Viernes 18 de Abril de 2014

La Gran Misión Vivienda Venezuela y la farsa de la MUD

Durante todo el gobierno del Comandante Chávez, la derecha, la clase política del pasado, se dedicó a desestimar todas las políticas institucionales que beneficiaron al pueblo. En cada intento de deslegitimar al Gobierno Revolucionario y sus políticas, el resultado fue siempre el mismo: la victoria electoral por paliza de las fuerzas revolucionarias.

Por Ronald Muñoz

Durante décadas, desde la época de Gómez, pasando por Pérez Jiménez y, por supuesto, durante la IV República de AD y Copei, la izquierda fue perseguida e ilegalizada en varias ocasiones. Por mucho tiempo los partidos de izquierda como el PCV el MIR o el MEP criticaron el statu quo imperante en nuestro país, y ante las burlas de las élites políticas y económicas dominantes, planteaban que el pueblo debía ser el sujeto protagónico de una gestión de gobierno.

Con la llegada de Chávez a Miraflores, por primera vez la izquierda era gobierno y ahora tenía la oportunidad de demostrar la diferencia entre la izquierda y la derecha gober-nando.

Décadas de exclusión durante los años de gobierno de la MUD confinaron al pueblo a vivir en cordones de miseria en la periferia de las ciudades, autoconstruyendo sus viviendas en zonas de riesgo, mientras los gobiernos se dedicaban a urbanizar solamente los terrenos de aquellas zonas en las que vivían los sectores más favorecidos económicamente.

Desde el comienzo de la GMVV, las clases económicas y políticas dominantes del pasado se dedicaron a decir a través de sus empresas de comunicación que esta política del Gobierno sólo era una estafa, un vil engaño, al que llegaron a llamar “Misión Maqueta”. Era la crítica de quienes, habiendo estado décadas en el poder, jamás hicieron nada por este problema.

Durante todo el gobierno del Comandante Chávez, la derecha, la clase política del pasado, se dedicó a desestimar todas las políticas institucionales que beneficiaron al pueblo. En cada intento de deslegitimar al Gobierno Revolucionario y sus políticas, el resultado fue siempre el mismo: la victoria electoral por paliza de las fuerzas revolucionarias.

De cara a las elecciones presidenciales de 2012, la derecha realiza un supuesto proceso de elecciones primarias para elegir a su candidato. El resultado arroja como ganador al prefabricado político y empresario Henrique Capriles Radonski, miembro del partido Primero Justicia, un partido constituido en sus altas instancias por hijos y nietos de prominentes figuras políticas de los partidos del pasado, y por hijos y nietos de los sectores empresariales acostumbrados durante décadas a hacer lo que les daba la gana con el pueblo, amparados en su alianza con esa clase política, clase que siempre gobernó en función de los intereses de una minoría. De hecho algunos no solo son descendientes de ellos, sino también militantes directos como el propio Capriles, quien fue electo diputado en la IV República por el partido Copei. Capriles Radonski también forma parte de una familia propietaria de uno de los dos grandes monopolios nacionales de cine, anteriormente conocido como Circuito Radonski, hoy en plena operación con el nombre de Cinex.

Cansados de tanta derrota y bajo la dirección de su cuerpo de asesores, Capriles Radonski inicia una nueva estrategia politiquera, dando un giro de 180 grados al tradicional discurso antichavista, evitando la confrontación con Chávez y presentando ahora su candidatura presidencial de la MUD como una especie de fase superior del chavismo que busca mantener las mismas políticas, pero mejorando su eficiencia.

La derecha venezolana hace gala de un discurso populista al mejor nivel de la IV República. Su nuevo y prefabricado líder realiza fastuosas ofertas laborales que como empresario jamás ha realizado con los trabajadores de su empresa, pero además, en el tema de la vivienda realiza increíbles ofertas que como gobernador de Miranda jamás ha ejecutado mas allá de la más pura demagogia.

No obstante la demagogia y el doble discurso, la campaña de la derecha logró confundir a un segmento del electorado y en los comicios presidenciales de 2012 aumenta su votación histórica, llegando a perder esta vez por poco menos de dos millones de votos, diferencia mucho menor a las tradicionalmente obtenidas por la derecha en los procesos anteriores.

Pero el 5 de marzo de 2013, un lamentable acontecimiento habría de marcar la historia contemporánea de Venezuela: Hugo Chávez, presidente de Venezuela, desaparecía físicamente por causa de un cáncer.

Como si se tratara de la repetición de una película, la derecha y sus aliados empresarios, a través de sus medios de comunicación, y amparados por una maquinaria trasnacional de telecomunicaciones, comienzan a repetir contra Nicolás Maduro el mismo estilo de mentiras que repetían continuamente contra el Comandante Chávez.

En las elecciones presidenciales de abril de 2013 se profundiza la campaña dirigida a confundir al electorado: la derecha venezolana, la MUD, formada por la clase política del pasado, la misma que durante más de una década luchara por derrocar al Comandante Chávez, ahora se presenta ante el país como admiradora de su legado y como legítima representante de los derechos del pueblo, ese mismo pueblo al que durante décadas excluyó y reprimió.

Contrariamente a las extravagantes ofertas de la derecha, sus aliados del sector empresarial de la construcción mantienen su ataque continuo contra los logros en materia de vivienda obtenidos por el Gobierno, ellos sí no se caen a mentiras para expresar públicamente el desprecio que sienten por la GMVV, una política que, evidentemente, les tumba gran parte de su negocio.

Creer a estas alturas que de llegar a la presidencia Capriles o cualquier otro dirigente de la derecha continuarían la tarea de entregar viviendas dignas sin costo, o con precios de interés social, es verdaderamente un acto de ingenuidad infinita. Si Capriles quería ayudar tanto al pueblo, ¿por qué no lo hizo nunca como empresario? ¿Por qué nunca ha dado a los trabajadores de sus empresas los aumentos salariales que exige que el Gobierno le dé a todos los trabajadores del país? Es absurdo creer que Capriles iría en contra de los intereses de sus amigos empresarios de la construcción, aliados de clase.

En las manos de un hipotético gobierno de la MUD, la GMVV pasaría de ser una política social a convertirse en el negocio del siglo para el empresariado de la construcción.

Empezarán diciendo que luego de un estudio de la GMVV, ellos han llegado a la conclusión de que no tiene nada de malo que se paguen pequeñas cuotas de interés social, cuotas que con el tiempo crecerán hasta que la GMVV sea convertida en el negocio más grande del sector empresarial de la construcción: el Estado actuando como intermediario entre el pueblo y la Cámara de la Construcción para la venta masiva y programada de viviendas… Y en esa venta masiva, el que no tenga dinero para pagar, se queda por fuera, así gobierna la derecha. Algo muy lejos de las bajísimas cuotas de interés social que actualmente cancelan los beneficiarios de la Misión, que mediante un estudio socioeconómico entran en el renglón de las familias con capacidad de pago de vivienda a costos verdaderamente irrisorios.

La difícil situación económica ha hecho que muchos olviden la manera como gobierna la MUD, y parece que creyeran que las libertades políticas y beneficios sociales que hoy existen siempre estuvieron ahí. Tal parece que hay quienes tienen que vivir nuevamente la represión y la exclusión de la derecha gobernando para poder recordar… Ojalá que entonces no sea demasiado tarde.

Fuente: http://www.ciudadccs.info/?p=494897

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