Fidel también gritó Alcarajo

¿Quién dijo que Fidel Castro no estuvo en la Cumbre de Mar del Plata que enterró el ALCA? Lean esta historia. Empieza cuando el dirigente social argentino Luis D’Elía atendió el teléfono y del otro lado escuchó al presidente Néstor Kirchner que le decía: “Tenés que viajar a La Habana”. Era el 17 de octubre de 2005 y hasta el 4 y 5 de noviembre faltaban pocos días para la Cumbre de las Américas donde se discutiría el proyecto estadounidense de formar un Área de Libre Comercio de las Américas.

Fidel también gritó Alcarajo

“Vamos a hacer la Contracumbre de los Pueblos”, recuerda hoy D’Elía que le dijo Kirchner. Pero como estaba clara la decisión de un grupo de presidentes de impedir la formación de un ALCA, muy pronto el nombre del proyecto cambió. Pasó a llamarse “Stop Bush”.

D’Elía no podía salir de su asombro. “Para mí es difícil armar un viaje a Cuba mañana mismo”, le dijo a Kirchner, que era presidente desde hacía poco más de dos años. Cuando Kirchner lo tranquilizó el dirigente de la Federación Tierra y Vivienda le agradeció. “Gracias por pensar en mí”, fue su frase. La respuesta de Kirchner fue una de sus instrucciones típicas: “Vos andá y hacé lo que tenés que hacer, que de organización sabés más que yo”. Y le recomendó que se apurase. Al equipo organizador se sumó Miguel Bonasso, que entonces era diputado kirchnerista y estaba en Cuba con su compañera internada.

A la llegada a La Habana un funcionario cubano llevó a D’Elía y a Bonasso a la Casa de Residencia, un sitio que alberga a visitantes internacionales. Estaba allí, esperando, Alejandro Rodríguez Galiano, embajador cubano en la Argentina y diplomático de carrera especializado en la región. De inmediato le informó que su contraparte cubana para la organización sería un señor que, además de ser experto en unicornios azules, era diputado: Silvio Rodríguez.

“Trabajamos con él todo el día, discutiendo la organización del acto, la logística, la prensa y la difusión de lo que haríamos en el estadio mundialista”, cuenta D’Elía. “Silvio había hecho un afiche que a mí me resultaba muy centroamericano y pensamos otro. Así fue que quedó lo de Stop Bush. El objetivo era cómo organizar y movilizar a más de 100 mil personas desde Buenos Aires hasta Mar del Plata. Cómo iba a ser la marcha, que al final ocupó 30 cuadras, desde la estación de Ferrocarril hasta Juan B. Justo e Independencia donde está el estadio de Mar del Plata.”

Trabajaron todo el día y a la noche, en la cena, D’Elía le dijo a Silvio que su canción “Solo el amor” le parecía “el mejor canto a la militancia que había escuchado”. Entonces se puso a cantarla. Una estrofa dice: “Sólo el amor/ alumbra lo que perdura. /Sólo el amor/ convierte en milagro el barro”. Y otra: “Debes amar / el tiempo de los intentos, / Debes amar / la hora que nunca brilla /y si no/ no pretendas tocar lo cierto”.

Cuando terminó la cena un chofer de Fidel pasó a buscar a D’Elía, a Bonasso y Ana, su compañera, para llevarlos a una reunión con el todavía presidente de Cuba.

“Trabajamos con él toda la noche, hasta las 7 de la mañana”, relata D’Elía. “Con Silvio le explicamos todo lo que habíamos pensado”.

El dirigente del FTP aún se sorprende de su propia sorpresa cuando Fidel le habló de La Matanza, su territorio en los alrededores de la capital argentina. “Sabía desde dónde estaban los hospitales hasta el recorrido de la ruta 3”. Después le mostró algo: “Un cuarto al lado de su oficina donde tiene una réplica de lo que cada familia cubana tiene o puede llegar a tener en su casa, desde zapatos y artículos del hogar hasta electrodomésticos”.

A las siete de la mañana D’Elía se fue a dormir un rato. Después de levantarse tomó un mojito frente a la Catedral, en La Habana vieja, escuchó a unos músicos que daban vueltas por la plaza y volvió a trabajar con Silvio Rodríguez. A la noche Richard, el chofer de Fidel, le golpeó la puerta. “El comandante quiere verle.” Fidel lo tuvo hasta las cinco de la mañana tomándole lección de todo lo que quiso, le preguntó cómo se moverían los micros, quiénes harían cada cosa, cómo era la estructura de seguridad pensada para el estadio. Cuando constató que todo estaba bajo control le dio un abrazo a D’Elía y le dijo: “Tal vez no volvamos a vernos nunca más, pero sabe que así como tu sabes de mí, yo hace mucho que sé de ti”.

“Luis, vos estas muy entusiasmado con Kirchner, pero vas a ver cómo son los políticos argentinos”, lo provocó Fidel.

“Fidel, yo fui uno de los líderes de la resistencia en mi país en los ’90 y algo los conozco”, fue la réplica. “Me parece que si Kirchner me manda aquí a hablar contigo, es de buena fe.”

Más allá de sus propios canales de información, Castro había aprovechado cada contacto con argentinos para evaluar tanto la situación argentina como sus dirigentes, Kirchner incluido.

Hebe de Bonafini, que también participó de la organización del acto de Mar del Plata y de la marcha, cuenta que Fidel le habló de Kirchner. Lo había conocido en Buenos Aires en la asunción, el 25 de mayo de 2003.

“A mí ese día todavía Néstor me parecía una mierda”, cuenta Hebe sin vueltas. A los pocos días viajó a Cuba, donde ya estaba invitada. Fidel la recibió en La Habana y le dijo: “Te voy a pedir que tengas paciencia porque ese tipo es un genio. Dale tiempo”.

Dos años después la presidenta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo fue una protagonista del acto de Mar del Plata que se hizo el 4 de noviembre, mientras los presidentes americanos comenzaban a discutir a puertas cerradas sobre el sí o el no a un ALCA. Kirchner ya tenía una postura tomada (el no) y así se lo había dicho a Jorge Taiana, entonces vicecanciller y encargado de la coordinación de la Cumbre de las Américas. El vicecanciller económico, Alfredo Chiaradía, venía trabajando con el número dos de Itamaraty, Samuel Pinheiro Guimaraes, en la evaporación del proyecto ALCA que había comenzado diez años antes.

 Hugo Chávez estuvo dentro de las sesiones, impulsando el No junto con Kirchner, Lula, el uruguayo Tabaré Vázquez y el paraguayo Nicanor Duarte Frutos. Y también afuera, en el estadio, cuando dio ese famoso salto y dijo: “Alca, Alca, Alcarajo”. Presentaron al presidente venezolano un político de Bolivia, el dirigente cocalero y del Movimiento al Socialismo Evo Morales, que en diciembre ganaría sus primeras elecciones, y la propia Hebe. “Fue como ver el Everest”, recuerda ella.

Al día siguiente, el 5 de noviembre de 2005, los cuatro presidentes del Mercosur más Chávez (porque Venezuela aún no integraba el bloque) consiguieron que no hubiera consenso para formar un ALCA. El sistema no era por votación, y cinco bolillas negras, negras e insistentes, lograron diluir el plan de George Bush de formar un bloque político americano, y no solo comercial, conducido desde la Casa Blanca.

D’Elía volvió de Cuba en un avión venezolano que hizo escala en Manaos.

En la Argentina siguió participando de los distintos equipos encargados de la Cumbre y del Stop Bush.

Kirchner chequeaba todos los circuitos de manera permanente. La noche anterior a la cumbre lo llamó. “Negro, ¿está todo bien?”. “Flaco, está todo fríamente calculado”, fue la respuesta. El Presidente le dejó un número de teléfono rojo y le dijo: “Si pasa algo me avisás”.

Lo que pasó en el acto es que hubo un acto tal como estaba planeado. Y lo que pasó entre los presidentes es que, al final, no hubo ALCA. Fidel no participó de las sesiones porque Cuba recién se reincorporaría a las cumbres de las Américas en 2015 en Panamá. Pero, como  queda demostrado, no dejó de estar presente en Mar del Plata. También Fidel gritó Alcarajo.

Perfil del Bloguero
Periodista y licenciado en Historia. Columnista del diario Página/12 de la Argentina, conductor de Sostiene Granovsky por CN23 y coordinador de la TV del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, www.clacso.tv. También dirige el Núcleo de Estudios del Brasil de la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo y es profesor en el Instituto del Servicio Exterior de la Nación de la Cancillería. En Twitter, @granovskymartin.
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