Por: Juan Alberto Sánchez Marín
::Surysur
El poeta Fernando RendónEn diciembre pasado, Patricia Ariza, poeta, teatrera, directora de la Corporación Colombiana de Teatro, y Carlos Satizábal, dramaturgo y profesor de la Universidad Nacional, figuraron en un expediente judicial como supuestos miembros del PC3, el partido clandestino de las Farc, vinculados a un proceso de 500 páginas redactado por un oficial de pluma fácil y un patrullero de la Policía locuaz. Esa era una entre las muchas señales de alarma en un campo cada vez más minado para volarle el cuerpo a la oposición, en una tierra de nadie en donde los peligrosos son los que pregonan la tranquilidad y el orden a cuentas de camándula, golpes de pecho y consejos comunales.
Fernando Rendón no sólo domina con pericia el viejo arte de poner en juego la imaginación mediante las palabras, la poesía, algo más o menos común en Colombia. Si uno habla un rato con él se da cuenta pronto de que, además, le añade a sus versos y a su vida mucho de sensibilidad, sensatez y razón, menjurjes que parecieran escasos en este país y que, desde luego, ubican a cualquiera y de una en la orilla opuesta del uribismo.
Fernando es el alma de la revista Prometeo, una prestigiosa publicación de poesía, con 75 números y 24 años a cuestas, en un país en el que la cultura apenas sirve para negociar y esfumarse, y del Festival Internacional de Poesía de Medellín, el más importante del mundo en su género, ya enrumbado para la edición XX, que mereciera el Premio Nobel Alternativo en 2006 y que este año el Congreso declaró Patrimonio Cultural de la Nación.
Evelio Loaiza Muñoz
Evelio Loaiza Muñoz, por su parte, es cierto que militó en el ELN entre 1969 y 1977, cuando se amnistió, durante el gobierno de López Michelsen, para cambiar de vida, según él mismo. He hablado con sus amigos y conocidos, y todos concuerdan en algo: en que lo logró. Como lo atestiguan 30 años de vida ciudadana y 20 años de trabajo con el ISS. Ahora Evelio está viejo y enfermo, desde hace lustros sigue rutinas que hasta su pequeña perra tiene claras e identificadas. Desalentador que nuestros conspicuos servicios de inteligencia hayan llegado a evidenciarlas con 3 décadas, más que de atraso, de retardo, y muchas incoherencias en los informes, y tanto cobre pelado en las ensambladuras del expediente.
La misma ortodoxia que no le perdona a Evelio haber hecho parte hace años de una agrupación guerrillera y que no le reconoce una amnistía firmada y notariada, sí olvida con notorio descaro los favorcitos de otros a los narcos, hace casi los mismos 30 años, hechos desde la Aeronáutica Civil, que hasta los gringos tienen bien registrados y en estratégico remojo. O, de hace menos, las entradas y salidas por la puerta de atrás de narcos y paramilitares de Palacio, o la reelección truculenta, por ejemplo.
Pero me estoy confundiendo, es cierto. No es igual un presidente que sigue haciendo de las suyas en el poder, para mantenerlo y seguir salvándose, que un médico con 69 años, a la espera de una pensión del ISS, rodeado de pobres y que además tiene el mismo mal de Fernando: le encantan los poemas, y hasta fundó en Sevilla, su pueblo, una casa de poesía.
O que el propio Fernando, alguien tan enrevesado como para ser también gestor y organizador cultural, en un país en el que la cultura vale huevo para los que tienen huevo, que por desgracia insisten en ser hartos.
Y es que le va bien mal a los poetas con los regímenes de malosos. Ni siquiera mencionemos a la España deshilachada de Franco. Quedémonos acá y recordemos los desgraciados años del Estatuto de Seguridad de Turbay Ayala (1978 – 1982), cuando el poeta Luis Vidales, a la sazón con 80 años, fue sacado a empellones de su casa en Teusaquillo, en Bogotá, llevado a las caballerizas de Usaquén, y amarrado semidesnudo a un poste durante toda la noche.
Un sino atroz que también fue el de muchos otros por aquellos días, que ahora ronda con descaro las puertas y se soma por los postigos.
Una seguridad democrática y circense
Por suerte, al contrario de tanto eufemismo, la vida misma no es una simple consecuencia lingüística de la ''seguridad democrática''. Bien que lo saben Uribe y otros cuantos. De ahí que la búsqueda de una nueva reelección no sea un propósito, sino una urgente necesidad. Hay que seguir evitando a toda costa que las cosas puedan ser llamadas por su nombre. Para que las verdades incómodas no se desatranquen, los payasos, los equilibristas, los malabaristas, los zancudos, los acróbatas, todos, tienen que seguir inventando, armando, cavilando, gerundiando.
Crasa desgracia que personas como Evelio Loaiza Muñoz y Fernando Rendón hayan caído en esos malabares nefastos de tantos señaladores asalariados, funcionarios diligentes, militares acuciosos y patrones ávidos. Y sí no son eufemismos.
Son modalidades de un infortunio aún mayor: tareas, encomiendas, líneas de mando y deberes ciegamente cumplidos, que desgracian por entero al país. Porque, parafraseando a John Donne, en palabras que Hemingway retomó varios siglos más tarde para titular una de sus obras, en este país que se disuelve en pólvora y sangre y mentiras, no hay que preguntar por quién doblan las campanas: doblan por todos.
*Periodista y cineasta colombiano