Traducido para Rebelión por Caty
R.
Los parlamentarios británicos
han acusado al gobierno de tapar las atrocidades cometidas por los
servicios secretos, sospechosos de complicidad internacional en la
tortura a prisioneros presuntos culpables de actividades terroristas,
como en el caso de Binyam Mohamed.
"Vivimos en la tortura... el mundo
de la tortura" Quien se expresa así ha vivido durante
casi siete años una terrible odisea a través de tres
continentes, al antojo de las brutalidades todavía indelebles
en su memoria. Ahora, cualquier pregunta banal le recuerda un
principio de interrogatorio. Binyam Mohamed, residente británico
originario de Etiopía, se ha convertido en el símbolo
de las atrocidades de la sacrosanta "guerra contra el
terrorismo" declarada por estados Unidos y apoyada dócilmente
por Gran Bretaña.
El 30 de julio, tomando la palabra por
primera vez en público desde su reciente liberación del
campo de Guantánamo, donde estuvo detenido sin cargos, el
joven de 31 años declaró con ocasión de la
inauguración del "Guantanamo Justice Centre", una
nueva ONG cuyo objetivo es proporcionar asistencia material y
psicológica a los ex detenidos todavía traumatizados
por su encarcelamiento. Mohamed, que se declara "emocionalmente
muerto", sin embargo quiere ayudar a sus ex compañeros de
infortunio facilitando su reinserción, pero también, y
sobre todo, con la intención de que se reconozca la
culpabilidad de los servicios secretos estadounidenses, británicos,
pakistaníes y marroquíes en la "cadena de mando"
de la tortura.
El martes pasado se dio un paso
decisivo: el comité parlamentario mixto sobre los derechos
humanos publicó un informe en el que denunciaba la opacidad de
los servicios secretos (MI5 y MI6) en relación con las
denuncias específicas de complicidad de tortura en diversos
expedientes de "combatientes enemigos" capturados por las
fuerzas especiales estadounidenses y "subcontratados" en
prisiones de ciertos Estados aliados. Dicho informe, dirigido por un
abogado miembro del Partido Laborista, Andrew Dismore, critica el
"muro de secreto" que rodea el asunto y condena la
"deficiencia del sistema de seguridad" que la actitud
hermética de las autoridades hace suponer. En concreto, son
las condiciones de detención y los métodos de
interrogación los objetos de la acusación de los
parlamentarios, quienes exigen una investigación
independiente. Según David Davis, diputado conservador, el
informe no deja "ninguna duda" sobre la implicación
del gobierno en cuanto a su complicidad en actos de tortura
comprobados.
La CIA, "tour operator" de la
tortura
La inteligencia británica está
bajo presión: este ataque en regla efectuado tras la
revelación, transmitido el 31 de julio por dos jueces del
Tribunal Supremo, en relación con la presencia en Marruecos de
un agente del MI5, denominado "Testigo B", en el período
durante el cual un residente británico, Binyam Mohamed, fue
detenido y torturado por los carceleros marroquíes, por
petición expresa de sus socios estadounidenses. En el colmo de
la casualidad, ese agente fue también quien interrogó a
Mohamed tras la detención de éste en Pakistán,
en abril de 2002. El MI5, apurado, reconoce la presencia concomitante
del agente en Marruecos, pero desmiente formalmente que éste
haya podido participar de cerca o de lejos en las sesiones de tortura
o incluso que tuviera conocimiento del lugar de detención.
Lord Justice Thomas, uno de los jueces
responsables de esta divulgación, a la que se añadió
la revisión no habitual de un juicio anterior, sin embargo
suministra elementos precisos: mientras Mohamed estuvo detenido en
cautividad en Marruecos entre julio de 2002 y enero de 2004, el
"Testigo B" efectuó tres visitas entre noviembre de
2002 y febrero de 2003. El MI5 admite a lo sumo haber propuesto a la
CIA, responsable de los interrogatorios, una lista de 70 preguntas
para hacer a los nacionales o residentes británicos y haber
obtenido a cambio, en el espacio de dos años, cinco resúmenes
que le han permitido evaluar la "peligrosidad" imputada a
Binyam Mohamed.
La convergencia de los nuevos indicios
ya es concluyente: Scotland Yard acaba de anunciar la apertura de una
investigación criminal sobre los movimientos de este oficial
siempre bajo la responsabilidad del MI5. Clive Stafford Smith,
abogado de Mohamed, señala con el dedo a los agentes secretos,
sospechosos de "perjurio" porque en un informe publicado en
2007 por el grupo parlamentario especializado en las cuestiones de
espionaje y seguridad (ISC) afirmaron haber cesado todo contacto con
Mohamed en febrero de 2003, en flagrante contradicción con los
nuevos elementos desvelados recientemente por el Tribunal Supremo. La
acusación es grave: en Gran Bretaña, los servicios
secretos deben rendir cuentas al correspondiente grupo de diputados;
cualquier omisión o mentira se considera una violación
específica de la transparencia democrática.
El musulmán errante
Seis años y diez meses de
detención injusta: es el precio que hay que pagar por hallarse
en el lugar equivocado en el momento equivocado. También es el
tiempo para conseguir "un doctorado en tortura y malos tratos"
declaraba, con un atisbo de ironía, Mohamed tras su liberación
de Guantánamo. Llegado a territorio británico en 1994,
a los 15 años, el joven presentó una petición de
asilo después de abandonar Estados Unidos donde su padre,
ejecutivo de la compañía Ethiopian Airlines, acusado de
disidente político en su país, llevaba un tiempo
pensando en instalarse. El joven perdió sus referencias en el
Reino de Su Majestad y tomó una deriva peligrosa: primero las
drogas blandas y después duras le servían de
escapatoria. Presintiendo que se había convertido en un
toxicómano latente, el joven Binyam se controló después
de una discusión con un amigo sobre la trayectoria de Malcom X
y entonces decidió convertirse a la religión de su
madre: el Islam.
En mayo de 2001, su deseo de
comprometerse con los independentistas chechenios, cuya causa adopta
a distancia, le llevó a tomar el camino de Asia vía
Afganistán. Entró en un campo de entrenamiento militar
donde otros desesperados, como él, de las llamadas causas
musulmanas se juntaban en un ambiente de brigada internacional.
Mientras el 11-S estallaba en Manhattan y en las pantallas de todo el
mundo, Binyam estaba en el hospital de Kabul, sufriendo los males
típicos de una expatriación precipitada. Los
acontecimientos que llegaron después a la tierra afgana le
incitaron a rehacer el camino hacia lo que todavía consideraba
su "hogar": Gran Bretaña. Equipado con un pasaporte
falso, fue arrestado en Pakistán en abril de 2002, sospechoso
de ser un soldado al servicio de Al Qaeda. Para acabar con su
interrogatorio, declaró que había participado en el
complot de un atentado con "bomba sucia" en el corazón
de Nueva York, aunque no existen ningún elemento material ni
testimonios concordantes que corroboren esa afirmación
obtenida bajo coacción física.
Presunción de culpabilidad
El engranaje se desencadenó: al
descubrir por casualidad que Binyam procedía de un barrio
londinense apodado "Pequeño Marruecos", debido a la
presencia de una importante comunidad marroquí, los oficiales
estadounidenses de la CIA le expidieron al reino marroquí con
el fin de hacerle "quebrar" con respecto a la identidad de
eventuales cómplices que habrían sido sus vecinos de
edificioÂ… "Usted es culpable hasta que demuestre su inocencia"
le dijo fríamente un estadounidense en Karachi antes de
transferirle. Y durante dieciocho meses, el joven conocería lo
más terrible de sus casi siete años de detención,
al menos en el plano físico: vejaciones constantes,
privaciones de sueño, mutilaciones sexuales con bisturí,
entre otras atrocidades.
Después lo enviaron a otro
lugar, esta vez en Afganistán, al campo denominado "Dark
prision" de Kabul y después al de Bagram, durante el año
2004 en el que pasó por los peores tomentos psíquicos,
como por ejemplo la práctica aberrante que consistía en
obligarle a oír sin interrupción el álbum "The
Eminem show", hasta el punto de que su salud mental resultó
profundamente alterada. Sin embargo, el momento más
desgarrador, según él, fue un día, en Marruecos,
cuando se dio cuenta de que las preguntas precisas que le planteaban,
necesariamente tenían que haber sido transmitidas por agentes
británicos.
