FARC-EP y gobierno cesan el fuego, aún sin paz

No hay razones para ocultar el regocijo por lo alcanzado en las conversaciones de paz entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia -  Ejército del  Pueblo (FARC-EP) y el gobierno pragmático de derecha que preside Juan Manual Santos: el cese bilateral de hostilidades y fin de la guerra, como paso previo a la incorporación a la vida legal y lucha política de esta organización revolucionaria alzada en armas, en medio de una clase política gobernante, caracterizada por el control hegemónico de una oligarquía que labró su fortuna a la sombra del narcotráfico y de la explotación de la clase trabajadora.

Pero el cese bilateral no es solo el silenciamiento de los fusiles.

Aún, con todo el contexto político desfavorable para las FARC-EP, la que pasaría a llamarse Partido del Pueblo (PP), Partido Socialista Unido de Colombia (PSUC) o cualquier otra denominación que mejor les identifique, menos un partido político de derecha, ni liberal, ni conservadora, ni adeca, ni adherida al Opus Dei, como tampoco sería una organización incipiente, porque el carácter político fundamental más que militar o bélico, tiene una data y madurez de más de cincuenta y un años, lo que significa que las hostilidades armadas que recién culminaron este pasado e histórico veintitrés de junio del año dos mil dieciséis (23/06/2016), inician un proceso del fin hostilidades bélicas, pero inician las hostilidades políticas de una vieja clase hegemónica, que sabe que las todavía FARC-EP no  están dispuestas a ser condenadas a Cien años de Soledad, ni sus hombres y mujeres terminarán como la otra novela, la del Coronel no tiene quien le escriba.

En todo caso y con todos los retos políticos que tienen por delante, el pueblo colombiano, la clase política gobernante de derecha y las FARC-EP, los grupos asesinos paramilitares y del narcotráfico bajo el mando de Álvaro Uribe Vélez, acaban de presenciar su liquidación, arrinconamiento y el principio de todo el conjunto de eventos que le depara la historia, como cárcel por sus crímenes selectivos y asesinatos en masa, lo que significa un renacer en la paz para la hermana República de Colombia.

Ahora bien, reconociendo que más allá de todo cálculo político individual, el Presidente Juan Manuel Santos ha cumplido hasta hoy con su palabra, sinque signifique esto que más adelante no traicionará a las FARC-EP y al Pueblo que ha rogado por la paz, tiene otro reto personal que lo llevaría a sellar definitívamente la paz en  nuestra Nueva Granada: acordar la paz definitiva con el Ejército de Liberación Nacional (ELN), otra organización revolucionaria dispuesta a incorporarse a la  vida política desarmada y en paz.

Y, agradeciendo la nobleza de las FARC-EP en reconocer lo justo, el Comandante Timochenko en esta fecha histórica recordó a nuestro gran ausente y Comandante Eterno, Hugo Chávez, quien entendió con una visión integradora, que la paz en Colombia es la paz de todos los países de la región, razón por la cual, pese a los prejuicios y las críticas malsanas o dudas razonables, tendió su mano y puso todo su esfuerzo por la paz de Colombia y con Colombia, tanto como está,  igualmente, dispuesto a tenderla siempre, Nicolás Maduro Moros y muchos líderes de este nuevo mundo multicéntrico y pluripolar. Ni Manuel Marulanda, ni Camilo Torres, araron en el mar, aunque aún falta mucho para alcanzar la paz. Con la paz, todos los muertos y las víctimas de la opresión y de las armas, empezarían a ser objeto de justicia, porque sin justicia no hay paz.


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Perfil del Bloguero
Nacido en Mérida, Venezuela.Narrador y ensayista. Activista político de base, del PSUV. Comunicador de Calle del SiBCI, No. 16004.Profesor universitario e investigador de fenómenos sociales y del habla espontánea.Profesor en Lengua Materna; Magister Scientiae en Literatura Iberoamericana; Doctor en Ciencias Sociales.
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