Mauricio Macri, el rey de los gatos

Nunca me gustaron los gatos, no les tengo confianza, se deslizan sigilosamente, miran profundamente pero no ven; deambulan por los espacios buscando acomodarse sin importarles la presencia de objetos o humanos.

Mauricio Macri, el rey de los gatos

Saltan al vacío, desafían peligros, pero siempre caen parados.

A pesar de mi desagrado hacia estos especímenes, entiendo que hay muchas personas en este mundo que los aman, no importa su tamaño, color, si son domésticos o salvajes, si son gatos callejeros o de razas mas sofisticadas como angora o persa. También tengo que reconocer que han ocupado un lugar muy importante y simbólico a través de la historia. En las Cortes de Egipto el gato era venerado e idolatrado por las clases privilegiadas. Nadie, excepto el faraón, podía poseer un gato, ya que eran considerados semidioses.  Por esta razón se impuso una protección rigurosa a estos felinos a través de leyes que imponían castigos muy graves- llegaban hasta la pena de muerte -para quienes se atrevieran a asesinarlos.

Así como tenían una vida de privilegios, también la muerte de los gatos era suntuosa. Cuanto más dinero tenia la familia que lo poseía, más majestuosos eran sus funerales.  Huella de esto era la construcción de sus lujosos sarcófagos.

Pero me gustaría acercarles otras referencias más próximas en el tiempo acerca del gato y su significado. En nuestra historia y cultura, entre los años 20 - 30, se denominaba gato a aquel que invitaba a salir a las vedettes. La mayoría de ellas formaba parte de los teatros de la calle Corrientes. Según la Academia de Lunfardo Argentino, gato era el que podía pagar lo necesario para invitar a estas mujeres.  Ya entre los años 70 y 80 el término gato se transfirió a las mujeres que se prostituían por dinero. Y en los 90 se lo relacionaba con el lenguaje de la cárcel quedando reservado al personaje más bajo del pabellón carcelario, al que hacía las tareas más básicas y servía al jefe del pabellón. 

Desde ese contexto surge la acepción  del gato como subordinado que hace "el trabajo sucio" a cambio de algún bajo beneficio. Si bien todas estas descripciones y atribuciones ya sean negativas o positivas acerca de los "gatos" son connotaciones no voluntarias ni conscientes, sabremos comprenderlos y hasta perdonarlos.  Al que no podemos perdonar es a Mauricio Macri, actual presidente argentino. Elegido desde hace 16 meses con promesas falsas de bienestar y felicidad, entre globos, sonrisas y pasos de baile, Macri ha llevado a Argentina a un endeudamiento por mas de 200 mil millones de dólares de manera tan rápida como no ha sucedido nunca en ningún otro país del mundo. 

Miles de despedidos, inflación, aumento del déficit fiscal, corrupción, falta de  respeto a los derechos humanos, representan a este gobierno neoliberal.

Mauricio Macri mira y no ve, se desplaza entre sus pares pero obedece a sus jefes: las corporaciones. Corre hacia los poderes que lo sostienen, sonríe a algunos, saca sus garras a la mayoría del pueblo.

De ventana en ventana, de alfombra en alfombra, cae parado. Jueces, periodistas, banqueros lo esperan entusiasmado para que ronronee y firme decretos de bienestar para pocos y de destrucción para muchos.

Pero nada es eterno, ni los gatos con sus supuestas 7 vidas. En octubre esperemos no escuchar mas maullidos, si  no los gritos victoriosos del pueblo argentino.


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Perfil del Bloguero
Periodista y Psicóloga argentina residente en Nueva York. Investigadora de temas migratorios y de género. Realizadora de exposiciones artísticas sobre fenómenos migratorios, identidad y cultura.
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