#NiUnaMenos: Contra la violencia en cadena

Las protestas producen más impacto cuando se entienden fácil.

 #VivasNosQueremos, se escucha en la manifestación en contra de la violencia de género en Argentina.

El #NiUnaMenos de la Argentina, con multitudes concentradas en todas las ciudades bajo una lluvia implacable, se entendió fácil: el objetivo era frenar la violencia.

El último detonante fue la violencia extrema y macabra de los asesinos de Lucía Pérez, torturada, violada y muerta por empalamiento a los 16 años.

Toda violencia tiene una lógica detrás. Supone que la víctima no es una persona ni tiene derecho a ejercer su voluntad. Toda violencia contra una mujer en cuanto tal tiene la lógica de que esa mujer es una cosa de la que es natural apropiarse. Quienes mataron a Lucía se sintieron dueños de su vida. Por eso eligieron su muerte.

La violencia institucional o social tiene una lógica todavía más nítida. Mata  --mataron las dictaduras, matan  las policías bravas, matan las bandas, matan los parientes, matan los vecinos--  por un imperativo estratégico de exterminio o por una cadena de violencias que incluye a un Estado de presencia intermitente, a veces para el bien y otras para el mal como descubrió el investigador Javier Auyero en su libro “La violencia en los márgenes”.

La muerte de Lucía Pérez colmó la paciencia pero no despertó una reacción delirante como sucedió con el asesinato de Axel Blumberg en 2004, por ejemplo, cuando su propio padre decidió convertirse en bandera para bajar la edad de imputabilidad penal de los chicos. Como si ésa fuera una respuesta humana y eficaz.

Cada etapa del #NiUnaMenos, en cambio, se apoya en la existencia previa de muchas agrupaciones y colectivos con alto grado de articulación y un intenso debate previo.

La protesta es contra la violencia. No apunta a una solución penal mágica sino a la prevención e, incluso, a la provisión de herramientas simbólicas y prácticas para que las mujeres asuman sus derechos y puedan estar en condiciones de reclamar el cumplimiento por parte del Estado. 

El camino es largo. Más: es perpetuo. Como sabe bien el movimiento obrero de todo el mundo por su lucha en favor de la jornada de ocho horas, la dinámica social tiende a extenderla. Mantener las ocho horas requiere una lucha permanente porque lo natural no es la emancipación sino la falta de límites y garantías.

Preservar la dignidad y la voluntad de las mujeres también va contra la corriente social de dominio. Va contra la esclavitud naturalizada bajo nuevas formas.

Reducir drásticamente la violencia, y sobre todo la violencia extrema consumada en el asesinato, es un gran desafío que merece ser transitado con inteligencia. La sabia meta del #NiUnaMenos no enfrenta a la sociedad contra monstruos ajenos al género humano. La recorta sobre su propio espejo. 

Perfil del Bloguero
Periodista y licenciado en Historia. Columnista del diario Página/12 de la Argentina, conductor de Sostiene Granovsky por CN23 y coordinador de la TV del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, www.clacso.tv. También dirige el Núcleo de Estudios del Brasil de la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo y es profesor en el Instituto del Servicio Exterior de la Nación de la Cancillería. En Twitter, @granovskymartin.
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