¿Freedom? ¿Democracy? ¿De qué habla la derecha en este continente?

El golpe en curso en Brasil confirma la efectividad de las nuevas tácticas para desplazar a gobiernos no alineados directamente con EEUU. Y junto con la disposición de fuerzas materiales, la semántica en disputa.

Diversas manifestaciones se realizarán a escala nacional e internacional en rechazo al juicio.

La historia geopolítica de América Latina y el Caribe está marcada por la relación entre las fuerzas internas de las colonias y su vinculación económica y política con el poder en las sucesivas metrópolis: el Reino de España o el de Portugal, la Corona Británica y a partir del siglo XX, los Estados Unidos de Norteamérica. La independencia inconclusa de los diferentes fragmentos de la América tiene que ver con esa articulación entre oligarquías y burguesías locales y la estrategia imperial, que apela a dividir para reinar.

Las palabras y las cosas

La vieja nueva derecha tiene como objetivo retomar el control del territorio en una región del mundo donde amplios sectores del pueblo, desde finales del siglo XX, han salido a rechazar las políticas de entrega de soberanía al capital trasnacional. Para esto, es necesaria una combinación de coerción y consenso.

En el plano del consenso, cobra valor estratégico el sentido que se otorga a las representaciones simbólicas. El entramado de las derechas locales no se reduce sólo a la conformación de representaciones políticas “nuevas”, que se alejan en cierta medida de “la política”, para revestir el discurso de autoridad tecnocrática: inevitable, objetiva. También hay una permanente apropiación de palabras referidas a grandes ideas. Democracia y libertad, por ejemplo, son las preferidas por la diplomacia norteamericana para expresar los supuestos ideales que traerían las intervenciones de EEUU en el continente y en el mundo.

No casualmente, existe una articulación muy visible entre sectores políticos de derecha, grandes medios privados de comunicación y ONG -financiadas por think tanks norteamericanos y europeos-, que se dedican a establecer la vara de lo aceptable en cuanto a democracia y a libertad, la cual generalmente coincide con los intereses del Departamento de Estado.

Democracia en un sentido liberal burgués del término: votar a alguien para que una vez puesto allí, esa persona actúe como le parezca, sujeta a las presiones de los actores económicos y políticos de peso, que votan todos los días. Libertad asociada al sueño americano de que esforzándose duro, en permanente competencia y antagonismo con el resto, se puede escalar más arriba en la pirámide. Meritocracia.

Esa construcción de hegemonía ideológica y cultural, junto a la confluencia de intereses entre grupos de empresarios, es la que sustenta el proyecto de poder que hoy está golpeando los avances de integración logrados en el siglo XXI. En la medida en que convence a sectores de la sociedad de que no hay salida por izquierda, y que hay que cambiar hacia la restauración neoliberal, mantiene en la pasividad a gran parte de la población y logra bases de apoyo social para justificar y reproducir esta visión del mundo.

Incluso los propios mecanismos de coerción se justifican en la utilización interesada de las palabras libertad y democracia. En Argentina por ejemplo, el gobierno de Macri, y buena parte de sus aliados del peronismo de derecha, coinciden en pedir la cooperación de organismos de seguridad de EEUU, en aras de la soberanía, contra el enemigo difuso que proclama la doctrina del Pentágono. Lo mismo sucede en los países de la Alianza del Pacífico.

Democracia, para los medios privados, para ciertas ONG, para casi todos los cuerpos diplomáticos, no es que millones de personas se estén organizando en comunas y pujen por construir una democracia participativa y protagónica en Venezuela. Democracia puede siignificar que a Dilma Rousseff la hayan destituido sin el voto popular. Como señaló la Cancillería argentina: “El Gobierno Argentino respeta el proceso institucional que se está desarrollando y confía en que el desenlace de la situación consolide la solidez de la democracia brasileña”.

Si un presidente hostil a EEUU es elegido por la mayoría de los votos, será un presidente con tendencias autoritarias desde el inicio. Si es elegido con el voto de una casta política corrupta, a espaldas del pueblo, todo legal. L libertad para los poderes concentrados, no para los 54 millones de brasileños y brasileñas que votaron por la presidenta.

“Freedom” (Libertad) es el término con el que EEUU y sus aliados en América Latina planifican la frutilla del postre: derrocar al gobierno bolivariano en Venezuela. Esto significaría terminar con esta etapa del proyecto integracionista, pero la legitimación pública se sostiene en la necesidad de poner fin a la tiranía de Maduro o incluso, de acuerdo a lo sugerido ya por los jefes del Pentágono, para hacer frente a la “crisis humanitaria”.

Las ONG y los medios privados se encargan de legitimar los temas, incluso apelando a acciones de calle –también en Argentina y en Brasil en estos últimos dos años lo han hecho-, parlamentarios y jueces hacen sus jugadas y en última instancia, el respaldo internacional garantiza que todo se presente como una “transición institucional” o algún eufemismo por el estilo.

Un tablero a medida

Ya han pasado varias horas de la destitución de Dilma y la OEA no ha emitido opinión, al igual que su secretario, el uruguayo Luis Almagro. Contrasta con la celeridad para acusar a otros gobiernos. También contrasta con la posición expresada por UNASUR, en palabras de Ernesto Samper, quien señaló que estaba en peligro la democracia en la región. Pero es lógico.

Retomar el control de la política exterior de Brasil, apenas pocos meses después que la de Argentina, es vital para cambiar profundamente el tablero geopolítico continental. Esto incluye reposicionar a la OEA en el centro de la escena, como primer paso para el adormecimiento y el intento de dilución de Unasur y CELAC.

A nivel institucional, las políticas neoliberales a gran escala serán profundizadas en el marco de los Tratados de Libre Comercio, como el que avanza entre Mercosur y Unión Europea. Ya se está poniendo sobre las calles la discusión sobre presupuestos en educación, salud, miles de despidos, recortes en programas sociales. Además de la privatización del agua, las tierras, los minerales, el petróleo.

Son tiempos de movilización para los pueblos de América Latina y el Caribe, y también de reflexión y construcción de marcos de unidad, en proyectos que enfrenten y superen los límites a los que se ha llegado en esta etapa. Para volver a llamar a las cosas por su nombre.


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Perfil del Bloguero
Periodista argentino. Corresponsal en Caracas de Notas – Periodismo Popular y colaborador en otros medios de comunicación. Sus textos y fotografías se han publicado en periódicos, revistas y sitios web de América Latina y Europa. Desde enero de 2013 hasta abril de 2014 fue productor y editor de noticias en ALBA TV. Actualmente, además de la corresponsalía en Notas.org.ar, integra el equipo de comunicación de ALBA movimientos y participa en el proyecto "Crónica de Comunas".
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