
Bebés de madres fumadoras son más pequeños. (Foto: Archivo)
Un estudio de la Universidad de Zaragoza demuestra que los recién nacidos de las mujeres que fumaron durante la gestación son más pequeños, tanto de peso como de longitud.
La investigación, desarrollada durante cuatro años sobre un total de mil 216 madres y sus bebés atendidos en el Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa de Zaragoza, en España, revela que las madres que fuman durante el embarazo tienen bebés de 180 a 230 gramos más delgados que las madres que no fuman, lo que supone una media de 216 gramos.
Además, el trabajo ha analizado por primera vez la cantidad de grasa subcutánea (debajo de la piel), que también se ve reducida en estos bebés, así como su distribución corporal, que se ve disminuida, aunque de forma proporcionada.
En líneas generales, la investigación revela que los hijos de madres no fumadoras pesan y miden más, y que todos los perímetros corporales son significativamente mayores en comparación con los de los hijos nacidos de madres fumadoras, aunque no así el índice ponderal (la relación entre la estatura y la raíz cúbica del peso), según indica el profesor titular de Pediatría de la Universidad de Zaragoza y uno de los coordinadores de este estudio, Gerardo Rodríguez Martínez,.
Para el profesor Gerardo Rodríguez, el tabaquismo pasivo en el feto puede limitar el potencial de crecimiento en la vida adulta e incluso provocar un efecto rebote hacia el sobrepeso, originando además una mayor tendencia a padecer el síndrome metabólico y, por tanto, a un mayor deterioro de la salud en general.
Además, los pliegues subcutáneos (que muestran la cantidad de grasa) son inferiores en hijos de madres fumadoras, aunque en menor proporción que en el tamaño corporal. Por el contrario, no se ha encontrado ninguna correlación entre las medidas antropométricas y el número de cigarrillos fumados al día por la madre durante la gestación.
El estudio demuestra que el consumo de tabaco durante el embarazo implica una reducción generalizada de la mayoría de los parámetros como resultado de un deterioro del crecimiento fetal. Los recién nacidos de las mujeres que fumaron durante la gestación son más pequeños y tienen menos compartimento graso subcutáneo, según recoge la agencia de noticias SINC en la publicación del estudio Early Human Development.
Tabaquismo pasivo
Desde la UZ han explicado que los primeros indicios de las consecuencias del “tabaquismo pasivo” para la salud aparecieron a principios de los años setenta, cuando se empezaron a publicar trabajos en los que se constataba el riesgo de inhalar “humo ambiental de tabaco” en no fumadores con enfermedad respiratoria o cardiaca y también en niños cuyos padres eran fumadores.
En 1981, la revista British Medical Journal publicó un trabajo del epidemiólogo Hirayama que establecía por primera vez el incremento del riesgo de padecer un cáncer de pulmón para el fumador pasivo. Hirayama había estudiado durante catorce años una muestra de mujeres no fumadoras que convivían con fumadores. Durante los siguientes años, se sucedieron las publicaciones para relacionarlo con otras patologías.
El humo ambiental de tabaco es una mezcla de la corriente exhalada por el fumador (corriente principal) y el humo del cigarrillo en su combustión espontánea (corriente secundaria). La corriente principal procede de una combustión con mayor contenido en oxígeno que es filtrada en su recorrido a lo largo del propio cigarrillo.
Actualmente, hay unanimidad en que el “tabaquismo involuntario” tiene efectos adversos sobre la salud. La comunidad científica, como han remarcado desde la UZ, no tiene dudas de que en adultos produce un incremento del riesgo de presentar cáncer de pulmón, enfermedad cardiovascular y enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC).