Chávez: nombrar y hacer la democracia del siglo XXI

“Nicolás, te encomiendo las Comunas como a mi propia vida”, dijo un serio Hugo Chávez el 20 de octubre de 2012. “Es Comuna o nada”. El comandante sabía de qué hablaba y ninguna de sus palabras operaba en el vacío. Era la consecuencia de un largo recorrido hacia la democracia participativa y protagónica.

Chávez en cierre de campaña en Octubre de 2012.

Venía de ganar las elecciones del 7 de octubre con una plataforma política que planteaba una introducción clara, plena, contundente: “Para avanzar hacia el socialismo, necesitamos de un poder popular capaz de desarticular las tramas de opresión, explotación y dominación que subsisten en la sociedad venezolana, capaz de configurar una nueva sociabilidad desde la vida cotidiana, donde la fraternidad y la solidaridad corran parejas con la emergencia permanente de nuevos modos de planificar y producir la vida material de nuestro pueblo. Esto pasa por pulverizar completamente la forma Estado burguesa que heredamos, la que aún se reproduce a través de sus viejas y nefastas prácticas, y darle continuidad a la invención de nuevas formas de gestión política”.

Nuevas formas de gestión e intervención política que atravesaron su proyecto desde el primer momento. En una sociedad dividida por la miseria y la desigualdad estructural, donde la democracia estaba expropiada al pueblo y secuestrada por el régimen bipartidista, Chávez basó su campaña electoral de 1998 en una propuesta radical: convocar a una Asamblea Constituyente y darle participación al pueblo.

Luego de su triunfo, por primera vez en la historia el pueblo fue consultado sobre la necesidad de reformular el sistema político. La moribunda Constitución liberal fue reemplazada con el voto popular en referendo, no una sino dos veces: primero para convocar a la Asamblea constituyente, luego para aprobar el nuevo ordenamiento jurídico político. Ese sería apenas el comienzo de un proceso de largo aliento, todavía en curso. El proyecto asumió el carácter de revolucionario en la medida en que la letra adquirió vida a través de políticas que promovieron la participación.

El golpe y contragolpe popular del 11 y el 13 de abril y la victoria sobre el paro petrolero de diciembre 2002 - febrero de 2003 fueron determinantes para la radicalización del proceso, que se declaró antiimperialista y socialista. La frase “sólo el pueblo salva al pueblo” se hizo realidad concreta: desde los cerros, el pobrerío bajó a ejercer su poder, tanto tiempo negado, reprimido, invisibilizado. Bajó a defender su proyecto, expresado en la Constitución y en su presidente; y en esa dialéctica profundizó su organización.

Pronto los círculos bolivarianos estuvieron acompañados de misiones, comités de tierra y de agua, consejos locales de planificación, movimientos campesinos, colectivos barriales y culturales, medios comunitarios y una diversidad de formas de organización política y social que nacían y crecían en todo el país.

Sobre este proceso, Chávez impulsó en 2006 la ley de Consejos Comunales, que significó un nuevo paso hacia la democratización. Son muchas las historias de líderes comuneros que se activaron al llamado del presidente y comenzaron a recorrer su territorio, a promover la reunión del pueblo, la construcción de su consejo comunal.

En 2010 Chávez lanzó la piedra un poco más lejos e impulsó las leyes del Poder Popular. Basándose en un desarrollo que el pueblo comenzaba construir, propuso la formación de comunas a partir de la articulación de los consejos comunales y los movimientos sociales de cada territorio. Pero también proyectó la articulación de comunas en ciudades comunales. Y de las ciudades comunales en federaciones, en el camino del Estado comunal. “No podemos construir islas socialistas en un mar de capitalismo”, insistió una y otra vez.

Los centros de poder imperiales nunca podrían perdonarle la construcción de un proyecto popular, de vocación latinoamericanista, en la mayor reserva de petróleo del planeta. En su afán de volver al poder, las fuerzas de derecha utilizaron las cadenas mediáticas como arma de legitimación. Así, su trabajo se orientó a la sistemática construcción de un Chávez tirano o autócrata. “Régimen chavista” fue el término elegido para sintetizar a un gobierno presentado como autoritario, corrupto y opresor, que conformaba un peligro para el sistema del republicanismo liberal.

Y efectivamente, los medios, en sus mentiras, tenían algunas verdades. El proyecto chavista representa un peligro para los sistemas políticos hegemónicos en el mundo, donde el pueblo no delibera ni gobierna sino por medio de sus representantes, y estos son manejados por las corporaciones, que votan todos los días.

El pensamiento y la práctica de Hugo Chávez representaron también una crítica profunda hacia el liberalismo de izquierda. En el momento de mayor apogeo de las ideas del “contrapoder” o “anti-poder”, el proyecto bolivariano demostró que había que disputar en todos los terrenos y que para eso era imprescindible el protagonismo popular, la construcción y el ejercicio del poder.

Lo viejo que no termina de morir, lo nuevo que pugna por nacer

La aplicación práctica de esta concepción de democracia radical, en las particulares condiciones de la Revolución Bolivariana -un proceso pacífico, legitimado periódicamente por la vía electoral, en medio de una cultura fuertemente rentista y con presencia importante del capital privado- implicó desde el principio el choque frontal contra el propio aparato del Estado, bajo control teórico de las fuerzas transformadoras pero con todas las limitaciones de la forma heredada.

La desaparición física del líder histórico de la Revolución tenía que suponer un momento de crisis política: un cambio de etapa. Chávez previó con lucidez y desesperación el probable juego de fuerzas en este escenario. “Chávez ya no soy yo”, clamaba el Comandante en los actos de la campaña hacia el 7 de octubre de 2012. “Chávez es un pueblo”.

En sus últimos meses como presidente, el comandante señaló el camino a seguir a través de consignas simples y a la vez repletas de contenido. “Unidad, unidad, unidad”, ante quienes quieran aprovechar los momentos difíciles. “Comuna o nada”, para clarificar el proyecto estratégico que continuaría Nicolás Maduro. “Todos somos Chávez”, para señalar la responsabilidad colectiva y convocar a seguir conformando ese sujeto múltiple.

Si alguna vez Fidel dijo que el propósito de la Revolución Cubana estaba guiado por Martí, el desafío para los pueblos de estos tiempos es recuperar el legado del comandante Hugo Chávez como práctica actual, viva, cotidiana.

La Revolución Bolivariana se encuentra, en esta etapa, bajo asedio. Se busca clausurar el proyecto histórico de liberación. La estrategia de recolonización de América Latina y el Caribe se basa en la articulación de todas las formas de acción política: económica, diplomática, militar, ideológica y cultural, en forma simultánea y coordinada en todo el continente. En esta batalla clave para la historia de nuestros pueblos, la disputa sobre el concepto de democracia adquiere un lugar central.

Las fuerzas de la restauración presionan para erosionar los elementos más disruptivos del sistema: intentan normalizar las relaciones de poder propias del capitalismo, delimitando lo que puede y no puede considerarse democracia. Pretenden imponer así las reglas que expropian el poder al pueblo. Las artillería mediática machaca sobre el sentido común, apuntando a conservar lo establecido como democracia en el acumulado del imaginario social. Nos vienen a convidar las recetas de siempre, buscando acabar con el mal ejemplo que supone encaminarse a la superación del modelo de democracia burguesa.

Pero nada ha sido en vano, y ningún retroceso parcial puede considerarse definitivo mientras haya organización y orientación para la batalla. Se vienen tiempos de profunda confrontación en todos los órdenes, en un mundo en crisis y transición hacia nuevos sistemas políticos.

“Acelerar la transición pasa necesariamente por acelerar el proceso de restitución del poder al pueblo. El vivo, efectivo y pleno ejercicio del poder popular protagónico es insustituible condición de posibilidad para el socialismo bolivariano del siglo XXI”, decía ese hombre. Un líder que entró en la historia del futuro porque convidó a inventar la democracia del siglo XXI. Chávez como proyecto histórico, como programa político y como sujeto popular sigue a la orden para el mismo combate.

Fuente: Revista Correo del Alba


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Perfil del Bloguero
Periodista argentino. Corresponsal en Caracas de Notas – Periodismo Popular y colaborador en otros medios de comunicación. Sus textos y fotografías se han publicado en periódicos, revistas y sitios web de América Latina y Europa. Desde enero de 2013 hasta abril de 2014 fue productor y editor de noticias en ALBA TV. Actualmente, además de la corresponsalía en Notas.org.ar, integra el equipo de comunicación de ALBA movimientos y participa en el proyecto "Crónica de Comunas".
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Gracias comandante Hugo Chávez por el legado libertario que nos ha dejado y que es responsabilidad de todos los pueblos latinoamericanos de continuarlos en contra de los corruptos y criminales de la ultraderecha financiada por Estados Unidos.
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