Los Gobiernos de Rusia y Bielorrusia decidieron aliarse para contrarrestar el despliegue del controversial escudo antimisiles que Estados Unidos (EEUU) pretende desplegar en Europa del Este, bajo la excusa de proteger la región de eventuales ataques de Irán y Corea del Norte.
Esta fue una de las principales conclusiones a la que llegaron los presidentes de Rusia, Vladimir Putin y de Bielorrusia, Alexandre Lukashenko, al término de una reunión en Minsk del Consejo Supremo de la Unión Rusia-Bielorrusia.
"Bielorrusia está dispuesta a jugar su papel en el asunto del eventual despliegue de elementos del escudo antimisiles de Estados Unidos en Europa", dijo Lukashenko.
De igual forma, el mandatario belaruso aseguró que su país también está listo para "coordinar sus acciones con Rusia en lo referente al Tratado de Fuerzas Armadas Convencionales en Europa (FACE)".
En respuesta a la negativa de Washington de declinar sus pretenciones de instalar un sistema antimisiles con el apoyo de la República Checa y Polonia, en Europa del Este, el pasado mes de julio Rusia decidió suspender su participación en el Tratado de las Fuerzas de Armas Convencionales en Europa (FACE), por razones de "seguridad" para Rusia.
"Una mayor interacción de Rusia y Bielorrusia en la arena internacional nos permitirá no solo resistir el impacto de las nuevas amenazas y desafíos en el mundo, sino también a reforzar nuestra influencia en la política exterior", afirmó Lukashenko.
Además de conversar sobre temas de seguridad para ambos paríses y la región, Putin y Lukashenko abordaron temas relativios a la cooperación económica y comercial, en especial el precio del gas que Moscú suministra a la ex república soviética.
Al respecto Moscú ofreció su ayuda Minsk en materia energética, a través de un préstamo de mil 500 millones de dólares a 15 años. De igual forma prometió que la estatal rusa Gazprom "proveerá de gas a Bielorrusia a los precios actuales".
El viaje de Putin a Minsk supone un paso adelante en los esfuerzos de ambos Gobiernos para superar las divergencias surgidas por problemas energéticos y financieros.
Prueba de ello fue el crecimiento de 23 por ciento que experimentó el intercambio comercial entre ambos países en 2007.