Jueves 23 de Mayo de 2013
Latinoamérica
Lunes 10 de Septiembre de 2012, 01:36 pm

Desde Mi Computador

Por Renier González Pérez

El torneo de voleibol de los Juegos Olímpicos Londres 2012 fue el más parejo y espectacular de los realizados en la justa estival.

La paridad entre todos los equipos fue tan grande que Polonia, titular este año de la Liga Mundial, no pudo avanzar a semi finales y quedó fuera de la discusión de las medallas.

Hoy quiero referirme a la selección de Argentina ocupante de los lugares del 5 al 8 y que regresaba a la magna cita del deporte, tras su ausencia en Beijing 2008, eliminada por Venezuela.

El equipo dirigido por el competente Javier Webber, un ex estelar pasador y campeón como Director Técnico en Brasil y Grecia, confirmó los avances mostrado en los últimos años.

Nutriéndose fundamentalmente de jóvenes medallistas en mundiales de categorías inferiores, con un trabajo serio de Fabián Armoa (Seleccionador Menor), los de la albiceleste son un equipo con enorme futuro.

En Londres consiguieron un esperanzador éxito frente a Bulgaria, pero en cuartos de final fueron barridos por su némesis, Brasil, nación a la que habían superado en los Juegos Olímpicos de Seúl 1988, Atlanta 1996 y Sydney 2000.

Cuenta Webber con dos muy buenos pasadores, Luciano de Cecco y Nicolás Uriarte y dos centrales jóvenes y efectivos en el bloqueo y ataque por el centro de la net (Zona 3) como Sebastián Solé y Pablo Crer.

Sin embargo su mayor fuerza radica en los atacadores receptores con la estrella del equipo Facundo Conte, hijo del mítico Hugo Conte, y el capitán Rodrigo Quiroga, quien a pesar de sobrepasar apenas el metro 90 de estatura se las ingenia para burlar bloqueos bien altos.

Su líbero Alexis González es fiable y el equipo goza de un gran colectivismo.

Su principal problema radica en la posición más importante en el ataque, la de opuesto.

Federico Pereyra no tiene la calidad de un estelar de la posición y el joven Iván Castellani, hijo de otro histórico Daniel, necesita jugar con regularidad a un alto nivel para desarrollar sus potencialidades.

Si Castellani logra acercarse un poco al nivel que tenía un grande. como Marcos Milinkovic, Argentina puede avanzar aún más largo en el concierto voleibolístico mundial.

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