Estadounidenses, británicos,
pakistaníes, marroquíes, atado de pies y manos.
De Afganistán a Guantánamo:
los cuatro últimos años de su cautividad se
desarrollaron en el limbo jurídico que no está
reservado a los criminales ni a los prisioneros de guerra, sino a los
"combatientes enemigos". En ese siniestro campo en el que
todavía se pudren 229 detenidos, la mayoría yemeníes,
en los últimos tiempos los guardias habrían tenido
tendencia a desahogarse, según Mohamed, liberado en febrero.
El compromiso formal de Obama de hacer que se cierre la zona a
principios de 2010 habría originado una relajación de
los matones que aprovecharían entonces esa última fase
para desencadenar una escalada de la humillación.
En cuanto al presidente de EEUU, su
declarada resolución de acabar con la era Bush se contradice,
por ejemplo, con el recurso, invocado por la administración en
febrero ante un tribunal especial de San Francisco (Ninth Cirvuit
Court of Appeals), a los "secretos de defensa" para no dar
curso a las acciones judiciales presentadas por los abogados de
Binyam Mohamed. Sin embargo, a fecha de hoy, el proceso iniciado por
el ex detenido ha permitido que Jeppesen Holdings, filial de Boeing
responsable de los "vuelos fantasmas" de la CIA que
transportaban a los detenidos, haya sido requerida para que publique
próximamente los itinerarios geográficos de los
servicios prestados y por lo tanto la lista completa de los Estados
cómplices en el marco de esa operación ilegal según
el derecho internacional.
El silencio o la masacre
Y como si el escándalo de la
complicidad británica en la tortura realizada por delegación
por el aliado marroquí no fuera suficiente, está
emergiendo otra polémica. Las autoridades estadounidenses
acaban de presionar explícitamente a sus aliados británicos
para que no autoricen la publicación de un documento
comprometedor para la Casa Blanca: un texto de siete párrafos
que resume 42 documentos de la CIA y que confirmaría la
naturaleza y amplitud de la tortura comanditada por los
estadounidenses, supervisada por los ingleses y aplicada por los
marroquíes.
La secretaria de Estado Hillary
Clinton, adoptando la misma estrategia que aplicaron el verano pasado
los halcones de la administración Bush, ha comunicado a su
homólogo, David Miliband, que la cooperación de los
servicios secretos entre ambos países quedaría
interrumpida si el Tribunal Supremo británico soltase ese
documento explosivo. Dicha jurisdicción, en la actualidad,
estudia su margen de maniobra en ese sentido. El chantaje no acaba
ahí, puesto que Hillary ha ido más lejos al insinuar
que la publicación del documento acarrearía una amenaza
sobre las vidas de los británicos y por lo tanto existe un
interés nacional mutuo en mantener la censura sobre esos
papeles decididamente muy cáusticos.
El 1 de agosto, los jueces
transmitieron un requerimiento al ministro Miliband para que confirme
personalmente las palabras de su asesora jurídica, Karen
Steyn, que retoma igualmente la amenaza de la secretaria de Estado.
Se trata de poder informar con total conocimiento de causa sobre la
eventual publicación de ese texto. El chantaje estadounidense
es límpido: hagan desaparecer ese molesto documento o ustedes
serán responsables de las futuras acciones terroristas en su
territorio a las que dará lugar. En resumen, se trata de un
intento de intimidación que aparece como una obstrucción
a la justicia.
Como en una siniestra versión de
"Los tres monos sabios", Estados Unidos, Gran Bretaña
y Marruecos reaccionaron en concierto, unidos como están por
los vínculos secretos de la tortura: uno no ve, otro no oye y
el último no habla. Durante ese tiempo, Binyam Mohamed y todos
los que han recorrido el infierno "pavimentado de buenas
intenciones" del antiterrorismo, se recuperan rogando a dios y a
los hombres para que se haga justicia. Los principales responsables
de la "cadena de mando" de la tortura siguen libres para ir
y venir ¿Hasta cuándo?
Texto original en francés:
http://oumma.com/Silence-on-torture-pour-votre