Cómo es el corazón de Sierra Maestra

Son hermosas en su rojo puro. Enormes cuando están abiertas. Y peligrosas: estas amapolas pudieron haber impedido la Revolución Cubana. Fidel se dio cuenta después, cuando dejó la comandancia en el monte.

Cómo es el corazón de Sierra Maestra

Hace calor en este mediodía de un viernes de diciembre. Incluso aquí, a mil metros de altura, los 40 grados desmienten que el invierno boreal esté por comenzar. Hay que trepar. Trepar mucho. En algunos tramos las raíces horizontales sirven de escalón. En otros, las rocas. Lejos se ve una cordillera con el Turquino, el pico más alto de Cuba, con casi dos mil metros, tapado de nubes. Más cerca asoma una cuesta color verde pradera. Otra cuesta, menos regada por la lluvia, color tierra seca. Un lago allá abajo. Olor a naturaleza. Acre a veces, por las hojas. Dulzón si hay flores como las de majagua, esas amarillas que asoman de a trechos detrás de un helecho gigante. La majagua azul es un árbol sagrado en la isla: es la madera de los bates de béisbol.

Por aquí mismo anduvo Ernesto Guevara. Olió las mismas flores Camilo Cienfuegos. Fidel jugó con una piedra suelta. No es casualidad que cueste trepar. El yate Granma de los guerrilleros que zarparon de Veracruz atracó en la playa Las Coloradas el 2 de diciembre de 1956. El 5 libraron su primer combate, el de Alegría de Pío, famoso porque el comandante Juan Almeida lanzó su grito de “¡Aquí no se rinde nadie!”. Un personaje Almeida. Guerrillero y músico. Algún amor tuvo en México, antes del Granma, porque escribió “La Lupe”: “Y ahora que me alejo/ para el deber cumplir./ Que mi tierra me llama/ a vencer o a morir./ No me olvides Lupita,/ acuérdate de mí”. Con la guía de los campesinos los barbudos se internaron en Sierra Maestra, la principal cadena montañosa de Cuba. Con esos campesinos venía trabajando  políticamente Frank País, el santiaguero que organizó en la zona oriental el Movimiento 26 de Julio, la red clandestina llamada de ese modo en honor al día en que los rebeldes intentaron tomar el cuartel Moncada en Santiago de Cuba, el 26 de julio de 1953. Ya con el territorio sembrado de guerrillas, en mayo de 1958 Fidel resolvió establecer su comandancia en un punto fijo y eligió una cuesta próxima al río La Plata. Su colaboradora Celia Esther de los Desamparados Sánchez Manduley fue quien tuvo la idea de no alterar la tierra con terraplenes para no llamar la atención. Sugirió colgar las cabañas de la comandancia en la montaña y rodearlas de árboles para que la aviación del dictador Fulgencio Batista no pudiera verlas desde el aire. Los B-26 buscaban a los guerrilleros en lo más alto de Sierra Maestra. La comandancia quedó en un punto medio y las fuerzas del dictador no consiguieron identificarlas mientras Fidel dirigió la rebelión desde aquí, entre el 1° de mayo y el 12 de noviembre de 1958. El 3 de mayo Fidel fue ascendido a comandante en jefe. Los rebeldes se habían convertido de una guerrilla dispersa en un ejército capaz de abrir frentes distintos. El primero fue el frente oriental “José Martí”. Mensajeros entre frente y frente eran los campesinos.    

Julio Rodríguez es un guía local. Sin Julio no se puede recorrer el área. Camina tranquilo. “La montaña tiene que llevarte a tí, no tú a la montaña.” Usa una camiseta negra con inscripciones. “Están en polaco”, sonríe. Y traduce lo que un día le tradujeron a él: “Plan del día: primero levantarse, segundo sobrevivir, tercero acostarse”. Delante de Julio hay un enorme cajón prendido de la ladera. Parece un furgón de tren. Carece de aberturas. Julio pide ayuda para levantar los costados y dejar las maderas apoyadas en palos. Y aparece una vivienda entera. “Aquí vivía Fidel, y diseñó la casa sin ventanas a la vista. Las paredes enteras hacían de ventanas. Tenía seis vías de escape distintas.” En una habitación de dos por dos, una cama. Se la regaló a Fidel el campesino Osvaldo Medina, el mismo que le garantizaba las provisiones. En otra habitación, el doble de grande, una heladera a kerosene que servía para conservar frescos los medicamentos. Más abajo hay otra casita. “Ahí el Che atendía a los enfermos, no importa si eran guerrilleros o campesinos, y también curaba a los soldados de Batista cuando caían prisioneros.”

Recita Julio: “Por los senderos de la sierra/ anda Martí con Fidel. / Anda Mella junto a él. /Andan Camilo y el Che./ Anda Almeida como es./ Andan Celia y Las Marianas. /Anda aquella caravana que nos dio la libertad/ para no olvidar jamás/ la revolución/ cubana”. Las Marianas fueron un pelotón de guerrilleras mujeres que tomó el nombre de Mariana Grajales, una mulata patriota de la independencia y madre de los Maceo. El guía cuenta que escribió la letra después de la muerte de Fidel.

Canta Julio ahora mientras lo llevan sus pies: “Procura respetar al Che Guevara./ Evítate un problema con Fidel./ Las cosas de Raúl hay que pensarlas. / Los rebeldes son difícil de coger”. La letra dice “difícil” y no “difíciles” porque una sílaba más no entraba en la melodía. La canción es del Quinteto Rebelde. El campesino Medina también era músico junto con otros cuatro guajiros. Fidel le puso nombre al conjunto y le pidió a Medina que tocara una vez por semana por Radio Rebelde. Empezó a funcionar los domingos al mediodía con una antena en la sierra. La antena está ahí, 500 metros más arriba.

La guerrilla alimentaba la propaganda con el Quinteto Rebelde y se alimentaba a sí misma con ñame, un tubérculo que crece al lado del cupé, usado como pegamento, y la yamagua, que servía para coagular. A veces el lujo era un puerco que aportaban los campesinos.

Fidel vivió, murió y fue velado en espiral. Su mausoleo es una roca granítica de Las Guásimas, un yacimiento de Sierra Maestra. Fidel repetía sitios pero no quedaba encerrado melancólicamente en ellos. Creaba momentos nuevos y avanzaba. “Caminando fui lo que fui”, le cantó Silvio en “El Necio”. Pocos meses después del triunfo, el 17 de mayo de 1959 eligió esta comandancia de La Plata para firmar la primera ley de reforma agraria. Les daba a los campesinos un mínimo vital productivo que podía de ser de 26 hectáreas para cultivar café o de hasta 400 para que pastara el ganado. El 55 por ciento de la superficie estaba ocupada por latifundios estadounidenses. Solo cuatro empresas controlaban 700 mil hectáreas: Atlántica del Golfo, Grupo Rionda, Cuban American Sugar y la United Fruit Sugar Company. Terminaron expropiadas y Washington justificó así el comienzo de una conspiración que en verdad ya había iniciado.

La reivindicación de los vilipendiados, como llamaba Fidel a los campesinos pobres, fue el símbolo de la Revolución Cubana y la base de su práctica. La pelea por una soberanía difícil de conquistar y cuidar a solo 144 kilómetros de los Estados Unidos fue y es el sello nacional de los cubanos. La reivindicación social y el sello nacional vienen de los que ganaron pese al error de las flores. La fila de amapolas rojas era visible desde el aire. La mata de flores pudo haberlos delatado y hundido antes de tiempo bajo las bombas de Batista. Pero tenía razón el Quinteto Rebelde: los rebeldes son difícil de coger.

martin.granovsky@gmail.com


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Perfil del Bloguero
Periodista y licenciado en Historia. Columnista del diario Página/12 de la Argentina, conductor de Sostiene Granovsky por CN23 y coordinador de la TV del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, www.clacso.tv. También dirige el Núcleo de Estudios del Brasil de la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo y es profesor en el Instituto del Servicio Exterior de la Nación de la Cancillería. En Twitter, @granovskymartin.
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