones de EEUU, y suponen un cambio sustancial frente al cheque en blanco que el anterior Gobierno de los gemelos Kaczynski, Lech y Jaroslaw, Presidente y Primer Ministro respectivamente, ofreció a su aliado estadounidense para instalar en Polonia los misiles interceptores del escudo estadounidense.
Esta posición crítica frente al plan del gobierno de George W. Bush, se suma al reciente anuncio de retirada de las tropas polacas des plegadas en Irak, país que EEUU invade y mantiene en guerra desde 2003.
Con la búsqueda de la recomposición de las relaciones con la Unión Europea y con Rusia, tratando de no ofender a Washington, como eje principal de su política exterior, el gobierno de Tusk, ha optado por estudiar el caso, por lo que recibirá este jueves la visita de Serguéi Kisliak, viceministro de Exteriores ruso, algo inimaginable en tiempos de los Kaczynski, para abordar el tema que causó una importante crisis diplomática entre ambos países durante el anterior gobierno polaco.
Las diferencias entre Rusia y Polonia por el escudo estadounidense, que Moscú rechaza, llevaron al presidente ruso, Vladímir Putin, a amenazar en noviembre pasado a Varsovia con suministrar misiles a la vecina Bielorrusia con capacidad para alcanzar territorio polaco, de seguir adelante el escudo antimisiles, que considera una amenaza para su propia seguridad.
Por eso, Varsovia quiere detenerse a evaluar y minimizar en la medida de lo posible los riesgos que implicaría la instalación de los interceptores estadounidenses en Polonia.
El titubeo polaco ante el despliegue del escudo antimisiles obedece, además, a los tiempos de la política interna estadounidense, que celebrará elecciones el próximo el próximo 4 de noviembre, y que sin duda es un factor que Varsovia tiene muy en cuenta antes de tomar una decisión con respecto a la cooperación militar transatlántica o no con el actual gobierno de Washington.
Según los expertos, Varsovia pordría dar largas al asunto hasta que cambie la administración estadounidense. "El peor escenario sería aquel en el que Polonia aceptase el escudo, asumiese el coste político y luego no se desplegara porque cambie el Gobierno estadounidense", dijo el ministro Sikorski.
El jueves, mientras el canciller polaco se reúne con el viceministro de Exteriores ruso, el primer ministro Tusk viajará a República Checa, donde EE UU tiene previsto instalar un radar del escudo, para abordar la cuestión.
Encuestas recientes indican que cerca de la mitad de los checos y los polacos son contrarios a albergar elementos del escudo antimisiles.
Polémico escudo
Rusia y EEUU, históricos rivales desde la Guerra Fría, se encuentran enfrentados por el polémico sistema que Washington adelanta en Europa y que constaría de una base de radares en República Checa que detectaría proyectiles enemigos de manera oportuna, transmitiendo los datos a una base balística en la Polonia, desde donde sería disparado un misil para contrarrestar una posible amenaza.
Washington insiste en que el proyecto va dirigido a contrarrestar una supuesta amenaza nuclear de Irán, incluso a pesar del informe de los servicios de inteligencia estadounidenses que asegura que Teherán abandonó sus actividades nucleares con fines militares en 2003.
Moscú por su parte asegura que el escudo, que estaría en su frontera suroeste, va dirigido en su contra. Además insiste en que el antimisiles atenta contra la seguridad y la paz en el mundo, aumenta los riegos de "destrucción mutua" y abre la posibilidad de "reactivar una carrera armamentista".
A causa del proyecto antimisiles estadounidense, Rusia suspendió su participación en el Tratado de las Fuerzas Armas Convencionales en Europa (FACE), que limita el despliegue de armamento militar en el continente y que fue suscrito en 1990 como uno de los más importantes acuerdos de desarme de la Guerra Fría.
Además, el presidente de Rusia, Vladimir Putín, amenazó con retirar a su país del Tratado sobre armas nucleares de corto y mediano alcance (FNI), si Estados Unidos impone la instalación de un escudo antimiles en Europa central.