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“Del excentricismo y la ridiculez”

© Por Pablo Virgili Benitez (Especial para teleSUR)

Twitter: @VirgiliPablo

 

Dicen algunos por ahí que “de buenas intenciones está lleno el camino del infierno”; _puede que sea verdad_ pero de lo que si estoy seguro es de que el mundo está lleno de egocéntricos y excentricidades.

Hace unos días atrás la empresa gigante de la tecnología celular Apple lanzó al mercado su más reciente creación: la versión número 7 de su producto estrella, el celular iPhone. El número 7 del iPhone viene acompañado de una duración de batería y un rendimiento incomparables, bocinas en estéreo, nuevos acabados y es resistente al agua. Nada nuevo en la tecnología celular que se reinventa cada semestre, para incentivar la competencia y el consumismo del mercado.

Pero bueno pasemos a lo importante, y es que muchos debieron hacer largas filas en su tienda más cercana para adquirir el iPhone 7, quien si no hizo “cola” fue Coco, un perro raza Malumete de Alaska, mascota de Wang Sicong hijo del multimillonario chino Wang Jianlin poseedor de una fortuna estimada en unos 30 mil millones de dólares, lo que lo hace ser uno de los hombres más ricos del planeta. Coco no debió esperar ni hasta que abrieran las tiendas, ya que al amanecer del día de lanzamiento al mercado del iPhone 7 en China ya tenía entre sus patas no uno sino ocho celulares iPhone 7 de alta gama, _la verdad que donde las dan las toman_.

En China un iPhone 7 cuesta 1047 dólares por lo que Wang Sicong invirtió 8376 dólares en complacer a su perro, que estoy seguro ya debe haber hablado con varios compañeros de raza por sus nuevos y lujosos celulares. ¡Quién fuera como Coco no!, poseedor de una colección de celulares táctiles, nuevos de paquete, ya hasta seguro juega Pokémon. Duele admitirlo pero Sicong se gastó en un perro lo que gana mi papá en arduos seis meses de trabajo, no ha sido tanta la excentricidad sino el coqueteo con la ridiculez.

Pero estas excentricidades no son nuevas en el heredero de tan jugosa fortuna, puesto que el año pasado causó asombro en China al publicar en la red social Weibo (la versión china de Twitter) una foto de su perro Coco con dos relojes de Apple que tenían correas de lujo valoradas en 37 mil dólares; y como si esto fuera poco alegó que lo principal que buscaba en una potencial novia era el tamaño de sus senos, lo que provocó una fuerte crítica en la prensa estatal que aludió la manera descomunal y arrogante en  que Wang Sicong presumía su fortuna.

Poniéndonos poco conservadores y haciendo numeritos, el heredero de esos 30 mil millones de dólares se gasta en “boberías” lo que bien alcanzaría para alimentar a miles de los 700 millones de personas que pasan hambre en el mundo. Pero así es la vida de ilógica como versa la canción, un perro tiene varios iPhone mientras otros “humanos” no tienen ni que comer…

 

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